Actualizo este artículo sobre las oportunidades para salvar el sistema de salud, pues a partir del 1 de julio tendremos un nuevo gobierno y debe ser _ahora sí_ la hora de salvar nuestro sistema de salud. Luego de enfrentar con éxito la epidemia de COVID-19, estamos en el momento propicio de aprovechar las fortalezas de nuestro sistema público, y las oportunidades externas que se nos presentan para acabar de una vez por todas con el clientelismo político que facilita la corrupción impune de los últimos tiempos, así como la debilidad demostrada para la Gerencia de la CSS y la insuficiente Rectoría del sistema de salud.
como he señalado en otras ocasiones, considero que existen suficientes argumentos legales, políticos, estratégicos y técnicos para sustentar la conveniencia de la conformación de un sistema único público de salud. También tengo claro que la integración, por sí sola, no es la solución total, pues, la situación de las redes de servicios de salud del Minsa y de la CSS debe mejorar, superando las debilidades existentes en la gestión administrativa y clínica. Pero, eso sí, la “integración efectiva” es, en mi opinión, el mejor camino para superar la segmentación y fragmentación que afecta a nuestros servicios de salud.
Vayamos pues sin más preámbulos a las oportunidades para salvar el sistema de salud y reflexionemos, pero en serio, si seremos capaces de aprovecharlas.


Los problemas en la calidad de la prestación de servicios de salud afectan a las personas, sus familias y las comunidades, y constituyen barreras de acceso a servicios integrales de salud, en especial para las poblaciones en situación de vulnerabilidad. De acuerdo con la OPS, entre el 2013 y el 2014 se podían haber evitado más de 1.2 millones de muertes en la Región de las Américas si los sistemas de salud hubieran ofrecido servicios accesibles, de calidad y oportunos.
Las asociaciones público privadas pueden ser una opción para complementar las intervenciones de los sistemas públicos de salud para asegurar el acceso universal a servicios de salud con oportunidad, eficiencia, calidad y equidad, en un contexto caracterizado por el envejecimiento de la población y el incremento de las enfermedades crónicas no transmisibles, junto con la presencia de enfermedades agudas, reemergentes, y las asociadas con los diferentes riesgos sociales; el cual hace mucho más complejo el cumplimiento con este desafío. Para responder a estos requerimientos, Panamá se encuentra en pleno debate por la transformación del sistema público que necesitamos, y abundan las propuestas para organizar este sistema de salud. Entre estas no se debería descartar la opción de explorar la conveniencia de llevar a cabo asociaciones público privadas en salud, pues el sector privado, adecuadamente regulado por la autoridad sanitaria nacional, puede ser desde un prestador de servicios ocasional hasta una organización integrada completamente a la red asistencial.