Los hospitales seguros deben permanecer accesibles y operativos después de un desastre. No basta con que sus edificios resistan un terremoto o una inundación: deben poder proteger la vida de pacientes y trabajadores, mantener sus servicios esenciales y responder a una demanda de atención que puede aumentar considerablemente en cuestión de minutos.
El terremoto del pasado 9 de octubre volvió a recordarnos la importancia de esta responsabilidad. Según informó el Ministerio de Salud (MINSA), las evaluaciones realizadas a las 842 instalaciones de salud del país identificaron 67 estructuras afectadas. De estas, 66 presentaron daños leves que no comprometían su integridad, mientras que el Hospital Rural de Tonosí, en la provincia de Los Santos, resultó seriamente comprometido y fue inhabilitado para su uso. Estos datos, comunicados por el MINSA, subrayan la necesidad de evaluar sistemáticamente la seguridad de nuestra infraestructura sanitaria y prepararnos para futuros eventos.