El anuncio del presidente de acelerar la construcción de 2,700 viviendas para las familias damnificadas por el terremoto representa una oportunidad para demostrar que la respuesta a una emergencia puede ir más allá de reponer lo perdido y contribuir a construir comunidades más seguras y resilientes.
La diferencia no es semántica. Construir rápidamente un determinado número de casas puede resolver una necesidad inmediata, pero reconstruir comunidades exige planificación, seguridad estructural, servicios básicos, recuperación económica y participación ciudadana.
En ese sentido, comparto mi columna de opinión en La Estrella de Panamá y manifiesto de entrada que, el desafío consiste en atender la emergencia sin reproducir las vulnerabilidades que contribuyeron a sus consecuencias.