Comparto reflexiones sobre el nuevo informe de UNICEF, el cual nos recuerda que no basta con estar en la escuela. El éxito de un sistema educativo no se mide únicamente por cuántos estudiantes están sentados en un salón de clases, sino por cuántos avanzan al ritmo esperado, aprenden con profundidad y desarrollan plenamente sus capacidades.
Y es que durante muchos años, el gran objetivo de las políticas educativas consistió en lograr que todos los niños asistieran a la escuela. Era una meta legítima. En muchos países, incluido Panamá, ampliar la cobertura educativa representó un enorme avance social y una condición indispensable para garantizar el derecho a la educación.
Sin embargo, el mundo ha cambiado. Hoy sabemos que matricular a un niño no garantiza que aprenda, ni mucho menos que desarrolle las competencias necesarias para desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja. El verdadero desafío ya no consiste únicamente en abrir las puertas de las escuelas, sino en asegurar que quienes entran progresen, aprendan y culminen su trayectoria educativa con los conocimientos y habilidades que demanda el siglo XXI.