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Epidemia de COVID-19 en Panamá: Mantenemos el aumento de casos, pero las defunciones comienzan a disminuir, y 64.3% de los pacientes se han recuperado ¡hay que mantener el esfuerzo en todos los niveles!

Epidemia de COVID-19 en Panamá agosto de 2020

Situación de la epidemia de COVID-19 en Panamá

La epidemia de COVID-19 continúan fuera de control en Panamá. Durante esta primera semana de agosto hemos reportado 7,304 casos y 170 defunciones, lo que arroja un promedio diario de 1,043 casos y 24 defunciones. No obstante, las defunciones muestran una ligera tendencia al descenso y la tasa de recuperados un aumento sostenido. Veamos con más detalla la información de hoy.

El día de hoy el MINSA reportó 1,142 casos nuevos, alcanzado un total de 72,560 casos acumulados, que representa el 1.70% de la población nacional. También reportó 17 nuevas defunciones. La cifra de fallecidos por este virus en el país es de 1,591 lo que representa una tasa de letalidad que descendió ligeramente a 2.19%.

A la fecha se han realizado un total de 244,280 pruebas para detectar la COVID-19. Hoy se realizaron 3,285 pruebas, con un porcentaje de positividad del 34%, que esta lejano de la meta del 10% y significa que tenemos muchos ciudadanos positivos. Personas, que probablemente son asintomáticas, no las hemos detectado, no guardan las medidas de protección personal, y, sin saberlo, esparcen el virus en las calles, en sus trabajos y en sus casas. Por otro lado, no conseguimos mantener las 4,000 pruebas diarias. Es el punto de partida de la trazabilidad y estamos fallando. ¿Qué está pasando?

La buena noticia es que 64.3% de los pacientes (46,675) se han recuperado del COVID-19. De los pacientes activos 22,069 permanecen en aislamiento domiciliario en sus casas y 586 se encuentran en hoteles hospitales. Actualmente hay un total 1,483 pacientes hospitalizados en sala y 156 se encuentran en unidades de cuidados intensivos. Los pacientes severos y críticos se distribuyen el 56% en las Instalaciones de Salud de la Caja del Seguro Social (CSS), el 39% en las del Ministerio de Salud y el 5% en los hospitales privados de Panamá. Más detalles en la cuenta del MINSA.

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¿Es hora de salir a la calle?

Salir a la calleLuego de casi cinco meses de confinamiento, ya va siendo hora de que los panameños, especialmente los que vivimos en las ciudades, hagamos un alto y consideremos seriamente si seremos capaces de levantar la cuarentena y salir a la calle. Cuidándonos cada uno y a nuestros familiares y vecinos, para reactivar totalmente los trabajos, los formales y los informales, recuperar nuestros espacios públicos con distanciamiento físico y, lo más importante, reconquistar la confianza perdida en la vida urbana.

En ese sentido, la mayoría de los expertos de la salud pública y de las ciencias sociales coinciden en la necesidad de recuperar el espacio público; pero de manera sostenible, resiliente e inclusiva; con distanciamiento físico y practicando las medidas de higiene personal y colectivas harto conocidas. Para nosotros será fundamental avanzar con mucha precaución, pues la gran mayoría de los casos de COVID-19 que reportamos provienen de corregimientos urbanos o semiurbanos ubicados en las principales ciudades del país, donde las condiciones de muchas viviendas propician el contagio entre los miembros de la familia que habitan dentro de un mismo espacio reducido. Para ampliar sobre este asunto, comparto con ustedes los argumentos plantados hoy en mi columna de opinión en La Estrella de Panamá (más…)

Agotamiento del equipo de salud tiempos de COVID-19

Agotamiento de los médicos en tiempos de COVID-19

El agotamiento del equipo de salud, los médicos y, todo el personal que interviene en la prestación de los servicios de salud, pone en riesgo la atención al paciente y tiene un efecto perjudicial en la retención de la fuerza de trabajo médica de salud. Así lo subrayó el año pasado, cuando nadie sospechaba que tendríamos que enfrentar una pandemia de COVID-19, la publicación de The Lancet, titulada en inglés “Physician burnout: the need to rehumanise health systems”. De acuerdo con la publicación “la formación médica y la práctica clínica se asocian continuamente con el estrés, a menudo bienvenido y considerado un factor motivador positivo. Sin embargo, la tríada recientemente reconocida de agotamiento emocional, despersonalización y reducción de la eficacia profesional, definida como agotamiento, cuestiona el papel del estrés en la práctica clínica”.

Los autores ponen de relieve que este “agotamiento o burnout”, lejos de ser un factor motivador positivo, “tiene la propensión a poner en riesgo la atención al paciente y tiene un efecto perjudicial en la retención de la fuerza de trabajo médica. Un sistema de atención de la salud bajo presión contribuye indudablemente al agotamiento de los médicos y de todo el personal del sistema: recursos laborales insuficientes, largas horas de trabajo, tecnologías obsoletas y no aptas para el propósito, y la abundancia de requisitos de documentación, alejan el enfoque del equipo en la atención al paciente. Este agotamiento genera equipos multidisciplinarios ineficaces y una cultura organizacional indiferente al sufrimiento”.

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