En Panamá, la epidemia que no ocupa titulares avanza sin ruido, pero con consecuencias profundas en la vida de miles de personas y familias. Las enfermedades no transmisibles no solo enferman cuerpos; también revelan las debilidades de un sistema que no logra anticiparse ni acompañar adecuadamente a quienes más lo necesitan.
En ese contexto, la formación médica sigue sin alinearse plenamente con esta realidad, dejando una brecha crítica entre lo que el país enfrenta y cómo prepara a quienes deben cuidarlo.