
El tema de la minería está en el currículo escolar. Ha salido de los tribunales, de las calles y de las consignas para entrar ahora en un espacio aún más sensible: las aulas de clase.
La decisión de incorporar contenidos vinculados a la actividad minera dentro del currículo de química para duodécimo grado ha reactivado un debate que va mucho más allá del sistema educativo. Para algunos, se trata de una actualización científica necesaria; para otros, de un intento de normalizar una actividad que aún divide profundamente al país. Pero quizás la pregunta más importante no es si la minería debe enseñarse, sino cómo se enseña y con qué equilibrio.
Personalmente considero que, incluir el tema de la minería en el currículo escolar puede ser una oportunidad valiosa para fortalecer la educación cívica, científica y ambiental en Panamá, siempre que se aborde desde un enfoque equilibrado, crítico y pedagógicamente adecuado. No se trata de “promover” la minería, sino de formar ciudadanos capaces de comprender sus implicaciones y participar con criterio propio en debates públicos complejos. Comparto algunos argumentos y recomendaciones que podrían orientar esa conversación.



Comparto la posición del Colegio Médico de Panamá sobre la Integración sistema público de salud, expresada por la Junta Directiva del Colegio Médico en nota enviada el 12 de enero al Ministro de Salud.
Este miércoles de ceniza, la mayoría de los católicos que asistan a la iglesia, recibirán con evidente fervor y compromiso de conversión, la imposición de la ceniza que, de acuerdo con la tradición simboliza la caducidad de la condición humana; es un signo penitencial y, lo más importante para mí; como signo de conversión hacia una mejor sociedad, que, subrayo, debe ser la nota dominante durante toda la Cuaresma y por siempre en nuestras vidas.