La alimentación escolar adecuada suele verse como un programa complementario o una política asistencial destinada a aliviar necesidades inmediatas de familias vulnerables. Sin embargo, la evidencia internacional demuestra que es mucho más que eso: es una política estratégica de desarrollo humano y una de las inversiones más rentables que puede hacer un país.
Sin embargo, es una deuda pendiente de Panamá con su niñez. Si realmente queremos una reforma educativa seria, debemos asumir que el comedor escolar también es un aula.
En ese sentido, comparto a continuación los argumentos ofrecidos en mi artículo de opinión en el periódico digital Destino Panamá.