La inversión extranjera directa en Panamá ya no se decidirá únicamente por la ubicación geográfica o los incentivos fiscales. En un mundo marcado por la innovación y la transformación digital, los países más competitivos son aquellos capaces de formar talento, fortalecer sus instituciones y aumentar su productividad. Panamá reúne muchas de esas condiciones, pero necesita adaptar su estrategia de desarrollo a esta nueva realidad.
Durante décadas, Panamá ha competido por atraer inversión extranjera directa. Y no sin razón. Nuestra posición geográfica, el Canal, la conectividad logística, la dolarización y una economía abierta nos han permitido construir una plataforma privilegiada para el comercio y los servicios internacionales.
Pero el mundo cambió. Hoy los países ya no compiten principalmente por capital; compiten por talento. Donde existe talento florecen la innovación, la productividad y, finalmente, la inversión. Donde no lo hay, ni los mayores incentivos fiscales logran compensar esa ausencia.
Estas reflexiones parten de la columna de opinión que publiqué recientemente en La Estrella de Panamá, pero las amplío aquí a la luz del reciente informe de la CEPAL sobre la inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe.