
Cada carnaval repetimos la misma promesa colectiva: disfrutar sin consecuencias. Sin embargo, las estadísticas nos devuelven a la realidad con una crudeza incómoda. Cuidar la vida en carnavales sigue siendo una tarea pendiente en Panamá, donde el exceso de alcohol y la velocidad al conducir convierten días de alegría en historias que nadie quiere contar después. No se trata de frenar la fiesta, sino de preguntarnos si estamos celebrando con libertad… o con irresponsabilidad.
El carnaval forma parte de nuestra identidad cultural y nadie quiere apagar la alegría colectiva. Pero celebrar no debería significar asumir riesgos innecesarios ni convertir la diversión en tragedia. La verdadera pregunta no es si vamos a festejar, sino cómo vamos a hacerlo.




