En las últimas semanas he sostenido que el principal propósito de la transformación del sistema de salud a través de la integración debe ser avanzar hacia una mayor equidad sanitaria. También he señalado que el éxito de esa integración dependerá, en gran medida, de la calidad de la gobernanza y de la capacidad institucional para ejecutarla.
Sin embargo, existe una condición previa que rara vez ocupa el lugar que merece en el debate público: la profesionalización de la gestión pública.
Podemos diseñar los mejores modelos organizacionales, aprobar nuevas leyes, crear comisiones, redefinir competencias o modernizar procesos. Pero ninguna reforma será sostenible si quienes deben conducirla carecen de las competencias, la experiencia y la estabilidad necesarias para hacerlo.
Comparto a continuación mi más reciente columna de opinión publicada en La Estrella de Panamá. En ella subrayo que, la transformación del sistema de salud es, ante todo, un desafío de liderazgo, gestión e institucionalidad.