Panamá suele exhibir con orgullo uno de los ingresos per cápita más altos de América Latina, sin embargo tenemos una deuda educativa que limita el desarrollo. Miles de estudiantes continúan asistiendo a escuelas deterioradas, recibiendo clases en instalaciones provisionales o esperando que culminen reparaciones que llevan años pendientes.
Comparto a continuación mi más reciente columna de opinión publicada en Destino Panamá. En ella planteo una contradicción que debería preocuparnos como país: mientras aspiramos a competir en una economía basada en el conocimiento, miles de estudiantes continúan aprendiendo en condiciones que no garantizan una educación de calidad.