América Latina vive una paradoja: desarrollo sin resultados. No es un problema de velocidad. Es un problema de modelo.
El debate ha comenzado a moverse hacia algo más profundo: la necesidad de pensar el desarrollo más allá del crecimiento, no como una consigna ideológica, sino como una respuesta a un modelo que ya no está produciendo bienestar ni sostenibilidad al ritmo que exige la realidad.
No es una percepción; es el diagnóstico de la CEPAL, que advierte sobre la necesidad de “acelerar el paso” en un contexto global marcado por la incertidumbre y la fragmentación.
Pero aquí surge una pregunta más profunda —y más incómoda— que rara vez se plantea en el debate público.