La crisis del sistema de salud panameño no se limita al financiamiento, la infraestructura hospitalaria o las listas de espera. Detrás de esas dificultades existe un problema más profundo y menos visible: la crisis de gobernanza del sistema de salud.
De hecho, en varios aspectos fundamentales, el país opera sin una gobernanza efectiva del sistema de salud.
Las instituciones funcionan de manera fragmentada, la coordinación es limitada, las decisiones suelen tomarse de forma aislada y la rectoría enfrenta serias restricciones para conducir el sistema como un todo coherente. El resultado es un modelo donde múltiples actores participan, pero nadie logra articular plenamente el conjunto.
Y donde no existe conducción integrada, tampoco existen resultados integrados.