La semana pasada desarrollé, desde distintos ángulos, una misma realidad: Panamá no tiene un problema de falta de médicos. Tiene un problema de formación, planificación y decisión.
En ese sentido, comparto en esta publicación una mirada a los principales mensajes de los seis artículos de la semana pasada. Seis miradas, pero un diagnóstico común: estamos formando profesionales de la salud bajo un modelo que no responde ni a las necesidades epidemiológicas del país ni a las demandas reales de su población. Espero que esta pieza ayude a consolidar la narrativa, posicionar la agenda y —sobre todo— evitar que este tema tan crítico se diluya en el ciclo noticioso.
Y si no corregimos el rumbo, el costo no será académico ni institucional. Será humano.