
El agotamiento del equipo de salud, los médicos y, todo el personal que interviene en la prestación de los servicios de salud, pone en riesgo la atención al paciente y tiene un efecto perjudicial en la retención de la fuerza de trabajo médica de salud. Así lo subrayó el año pasado, cuando nadie sospechaba que tendríamos que enfrentar una pandemia de COVID-19, la publicación de The Lancet, titulada en inglés “Physician burnout: the need to rehumanise health systems”. De acuerdo con la publicación “la formación médica y la práctica clínica se asocian continuamente con el estrés, a menudo bienvenido y considerado un factor motivador positivo. Sin embargo, la tríada recientemente reconocida de agotamiento emocional, despersonalización y reducción de la eficacia profesional, definida como agotamiento, cuestiona el papel del estrés en la práctica clínica”.
Los autores ponen de relieve que este “agotamiento o burnout”, lejos de ser un factor motivador positivo, “tiene la propensión a poner en riesgo la atención al paciente y tiene un efecto perjudicial en la retención de la fuerza de trabajo médica. Un sistema de atención de la salud bajo presión contribuye indudablemente al agotamiento de los médicos y de todo el personal del sistema: recursos laborales insuficientes, largas horas de trabajo, tecnologías obsoletas y no aptas para el propósito, y la abundancia de requisitos de documentación, alejan el enfoque del equipo en la atención al paciente. Este agotamiento genera equipos multidisciplinarios ineficaces y una cultura organizacional indiferente al sufrimiento”.

La iniciativa #TODOPANAMA es una innovadora a alianza estratégica que se está llevando en los corregimientos de Juan Díaz, Tocumen, Mañanitas y 24 de diciembre. La alianza consolida la sinergia entre la empresa privada solidaria, clubes cívicos, comunidad organizada, Ministerio de Salud y un grupo de investigadores nacionales; se han puesto en marcha una serie de actividades con el potencial de cambiar el curso de la epidemia de COVID-19 en nuestro país.
La semana pasada, la Sociedad Panameña de Salud Pública, SPSP, de la cual formo parte, publicó un comunicado en el cual hace un “llamado urgente a la población panameña, sus organizaciones populares y autoridades, para detener, la ola expansiva del coronavirus que embarga todo el país, evitando así el colapso de todos los servicios de salud, púbicos y privados, una cantidad inmanejable de casos graves y muertes, así como un estado de carencias extremas de artículos de primera necesidad”.
Recientemente los medios internacionales y nacionales nos han traído la buena noticia de que, gracias al esfuerzo colectivo de países, organizaciones y empresas; se han logrado avances en la producción de la vacuna contra el COVID-19. Hay resultados alentadores en diferentes ensayos, y estamos cada vez más cerca de una vacuna para prevenir la enfermedad. De hecho, la vacuna que está desarrollando la Universidad de Oxford, en Reino Unido, generó grandes expectativas al inicio de esta semana, tras mostrar que es segura y capaz de provocar una respuesta inmune en la fase de pruebas. Estos resultados, respaldan la evaluación a gran escala de esta vacuna candidata en un programa en fase III en curso. Es una bocanada de esperanzas y optimismo en medio de la angustia que nos genera este feroz enemigo que ha cobrado más de medio millón de vidas en el planeta.
Muchos panameños se preguntan si la estrategia nacional de lucha contra el COVID-19 es suficiente para contener la epidemia que ha causado en 130 días más de 53,000 enfermos y le ha quitado la vida a 1,096 Personas en el país, ubicándonos entre los primeros lugares de los países que más casos y defunciones acumulan en el continente.