El control de la epidemia de COVID-19 en nuestro país no ha tenido una semana fácil. Mientras en las semanas previas manteníamos un promedio de 160 casos nuevos reportados por día, demostrando que íbamos por buen camino en el control de la epidemia, y podíamos comenzar a levantar la cuarentena; en estos últimos siete días, el virus contraataca, y ese promedio se elevó a 250 casos nuevos reportados cada día. No hay duda que esto es muy preocupante, pero no es razón para ponernos a gritar a los cuatro vientos que hay volver al confinamiento, manifestando, en ocasiones con histeria, cualquier tipo de argumentos, la mayoría alejados de la verdad, y no pocos con la intención de crear más angustia y desesperación en la sociedad.
No podemos olvidar que el virus, está ahí afuera, y ahí se quedará, esperando por los incautos que salgan a celebrar irresponsablemente, sin tomar las medidas que se han repetido hasta la saciedad. También parece que los casos nuevos nos hicieron olvidar que la apertura de la cuarentena es inaplazable, y que mantenerla ya está provocando una grave crisis social, desempleo, incremento de la pobreza y el hambre, que tomaran años en recuperarse y causarán más sufrimiento que la propia pandemia.
En ese contexto, nos invito a preguntarnos ¿de qué estamos hechos?, y si seremos capaces de juntarnos sin agendas de ninguna índole en esta lucha común contra el COVID-19, que debe ser de todos, pues aquí, o nos salvamos todos, o no se salva ninguno.
La necesidad de los Comités de salud, fue reconocida hace cincuenta años, cuando siendo ministro de salud el Dr. José Renán Esquivel, el gobierno, basado en nuestra Constitución Política, promulgó el
Complemento mis reportes diarios vespertinos con las noticias relevantes del mes de mayo, sobre la pandemia de COVID-19. Me limitaré, como en el mes anterior, a compartir aquellas que me lleguen provenientes de fuentes de reconocido prestigio internacional, que ofrezcan información actualizada y objetivamente verificable. Por lo tanto, no encontrarán en esta entrega ninguna clase de “meme”, ni las mentiras que abundan en nuestra redes sociales sobre el COVID-19. Mantendré los títulos en el idioma original de los artículos, seguido de un brevísimo resumen, también el idioma original.
Hace unos meses señalé la necesidad de poner en perspectiva lo que en aquel entonces llamábamos “el brote de nuevo coronavirus”, solicitando que lo analizáramos en el contexto de la morbilidad y mortalidad nacional. Hoy luego de cinco meses, el virus resultó mucho más letal de lo que muchos preveíamos, causando millones de enfermos y cientos de miles de fallecidos en el mundo, amén del gigantesco daño a la economía y a la salud de la población mundial, que no le ha quedado más remedio que encerrarse en sus casas para defenderse del mortal enemigo. No obstante, sigo pensando igual y reitero mi llamado de poner en perspectiva la pandemia y actuar en consecuencia, cambiando nuestros estilos de vida y promoviendo la salud individual y colectiva.
Los panameños necesitamos vencer la incertidumbre sobre el futuro de la salud y la vida, pues el virus llegó para quedarse y no sabemos
El fortalecimiento de la capacidad de detección de casos y rastreo de contactos para identificar a tiempo un resurgimiento de personas positivas en cualquier parte del país es la necesidad más apremiante ahora que comenzamos a levantar de forma gradual las estrictas medidas de cuarentena obligatoria. Recordemos que tenemos transmisión comunitaria de la enfermedad, lo que implica que el virus no se ha ido, estará ahí esperándonos cuando salgamos de nuestras casas, por lo que la posibilidad de que las personas se infecten es real. Entonces, si somos capaces de identificar los casos nuevos y localizar a sus contactos en menos de 48 horas, preferiblemente en 24 horas, podremos mantener la epidemia bajo control.