La necesidad de adquirir vacunas y medicamentos contra el COVID-19 surge con mucha fuerza luego de casi nueve meses de estar enfrentando la epidemia de COVID-19 en el territorio nacional, desarrollando intervenciones no farmacológicas destinadas, primero a mitigar la propagación del virus, y actualmente a revertir el crecimiento epidémico. En esta nueva etapa de la lucha contra el virus, los panameños hemos reforzado las intervenciones de salud pública y estamos reservando los recursos financieros suficientes para la adquisición oportuna de esos fármacos, lo cual es necesario y nos obliga a estar vigilantes de invertir nuestros limitados recursos en las mejores opciones farmacológicas, teniendo mucho cuidado de analizar basados en la ciencia y la lógica, las ofertas elaborados con palabras agradables y convincentes por parte de los interesados en colocar determinado producto, sin que su efectividad haya sido validada por suficientes argumentos indiscutibles.
En ese sentido, para que conozcamos lo que está ocurriendo en otras latitudes, y no nos ocurra en nuestro terruño a la hora de analizar la oferta de vacunas y medicamentos contra la enfermedad, consideré pertinente compartir con ustedes el contenido de mi artículo de hoy en La Estrella de Panamá, en el cual presento un resumen del reciente editorial de la prestigiosa revista BMJ, titulada en inglés “Covid-19: politicisation, corruption, and suppression of science”.
Al final, actualizo esta entrega con los comentarios que ofrece la OMS sobre los resultados positivos preliminares de las vacunas contra el COVID-19. Su lectura es obligatoria para ayudarnos a tomar la mejor decisión cuando corresponda.
Por considerarlo de interés nacional comparto un resumen de la Declaración de la quinta reunión del Comité de Emergencia del Reglamento Sanitario Internacional
Por considerarlo de interés para el país comparto con ustedes traducción libre del reportaje sobre un segundo confinamiento en Europa, publicado ayer en la
Los panameños vivimos un equilibrio peligroso entre dos o más fuerzas de la misma intensidad que actúan en sentido opuesto. Por un lado, está el COVID-19, buscando personas susceptibles para enfermarlas, mientras que las instituciones públicas y privadas, junto con la población, proponen intervenciones y comportamientos para contener la epidemia. Pero ese estado de equilibrio es delicado. No podemos confiarnos de la aparente desaceleración de la epidemia y menos ahora que se levantaron las medidas de confinamiento. Basta un descuido de nuestra parte para que el virus recupere el espacio que hemos conseguido quitarle. Comparto a continuación mi
Controlar y evitar un rebrote de COVID-19 debe ser el compromiso de todos hoy que comenzamos una nueva etapa del camino en el levantamiento asimétrico y gradual de la cuarentena, y la recuperación también progresiva de nuestra economía. Lo que suceda en el futuro dependerá de nosotros, la población, empresa privada y el Gobierno, cada uno cumpliendo con su parte para mantener bajos los casos y las muertes, preservar el empleo y la actividad económica, y preservar el bienestar emocional de las personas.
¿Estamos haciendo lo suficiente para evitar una segunda ola de COVID-19?. Recuerdo que, al inicio de la epidemia en el país, me pregunté si estábamos preparados para enfrentar el coronavirus, y en aquel momento, mi respuesta fue que sí. Subrayé que, al final del día el éxito dependería de lo que hagamos nosotros por seguir las recomendaciones a nivel colectivo e individual. Confieso que me faltó poner de relieve la importancia del quehacer gubernamental y de la empresa privada. Hoy, cuando nos acercamos al final de la segunda semana de nuestro segundo intento por levantar la cuarentena, me pregunto si estaremos haciendo lo suficiente para controlar la epidemia y evitar una segunda oleada de la enfermedad.