Atención segura durante toda la vida
Este año, el Día Mundial de la Seguridad del Paciente 2026 se centra en la atención segura para las enfermedades no transmisibles (ENT), bajo el lema “¡Atención segura durante toda la vida!”.
Tiene especial relevancia para nosotros, pues en Panamá la epidemia de enfermedades no transmisibles avanza silenciosamente, mientras nuestro sistema de salud enfrenta limitaciones estructurales para responder. Y una de las más evidentes —aunque poco discutidas— está en la formación del recurso humano que debe garantizar una atención segura y de calidad.
Comparto los principales mensajes de este Día Mundial y los invito a redoblar el esfuerzo. Las ENT son, en gran medida, prevenibles. Actuar ahora no solo salvará vidas, sino que también contribuirá a construir sociedades más saludables, productivas y justas.
Día Mundial de la Seguridad del Paciente 2026: resumen de la nota de prensa
La edición de 2026 del Día Mundial de la Seguridad del Paciente se centra en abordar una de las principales preocupaciones de salud que afectan a miles de millones de personas y provocan el 74% de las muertes a escala mundial: las enfermedades no transmisibles.
Las ENT son afecciones de larga duración, como las enfermedades cardiovasculares, los cánceres, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas. Pueden afectar a personas de todas las edades y requieren a menudo cuidados continuos durante toda la vida. Abordarlas constituye una prioridad mundial, como se recoge en la declaración política de las Naciones Unidas sobre las ENT y la salud mental, que plantea fortalecer la prevención y la gestión a largo plazo de estas enfermedades. Para cumplir estos compromisos se requiere acceso a una atención segura durante toda la vida.
A escala mundial, 1 de cada 10 pacientes sufre daños durante la atención de salud y se considera que alrededor de la mitad de esos daños podrían evitarse. Las personas con ENT son especialmente vulnerables debido a la duración de sus afecciones, la necesidad de tratamiento continuo y sus frecuentes interacciones con los sistemas de salud. Esa exposición repetida incrementa la probabilidad de sufrir daños con el tiempo. En algunas afecciones, como el cáncer, hasta 1 de cada 3 pacientes sufre eventos adversos durante la atención. Además, muchas personas viven con múltiples afecciones crónicas, lo que incrementa todavía más el riesgo.
Para Panamá, este llamado de atención es de suma importancia. Como hemos señalado en otras ocasiones, más de 12 mil personas mueren cada año en nuestro país por enfermedades no transmisibles, entre ellas hipertensión, infartos, diabetes, enfermedades pulmonares y los distintos tipos de cáncer. Estas defunciones representan más del 60 % de todas las causas de muerte y, en muchos casos, afectan a personas que todavía estaban en edad productiva y tenían mucho que ofrecer a sus familias y al país.
La epidemia que no ocupa titulares
Como señalé en mi artículo previo, en Panamá la epidemia que no ocupa titulares avanza sin ruido, pero con consecuencias profundas en la vida de miles de personas y familias.
Las enfermedades no transmisibles no solo enferman cuerpos; también revelan las debilidades de un sistema que no logra anticiparse ni acompañar adecuadamente a quienes más lo necesitan.
En ese contexto, la formación médica sigue sin alinearse plenamente con esta realidad, dejando una brecha crítica entre lo que el país enfrenta y cómo prepara a quienes deben cuidarlo.
Si Panamá quiere tomarse en serio el control de las enfermedades no transmisibles, y la atención segura durante toda la vida, necesita replantear —con urgencia— la formación médica desde sus cimientos.
Eso implica, al menos, cinco cambios concretos:
- Reorientar el internado hacia el primer nivel de atención.
Más comunidad, menos hospital como único escenario formativo. - Incorporar la detección temprana como competencia central.
No como un tema accesorio, sino como una habilidad crítica. - Fortalecer el manejo integral de las enfermedades crónicas.
Con enfoque en continuidad del cuidado y seguimiento. - Desarrollar habilidades en prevención y consejería.
Porque cambiar conductas es tan importante como prescribir medicamentos. - Integrar la formación con las políticas públicas de salud.
Para que el médico comprenda el contexto en el que actúa.
Esto no es un ajuste curricular menor. Es una redefinición del rol del médico en la sociedad.
Atención segura durante toda la vida: la seguridad debe acompañar todo el proceso de atención
La campaña de la OMS nos recuerda que la seguridad del paciente no puede limitarse a evitar errores dentro de un hospital o centro de salud.
Las personas con ENT enfrentan riesgos relacionados con la complejidad de sus enfermedades, la utilización de múltiples medicamentos y servicios y la necesidad de interactuar con diferentes profesionales y niveles de atención. A ello se suman problemas de los sistemas de salud, como la fragmentación de los servicios, las dificultades de acceso, la pobreza, la discriminación y otras desigualdades sociales.
Por eso, los riesgos pueden aparecer en cualquier momento: desde la prevención y la detección temprana hasta el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento a largo plazo. También pueden surgir durante las derivaciones, las hospitalizaciones, las altas o las transiciones entre profesionales y servicios, así como cuando la persona continúa su tratamiento en el hogar.
Prevenir estos daños exige sistemas de salud sólidos, integrados y centrados en las personas, con una atención primaria capaz de coordinar los cuidados y un personal de salud adecuadamente formado, apoyado y protegido.
La OMS destaca además que las personas con ENT deben participar activamente en su propia seguridad. Esto significa conocer su enfermedad, comprender los tratamientos, preguntar cuando existan dudas, verificar los medicamentos y mantener información actualizada sobre síntomas, pruebas y citas. La alfabetización en salud y la participación en las decisiones clínicas son herramientas fundamentales para reducir riesgos.
Pero la responsabilidad no recae únicamente en pacientes y cuidadores. Los profesionales son fundamentales para garantizar atención segura durante toda la vida: promover la prevención, asegurar diagnósticos oportunos y correctos, identificar riesgos, prevenir errores de medicación y garantizar la continuidad de los cuidados.
Los establecimientos de salud, por su parte, deben establecer protocolos, fortalecer la comunicación y los traspasos, promover una cultura de seguridad y utilizar los incidentes y las experiencias de pacientes y trabajadores para aprender y mejorar.
Finalmente, a nivel de políticas públicas, la atención segura durante toda la vida debe incorporarse en las estrategias nacionales para las ENT. Esto implica fortalecer la atención primaria, garantizar financiación sostenible y protección financiera, invertir en personal competente y promover sistemas integrados y centrados en las personas. También requiere la participación de la sociedad civil y de quienes tienen experiencia directa con estas enfermedades.
Una atención segura durante toda la vida
El mensaje central de este Día Mundial de la Seguridad del Paciente es claro: una atención segura de las ENT se construye antes, durante y después del contacto con los servicios de salud.
No basta con tratar la enfermedad. Es necesario organizar sistemas capaces de prevenir daños, detectar oportunamente los problemas, coordinar los cuidados, escuchar a las personas y aprender continuamente de la experiencia.
Para Panamá, este llamado debería servir también para mirar hacia adentro. La creciente carga de las ENT exige fortalecer la atención primaria, integrar los servicios, apoyar al personal de salud y, al mismo tiempo, transformar la formación de quienes tendrán la responsabilidad de atender a nuestra población durante las próximas décadas.
La atención segura durante toda la vida debe ser una característica esencial de sistemas de salud orientados a la calidad, la equidad y la continuidad de la atención.
Para las personas que viven con una enfermedad no transmisible, sentirse seguras, escuchadas y acompañadas durante todo el proceso de atención no es un complemento: es parte fundamental del derecho a recibir una atención de salud digna y de calidad.
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