En seguimiento a mi artículo anterior le dedico este a la necesidad de desarrollar una política nacional de recursos humanos en salud.
La buena noticia es que partimos de cero, pues el país tiene una nueva Política Nacional de Salud y herramientas que permiten construir sobre ella; ahora necesitamos convertir el talento humano en una política específica, articulada y de largo plazo. Ahora necesitamos convertirlos en capacidad efectiva de planificación y decisión.
Comparto consideraciones para la formación y desarrollo del talento humano en salud en Panamá.
El problema no comienza en el examen ni termina en el internado
En mi artículo anterior planteé que los resultados recientes del Examen de Certificación Básica en Medicina no deberían conducirnos a buscar culpables, sino a mirar con mayor atención toda la cadena de formación de nuestros médicos. La conclusión fue sencilla, pero importante: el problema no comienza en el examen ni termina en el internado.
Formación universitaria, certificación, internado, especialización, incorporación al sistema, educación permanente y distribución territorial son eslabones de una misma cadena. Si cada institución administra solamente su propio tramo, perdemos la visión de conjunto y terminamos atendiendo los problemas cuando ya se han convertido en cuellos de botella.
Por eso, además de revisar la formación médica, Panamá necesita avanzar hacia una política nacional de formación y desarrollo del talento humano en salud.
No se trata solamente de formar más profesionales. Se trata de saber qué profesionales necesitamos, cuántos, con qué competencias, dónde los necesitamos, cómo debemos formarlos y cómo podemos asegurar que permanezcan y se desarrollen allí donde la población los necesita.
Y esta propuesta no parte de cero.
Política nacional de recursos humanos en salud: una oportunidad que debemos aprovechar
Panamá aprobó en marzo de 2026, mediante el Decreto Ejecutivo No. 17, la Política Nacional de Salud y sus Lineamientos Estratégicos 2026-2035, concebida como una política de Estado y como marco para orientar las acciones del sector salud durante la próxima década. El Ministerio de Salud es responsable de su conducción, implementación, seguimiento y evaluación.
Esto constituye una oportunidad para colocar el desarrollo del talento humano en el centro de la transformación sanitaria.
Además, Panamá ha avanzado en la construcción del Sistema de Información de Recursos Humanos en Salud (SIRHS), con apoyo de la Organización Panamericana de la Salud. El propósito es integrar información de la fuerza laboral para mejorar la planificación, gestión y distribución del personal. En abril de 2026, una iniciativa nacional de validación de datos permitió avanzar en la integración de información de miles de funcionarios y de instituciones públicas.
Tenemos, entonces, dos elementos fundamentales: una política nacional de salud y una herramienta de información sobre el talento humano. Ahora necesitamos convertirlos en capacidad efectiva de planificación y decisión. Veamos una propuesta para hacerlo.
Primero: saber qué talento humano necesita Panamá
La primera pregunta debe ser:¿Qué sistema de salud queremos construir y qué talento humano necesitamos para hacerlo posible?
La respuesta debe considerar la situación demográfica y epidemiológica del país, las necesidades de la población, la organización de los servicios, la distribución territorial de la oferta, las nuevas tecnologías y las transformaciones previsibles del mercado laboral.
Necesitamos conocer, con suficiente anticipación:
- cuántos profesionales de cada disciplina necesita el país;
- qué especialidades médicas son prioritarias;
- qué competencias deben tener;
- dónde existen déficits territoriales;
- qué profesionales se jubilarán en los próximos años;
- cuáles son las necesidades futuras;
- y qué capacidad de formación tienen nuestras universidades y hospitales docentes.
Un sistema nacional de información que sirva para decidir
Panamá ha dado un paso importante con el SIRHS. Ahora debemos dar el siguiente: convertir la información en inteligencia para la toma de decisiones.
Esto debería permitir responder preguntas que hoy con frecuencia abordamos de manera fragmentada:
- ¿Dónde faltan médicos?
- ¿Dónde sobran determinadas especialidades?
- ¿Cuántos especialistas tendremos dentro de cinco o diez años?
- ¿Cuántos médicos se están formando?
- ¿Cuántas plazas de internado necesitamos?
- ¿Cuántas residencias debemos ofrecer?
- ¿Dónde están los profesionales que formamos?
- ¿Quiénes permanecen en las áreas rurales y de difícil acceso?
Un marco nacional de competencias
El segundo gran componente debe ser definir con claridad ¿qué significa estar preparado para ejercer una profesión sanitaria en Panamá?
Esto no significa uniformar artificialmente todos los programas universitarios. Significa establecer resultados de aprendizaje y competencias profesionales que el país considere esenciales.
Para los médicos, por ejemplo, debemos asegurar competencias clínicas y científicas, pero también comunicación, ética, seguridad del paciente, trabajo interdisciplinario, prevención, promoción de la salud, uso de información, gestión de recursos y comprensión de los determinantes sociales.
En ese sentido, la OMS promueve la educación basada en competencias es una de las líneas promovidas actualmente por la OMS para fortalecer la formación de los trabajadores de salud. (Global Strategies on human resources for health: workforce 2030).
Alinear universidades y servicios de salud
Uno de nuestros problemas históricos es la separación entre quienes forman profesionales y quienes posteriormente los emplean.
- Las universidades planifican sus carreras.
- Los servicios de salud enfrentan sus necesidades.
- Y con frecuencia ambos procesos avanzan por caminos paralelos.
Necesitamos una relación mucho más estrecha entre universidades, MINSA, CSS, hospitales docentes y organizaciones profesionales.
- Esto implica compartir información, definir perfiles de competencias, planificar campos clínicos, evaluar resultados y anticipar las necesidades futuras.
- No significa que el Estado deba decidir unilateralmente qué universidad puede formar qué profesional.
- Significa establecer mecanismos de coordinación para que la oferta educativa responda también a las necesidades sanitarias del país.
Transformar el internado en una verdadera etapa formativa
El internado no debería ser concebido únicamente como un requisito administrativo posterior a la universidad. Debe ser una etapa formativa cuidadosamente diseñada.
El médico que Panamá necesita no es solamente el que sabe desenvolverse en un hospital de tercer nivel.
También debe comprender la atención primaria, trabajar con equipos interdisciplinarios, participar en prevención y promoción, conocer los determinantes sociales y ser capaz de atender a personas y comunidades en contextos diversos.
La propia normativa panameña reconoce responsabilidades de atención preventiva y curativa dentro de la formación de los médicos internos. Por eso, más que discutir únicamente si el internado debe durar uno o dos años, debemos preguntarnos qué debe saber hacer un médico al terminarlo.
Planificar las residencias médicas según las necesidades del país
El mismo principio debe aplicarse a la formación de especialistas.
- No podemos decidir cada año cuántas residencias abrir solamente a partir de la disponibilidad inmediata de plazas. Debemos proyectar las necesidades futuras.
- Si sabemos que determinada especialidad tendrá una reducción importante de profesionales por jubilación, debemos anticiparnos.
- Si determinadas provincias o regiones tienen déficit persistente, debemos incorporarlo a la planificación.
- Si la transición demográfica está aumentando la demanda de ciertas áreas de atención, debemos formar profesionales para responder a esa realidad.
La residencia médica debe ser una herramienta de planificación sanitaria, no solamente una etapa académica.
Llevar el talento humano donde está la población
Formar profesionales no garantiza que lleguen a los lugares donde más se necesitan. La distribución territorial debe formar parte de la política desde el comienzo.
Esto implica fortalecer los campos docentes fuera de la capital, mejorar las condiciones de trabajo, ofrecer oportunidades de desarrollo profesional y establecer mecanismos transparentes de incentivos para quienes trabajan en áreas rurales, indígenas y de difícil acceso.
La política de talento humano debe considerar salario, vivienda, transporte, seguridad, educación para la familia, acceso a formación continua, posibilidades de especialización y condiciones adecuadas para ejercer. Se trata de hacer posible que trabajar donde más se necesita también sea una opción profesional atractiva y sostenible.
Educación permanente y recertificación
La formación no termina cuando se obtiene un título.
La medicina y las demás profesiones sanitarias cambian constantemente. Nuevas tecnologías, tratamientos, enfermedades, sistemas de información y modelos de atención modifican las competencias necesarias.
Por eso necesitamos fortalecer la educación permanente y avanzar progresivamente hacia mecanismos de actualización y recertificación profesional.
En este campo Panamá tiene una oportunidad adicional: la presencia en el país del Campus Virtual de Salud Pública de la OPS puede facilitar el acceso a educación continua y el intercambio de conocimientos, especialmente para profesionales que trabajan fuera de los grandes centros urbanos.
Una gobernanza compartida
Una política de esta naturaleza no puede ser responsabilidad exclusiva del Ministerio de Salud.
El MINSA debe ejercer la rectoría, pero necesitamos una estructura permanente de coordinación que incluya, entre otros actores, a la Caja de Seguro Social, universidades, hospitales docentes, organizaciones profesionales y representantes de otros sectores vinculados con la formación y el empleo.
El objetivo no debe ser crear otra burocracia. Debe ser coordinar decisiones que hoy se toman separadamente.
Una política con metas y evaluación
Finalmente, no podemos conformarnos con aprobar una política y producir un documento. Necesitamos objetivos, metas, responsables, presupuesto e indicadores. Por ejemplo:
- ¿Cuántos profesionales necesitamos formar?
- ¿Cuántas plazas de internado y residencia tendremos?
- ¿Qué porcentaje de los egresados alcanza las competencias establecidas?
- ¿Cómo está evolucionando la distribución territorial?
- ¿Qué proporción del personal participa en educación permanente?
- ¿Estamos reduciendo las brechas de personal en las áreas donde más se necesita?
La Política Nacional de Salud 2026-2035 ya contempla un enfoque de gestión por resultados y un sistema de seguimiento y evaluación. Debemos aprovechar ese marco.
Política nacional de recursos humanos en salud: una propuesta para construir juntos
La política nacional de formación y desarrollo del talento humano en salud que necesitamos no debería ser un documento elaborado exclusivamente desde un despacho. Debe construirse mediante un proceso nacional de diálogo técnico y social.
Universidades, estudiantes, profesionales, autoridades sanitarias, hospitales docentes, gremios y sociedad civil tienen algo que aportar. Y debemos comenzar por reconocer una realidad:
formar talento humano en salud es una inversión de largo plazo.
Los médicos y demás profesionales que decidamos formar hoy continuarán trabajando durante décadas.
Una mala decisión de planificación puede producir consecuencias durante muchos años. Una buena política, en cambio, puede transformar progresivamente la capacidad del sistema de salud para responder a las necesidades de la población.
Política nacional de recursos humanos en salud: del diagnóstico a la decisión
Los resultados del examen de certificación médica nos ofrecieron una señal. El debate sobre el internado nos mostró otro eslabón.
La discusión sobre la cantidad y distribución de médicos nos plantea una tercera dimensión.
Y la necesidad de competencias profesionales nos lleva al núcleo del problema. Todo está conectado.
Por eso, Panamá necesita dejar atrás las respuestas aisladas y construir una política nacional de formación y desarrollo del talento humano en salud que abarque toda la trayectoria profesional:
planificación → formación → competencias → certificación → internado → especialización → incorporación → distribución → educación permanente → evaluación.
No se trata solamente de formar médicos. Se trata de construir el talento humano que necesita el sistema de salud que queremos.
Y esa decisión debe comenzar ahora.
Porque el médico, la enfermera, el técnico, el especialista y todos los demás profesionales que Panamá necesitará dentro de diez años comienzan a formarse hoy.
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