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Institucionalidad democrática

Un gran asunto pendiente para avanzar hacia el desarrollo con justicia y equidad

Institucionalidad democrática

Los invito a reflexionar sobre la necesidad fortalecer la institucionalidad democrática en el país, a fin de desarrollar y fortalecer los cambios y la modernización de las instituciones, implantar la transparencia y rendición de cuentas en todo el aparato estatal; recuperar la confianza nacional y el prestigio internacional y; avanzar hacia el desarrollo con justicia y equidad. (más…)

La gestión pública que necesitamos

La gestión pública que necesitamos

Los invito a reflexionar sobre los elementos necesarios para garantizar una gestión pública efectiva, transparente y eficiente, capaz de resolver las demandas de todos los habitantes del país y alcanzar el desarrollo sostenible con justicia y equidad en nuestro territorio.

En ese contexto comparto con ustedes mi columna de opinión en La Estrella de Panamá y complemento con algunas reflexiones adicionales sobre los políticos que necesitamos. Hago votos porque estén en el corazón mismo del compromiso de quienes asuman el gobierno a partir de 2024 y en los 18 meses que le quedan al actual. (más…)

Determinantes políticos de la salud

Determinantes políticos de la salud

Al principio de este año me referí en mi Columna de Opinión en La Estrella de Panamá a los determinantes políticos de la salud y comencé subrayando que, la salud de las personas está determinada por un conjunto de circunstancias en que estas nacen, crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de la vida cotidiana. Hoy luego de dos meses de una profunda crisis política nacional, conviene retomar aquellos argumentos, pues ya comenzamos a ver en la salud, el efecto del contexto político que vivimos. (más…)

Los políticos que necesitamos

Los políticos que necesitamosComparto con ustedes las ideas centrales de mi artículo sobre “los políticos que necesitamos”, publicado hoy en mi columna de opinión en La Estrella de Panamá. Advierto que no me mueve ningún interés oculto. Lo hago preocupado por el complejo panorama político que vivimos en los últimos tiempos, en el cual parece clara la lucha por el poder entre los representantes de los tres poderes del Estado, y dejaron de ser infrecuentes las denuncias sobre clientelismo y posible corrupción; lo cual opaca el buen quehacer de la mayoría de nuestras instituciones, en especial, y lo subrayo, el excelente desempeño de nuestro sector salud en la lucha por controlar la epidemia de COVID-19 que padecemos desde hace más de un año.

De entrada, tengamos claro que quienes ocupan los cargos públicos, ya sea por un nombramiento o por elección popular, son políticos, por lo que es obligado preguntarnos si son los políticos que necesitamos. (más…)

Adecentar el País: ¡el gran propósito de Año Nuevo!

adecentar el paísAdecentar el país, comenzando por la recuperación de nuestros valores, debe ser el gran propósito de Año Nuevo para todos los panameños. Estamos obligados a vencer y erradicar la problemática que nos angustia a todos y el panorama que es cada vez más desalentador, amenazando con destruir nuestra Democracia.

En ese contexto, comparto con ustedes en esta última entrega del 2018, un resumen de las ideas centrales de dos artículos que sobre el tema publiqué hace un año, y siguen plenamente vigentes, pues a pesar de la denuncia cotidiana, aquí no pasa nada, o no pasa lo que queremos la mayoría de los panameños que no pertenecemos a la clase gobernante. (más…)

Agonía y Deber: !Adecentar el País!

Agonía y deberAgonía y deber es el título de un artículo escrito por mi padre (QEPD) hace medio siglo. Lo tome prestado para expresar la problemática que nos angustia a todos y el panorama que es cada vez más desalentador, pues a pesar de la denuncia cotidiana, aquí no pasa nada, o no pasa lo que queremos los istmeños. Por esa razón decidí en esta entrega contribuir a mantener encendido el debate nacional sobre la difícil situación que estamos atravesando.

Los panameños hemos incorporado en nuestro acervo cultural, individual y colectivo, el significado de términos como corrupción, impunidad, clientelismo político, transparencia, pago de coimas sobre costos, blanqueo de capitales, paraíso fiscal, listas negras, y otros iguales o peores. También hemos identificado a las personas y las instituciones que son responsables por estos hechos dolosos y vivimos entre la agonía que nos genera el conocimiento de la realidad cotidiana y la necesidad de cumplir con el deber ciudadano de ponerle coto a esta situación. Eso es «agonía y deber».

Aquí no pasa un día en el que los principales medios nacionales, y algunos internacionales, no nos recuerden con evidencias que nuestros gobernantes adoptan conductas dolosas, contrarias a los principios y valores de la probidad, para su beneficio propio y resultando en graves perjuicios a nuestro patrimonio nacional; que el presumido crecimiento económico beneficia principalmente a un grupo de privilegiados, y prohíja una gran desigualdad que perjudica principalmente a los más pobres y marginados de nuestro país;  que ha sido doloso, ineficiente e inescrupuloso el manejo de nuestras riquezas. En este contexto es válido destacar que más del 50% de los panameños encuestados por la prestigiosa firma Dichter y Neira, consideran como mala o muy mala la gestión de los tres Poderes del estado en 2016, mientras más del 80% consideran que el gobierno, durante ese mismo año, se manejó con poca o ninguna transparencia. Y, encima de todo, por negociar con empresas cuyas prácticas corruptas en el continente y en nuestro país son una realidad demostrada, somos vistos en el escenario internacional, como un país al borde de una crisis institucional, como un paraíso fiscal propicio para los negocios ilegales y el enriquecimiento ilícito.

También es conocido que el grupo gobernante no representa a la mayoría de los panameños; que cualquiera de nosotros no puede participar por igual en el ejercicio del poder político; que abundan las denuncias de que la oligarquía controla de forma directa o indirecta, los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, violándose claramente el principio de separación de poderes, requisito indispensable para un Estado de Derecho. Y que en medio de un discurso populista, que ya es un patrón de conducta, se toman decisiones arbitrarias, con un alto riesgo político, social y económico; utilizando nuestros recursos para el beneficio político del gobernante de turno.

Como si fuera poco, estamos entrando en una espiral de violencia e inseguridad relacionada con actividades criminales que exponen a la población a un permanente riesgo. Ya no son extraños los casos de tiroteos y ajustes de cuentas en lugares públicos, lo cual nos hace suponer la presencia cada vez más intensa del crimen organizado en nuestro suelo patrio, como nos alerta la Agencia Latinoamericana de Noticias cuando afirma que “la inseguridad en Panamá es una bomba de tiempo a punto de estallar”. Además, como lo reveló la reciente encuesta de victimización realizada por el Sistema Integral de Estadísticas Criminales: “la mayoría de la población no tiene confianza en las autoridades encargadas de prevenir, investigar los delitos, e impartir justicia; lo cual podría ocasionar que las personas se animen a usar la violencia ante una injusticia…”

En nuestro caso, como también señalan los medios, existen evidencias que sugieren que la capacidad de nuestro sistema para hacer justicia se ha visto afectada por las prácticas ya señaladas, por lo que necesitamos con premura de la cooperación internacional. Debemos aprovechar el espacio de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, que nos ofrece un conjunto de normas, medidas y reglamentos para reforzar nuestros regímenes jurídicos y reglamentarios destinados a la lucha contra la corrupción. Además aporta mecanismos para exigir a los Estados Miembros que devuelvan los bienes procedentes de la corrupción al país de donde fueron robados. Lo que nos protegería de la fuga de nuestros recursos, valiéndose de cuentas en paraísos fiscales.

Llego la hora entonces de trascender la apatía cómoda y el discurso que ya conocemos, recuperar el civismo y actuar en forma organizada y directa, utilizando los mecanismos que la Democracia ofrece para salvaguardarla. Trabajemos en la creación de una gran base social que transforme para bien las maltrechas estructuras de nuestro Estado. Busquemos liderazgo honrado y respetable, que sea capaz de movilizar a la totalidad de la sociedad civil, sin distingo de ideologías ni credos, para recuperar nuestros valores y adecentar el país antes de sea muy tarde.

Digámosle ¡ya basta! a los desgobiernos que nos han agobiado en los últimos lustros y hagamos que nuestra voz se escuche para recomponer nuestra democracia, logrando que en los dos años que le quedan al actual gobierno, los considerables recursos del Estado sean manejados de forma más transparente, y mejor canalizados para el desarrollo solidario y el bienestar social de todos.