Llevar una vida sana ayuda a reducir el riesgo de padecer demencia. Así lo informa la Organización Mundial de la Salud en su reciente Nota de Prensa, y nos recomienda medidas concretas para reducir el riesgo de padecer demencia o deterioro cognitivo.
El informe subraya que, “si bien la edad es el principal factor conocido de riesgo de sufrir deterioro cognitivo, la demencia no es una consecuencia natural o inevitable del envejecimiento. Varios estudios recientes han revelado una relación entre la aparición de deterioro cognitivo y demencia y factores de riesgo vinculados con el modo de vida, como la inactividad física, el consumo de tabaco, la alimentación poco saludable y el consumo nocivo de alcohol. Ciertos trastornos de salud se asocian con un mayor riesgo de padecer demencia, como la hipertensión, la diabetes, la hipercolesterolemia, la obesidad y la depresión. Otros factores de riesgo en potencia modificables incluyen el aislamiento social y la inactividad cognitiva. La existencia de factores de riesgo potencialmente modificables implica que es posible prevenir la demencia mediante una estrategia de salud pública que incluya la implementación de intervenciones clave que retrasen o desaceleren el deterioro cognitivo y la demencia…”.
La resistencia a los antimicrobianos es una de las mayores amenazas a las que se enfrenta la comunidad mundial. Así lo destaca el alarmante informe hecho público recientemente por las Naciones Unidas, varios organismos internacionales y un grupo de expertos. El informe titulado “No podemos esperar: Asegurar el futuro contra las infecciones farmacorresistentes” pide a las naciones del mundo una acción inmediata, coordinada y a gran escala para evitar una crisis causada por la resistencia a los medicamentos que podría tener consecuencias desastrosas.
La falta de actividad física y calidad de sueño suficiente, ha sido identificada como un importante factor de riesgo para el aumento de peso, obesidad, y el posterior desarrollo de enfermedades no transmisibles, ENT, las cuales constituyen la principal causa de muerte en mundo y en Panamá.
En estos tiempos en los que la tendencia es a exaltar, casi de forma exclusiva, las virtudes de la juventud, y muchos hasta llegan a pedirles disculpas a los jóvenes por el país que les estamos dejando los mayores, vale hacer un alto y reflexionar sobre la necesidad de reconocer y aprovechar los conocimientos y experiencia de las personas mayores, para ayudarnos a fortalecer nuestra democracia y alcanzar el desarrollo con justicia y equidad en nuestro país. La tarea que tenemos por delante no es solo de los jóvenes ni de los mayores, sino de todos los panameños.
Garantizar el derecho de los niños panameños a la educación debe ser una de las principales prioridades del próximo presidente de la república, pues la educación es uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de estrategias de superación de la exclusión de niños, niñas y adolescentes, y es esencial para que puedan gozar de otros derechos humanos, como el derecho a la salud o el derecho a la participación.
Para conversar sobre los efectos de la comida chatarra en la salud y en la generación de carbono, me valdré de un brevísimo resumen de la información que nos ofrece la Organización Panamericana de la Salud en su publicación “Consumo de alimentos y bebidas ultra-procesados en América Latina: Tendencias, impacto en obesidad e implicaciones de política pública”. Complementaré compartiendo las ideas centrales del excelente artículo titulado “El precio real de la comida chatarra”, publicado el día de ayer en La Estrella de Panamá. Al final, hago una reflexión donde me pregunto: ¿Por qué, a pesar de conocer los efectos de la comida chatarra en la salud, somos así, descuidados y poco importa?