Hace ocho años escribí en este espacio “Salud igual para todos: ¿qué hacemos por nosotros mismos?”. La pregunta conserva toda su vigencia, pero la realidad sanitaria de Panamá y nuestra comprensión de los factores que determinan la salud han cambiado. Vale la pena volver sobre ella.
“Salud igual para todos” ha sido, y sigue siendo, uno de los grandes ideales de quienes hemos dedicado nuestra vida a la salud pública.
Desde aquel recordado “salud igual para todos” del doctor José Renán Esquivel, que tanto contribuyó a transformar la salud en Panamá, hasta el compromiso actual con la cobertura sanitaria universal (CUS), el propósito fundamental no ha cambiado: que todas las personas puedan disfrutar del mayor nivel posible de salud, independientemente de dónde vivan o de sus condiciones sociales y económicas.
La salud es una responsabilidad compartida.
Pero alcanzar la salud igual para todos no depende únicamente del Gobierno ni puede reducirse a disponer de hospitales, médicos y medicamentos. Tampoco podemos trasladar toda la responsabilidad a las personas. La salud es una responsabilidad compartida.
El Estado tiene la obligación de garantizar el derecho a la salud y crear las condiciones que permitan ejercerlo. Las comunidades tienen un papel fundamental en la construcción de entornos saludables. Y cada uno de nosotros tiene también responsabilidades con nuestra propia salud y con la salud colectiva.
La pregunta, entonces, sigue siendo válida: ¿qué hacemos por nosotros mismos?
Principales causas de muerte en Panamá
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), en 2024 se registraron en Panamá 23,206 defunciones. Las principales causas fueron los tumores malignos, con 3,844 muertes; las enfermedades isquémicas del corazón, con 2,304; otras enfermedades del corazón, con 1,936; las enfermedades cerebrovasculares, con 1,875; y el conjunto de accidentes, lesiones autoinfligidas, agresiones y otras formas de violencia, con 1,652.
También provocaron un número importante de muertes la diabetes mellitus, con 1,426 defunciones; las enfermedades hipertensivas, con 924; la neumonía, con 660; y las enfermedades crónicas de las vías respiratorias inferiores, con 584.
El mensaje es claro: las enfermedades crónicas no transmisibles siguen ocupando un lugar central en la mortalidad de los panameños. Pero sería un error concluir que se trata simplemente de enfermedades producidas por “malos estilos de vida”.
La alimentación, la actividad física, el tabaco y el alcohol importan, por supuesto. Pero también importan la educación, los ingresos, el empleo, la vivienda, el ambiente, la disponibilidad de alimentos saludables, la seguridad de nuestros barrios, las posibilidades de caminar o hacer ejercicio y, por supuesto, el acceso oportuno a servicios de salud de calidad.
Por eso, hablar de responsabilidad individual sin hablar de las condiciones en que viven las personas es una simplificación.
Lo que sí podemos hacer por nosotros mismos
Podemos hacer mucho.
- Podemos alimentarnos mejor y reducir el consumo de productos con exceso de sal, azúcares y grasas. Podemos mantenernos físicamente activos. Podemos evitar el tabaco y reducir el consumo nocivo de alcohol. Podemos conocer nuestra presión arterial y nuestros niveles de glucosa y colesterol, y atender oportunamente los factores de riesgo.
- Podemos vacunarnos y mantener al día las vacunas de nuestros hijos. Podemos utilizar los servicios de prevención y no esperar a que aparezcan síntomas para preocuparnos por nuestra salud.
- Podemos practicar una sexualidad responsable, prevenir las infecciones de transmisión sexual y buscar atención cuando sea necesario.
- Podemos cuidar nuestra salud mental y reconocer que pedir ayuda no es una señal de debilidad.
- Y podemos conducir responsablemente. En 2024 se registraron 404 muertes por accidentes de transporte, además de 161 suicidios y 513 homicidios. En los accidentes de transporte, 178 de las personas fallecidas eran peatones.
Aquí también tenemos responsabilidades: respetar las normas de tránsito, evitar conducir bajo los efectos del alcohol, no utilizar el teléfono mientras manejamos y proteger a quienes comparten nuestras calles.
Pero nuevamente: la seguridad vial no puede depender solamente del comportamiento individual. Requiere calles seguras, transporte público adecuado, fiscalización efectiva, educación vial y autoridades capaces de hacer cumplir las normas.
Cuidar la salud desde el comienzo de la vida
La responsabilidad por nuestra salud comienza antes de que podamos tomar decisiones por nosotros mismos.
En 2024 Panamá registró 398 defunciones asociadas a afecciones originadas en el período perinatal y 293 por malformaciones congénitas y anomalías cromosómicas. La mortalidad infantil continúa siendo, por tanto, un indicador fundamental de las condiciones de salud y de desarrollo del país.
También tenemos que mirar la salud materna.
En 2024 se registraron 31 defunciones maternas, frente a 36 en 2023 y 38 en 2022. La reducción es positiva, pero una sola muerte materna que pudiera haberse evitado sigue siendo demasiado. Y las diferencias territoriales son especialmente preocupantes: la razón de mortalidad materna fue muy elevada en algunas comarcas indígenas.
Esto demuestra que no basta con decirle a una mujer embarazada que debe cuidarse y acudir a sus controles. Necesitamos garantizar que pueda hacerlo, que tenga acceso oportuno a atención prenatal y obstétrica de calidad y que las condiciones de su comunidad no constituyan una barrera para salvar su vida o la de su hijo.
La salud no se construye solamente en los hospitales
Esta es quizá la principal lección que debemos rescatar hoy.
La cobertura sanitaria universal no significa simplemente que todos tengan derecho a entrar en un hospital. La OMS la define como el acceso de todas las personas a los servicios de salud de calidad que necesitan, cuando y donde los necesitan, sin dificultades financieras. Incluye promoción de la salud, prevención, tratamiento, rehabilitación y cuidados paliativos.
Y la atención primaria de salud ocupa un lugar central en ese propósito. La OMS la concibe como un enfoque de toda la sociedad que comienza con la promoción de la salud y la prevención de enfermedades y actúa tan cerca como sea posible del entorno cotidiano de las personas. También subraya que las comunidades deben participar en la identificación de sus prioridades y en la búsqueda de soluciones.
Esto cambia sustancialmente la pregunta inicial.
No se trata solamente de preguntarnos qué hacemos nosotros para no enfermarnos. Debemos preguntarnos también qué hacemos para construir una sociedad que facilite que todos podamos vivir saludablemente.
Salud igual para todos: una responsabilidad compartida
Los datos del INEC muestran, además, profundas diferencias territoriales. La información de mortalidad se presenta por provincia, distrito y comarca indígena, permitiendo observar realidades muy diferentes dentro del mismo país.
Eso significa que Panamá no puede enfrentar sus problemas de salud con una sola receta.
Necesitamos fortalecer la atención primaria, acercar los servicios a las personas, integrar efectivamente las instituciones públicas de salud, mejorar la prevención y garantizar continuidad de la atención. Necesitamos actuar sobre los determinantes sociales y ambientales y reducir las desigualdades que hacen que nacer o vivir en un determinado territorio pueda significar mayores riesgos para la salud.
Y necesitamos ciudadanos informados y participativos.
Porque también es nuestra responsabilidad exigir que los recursos públicos se utilicen correctamente, que los servicios funcionen, que las políticas de salud tengan continuidad y que las decisiones se tomen con base en evidencia.
La salud para todos no será resultado de una sola institución, de un gobierno ni de una campaña de prevención. Será el resultado de personas que cuidan su salud, comunidades que construyen entornos saludables y un Estado que garantiza derechos y organiza un sistema capaz de responder a las necesidades de toda la población.
Por eso, aquella vieja pregunta sigue teniendo vigencia, pero hoy debemos formularla de una manera más amplia:
¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros, nuestras familias, nuestras comunidades y nuestro Estado para que la salud sea realmente para todos?
La pelota está en nuestra cancha. Pero la cancha también es responsabilidad de todos.
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