Panamá suscribió el año pasado el Plan de acción sobre ENT 2025-2030 aprobado en el 62.o Consejo Directivo de la OPS en el 2025.
Es obligatorio su cumplimiento pues las enfermedades no transmisibles (ENT) —principalmente las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas— se han consolidado como el principal desafío de salud pública en la Región de las Américas. Según el Plan de acción 2025-2030 de la OPS, estas enfermedades causan alrededor de 6 millones de muertes anuales, de las cuales un 38% ocurren de manera prematura, es decir, antes de los 70 años. Además, más de 240 millones de personas viven con alguna ENT, lo que representa una enorme carga social, económica y sanitaria para los países.
En nuestro país, la epidemia de enfermedades no transmisibles avanza silenciosamente, causando todos los años un promedio de 14,000 defunciones. mientras el sistema de salud enfrenta limitaciones estructurales para responder. Y una de las más evidentes —aunque poco discutidas— está en la formación del recurso humano.
Plan de acción sobre ENT 2025-2030
El objetivo de este Plan de acción sobre la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles 2025-2030 es brindar apoyo a los Estados Miembros en la aceleración de las medidas necesarias para alcanzar las metas mundiales relativas a las ENT. Reconociendo que para abordar las ENT es necesario aplicar un enfoque que abarque a todo el gobierno y a toda la sociedad, con alianzas multisectoriales, en este plan de acción se esbozan tres líneas de acción estratégicas generales que se aplicarán durante su período de vigencia (2025-2030).
Una epidemia impulsada por factores evitables
El documento identifica claramente los principales factores de riesgo que alimentan la epidemia de ENT: el consumo de tabaco, el uso nocivo del alcohol, la alimentación poco saludable y la inactividad física. Aunque se han registrado algunos avances —por ejemplo, la reducción del tabaquismo en adultos— persisten desafíos importantes.
El consumo de alcohol sigue siendo elevado, con más de la mitad de la población consumiéndolo y una proporción significativa incurriendo en episodios de consumo excesivo. Por su parte, la inactividad física afecta a más del 80% de los adolescentes y a más de un tercio de los adultos. A esto se suma una creciente prevalencia de obesidad, que ya alcanza al 33,8% de la población adulta.
El entorno alimentario y comercial también juega un papel clave. La expansión de productos ultraprocesados, el marketing agresivo —especialmente dirigido a jóvenes— y las limitaciones regulatorias dificultan la adopción de estilos de vida saludables. Aunque algunos países han implementado políticas como el etiquetado frontal de alimentos, los avances son desiguales y todavía insuficientes.
Líneas estratégicas que propone el Plan de acción sobre ENT 2025-2030
Primera línea estratégica: políticas para reducir riesgos
La primera línea de acción del plan propone intervenciones regulatorias y fiscales para reducir la exposición a estos factores de riesgo. Entre las medidas más destacadas se encuentran:
- Incremento de impuestos al tabaco, alcohol y bebidas azucaradas para reducir su consumo.
- Regulación de la publicidad, promoción y patrocinio de productos nocivos, especialmente en entornos digitales.
- Implementación de etiquetado frontal en alimentos y normas de empaquetado.
- Restricciones en la disponibilidad y venta de productos perjudiciales.
- Promoción de la lactancia materna, la actividad física y dietas saludables.
Estas políticas requieren una fuerte coordinación intersectorial, ya que muchas de ellas trascienden el ámbito tradicional del sector salud. El plan enfatiza que abordar las ENT implica actuar también sobre los determinantes sociales de la salud, como las condiciones laborales, el entorno urbano y el acceso a alimentos saludables.
Además, se plantean metas concretas hacia 2030, como aumentar el número de países con políticas regulatorias efectivas sobre tabaco, alcohol y alimentos, así como aquellos que implementan estrategias nacionales de actividad física y obesidad (ver tabla en página 5 del documento).
Segunda línea estratégica: transformar la atención primaria
La segunda línea de acción se centra en fortalecer la atención primaria de salud como eje fundamental para el manejo de las ENT. Actualmente, existen brechas significativas en diagnóstico, tratamiento y control de estas enfermedades. Por ejemplo, menos del 40% de las personas con hipertensión tienen su condición controlada, y millones de personas con diabetes no tienen acceso a tratamiento adecuado.
El plan propone integrar servicios de prevención, diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y cuidados paliativos en el primer nivel de atención, utilizando enfoques estandarizados y basados en evidencia. Iniciativas como HEARTS para el control de la hipertensión sirven como modelo para expandir este enfoque a otras ENT.
Entre las acciones clave se incluyen:
- Desarrollo e implementación de guías clínicas y protocolos estandarizados.
- Ampliación del acceso a medicamentos esenciales y tecnologías diagnósticas.
- Incorporación de soluciones digitales y telemedicina.
- Capacitación del personal de salud en el manejo integral de ENT.
- Promoción del autocuidado y la educación en salud.
También se enfatiza la necesidad de mejorar la continuidad de la atención mediante trayectorias de atención bien definidas, que aseguren una transición fluida entre niveles del sistema de salud.
Tercera línea estratégica: datos para decidir mejor
La tercera línea estratégica aborda un aspecto frecuentemente subestimado: la vigilancia de las ENT. Contar con datos confiables, oportunos y desagregados es esencial para diseñar políticas efectivas, evaluar intervenciones y asignar recursos de manera eficiente.
Sin embargo, el diagnóstico actual muestra importantes debilidades. Solo una parte de los países cuenta con sistemas robustos de vigilancia, encuestas poblacionales periódicas o registros de cáncer de calidad. Esto limita la capacidad de monitorear el progreso y responder adecuadamente a la carga de enfermedad.
El plan propone fortalecer los sistemas de información en salud mediante:
- Integración de indicadores de ENT en los sistemas nacionales.
- Realización periódica de encuestas poblacionales (como el método STEPS).
- Desarrollo de registros de cáncer y estadísticas vitales de calidad.
- Uso de tecnologías digitales para mejorar la recolección y análisis de datos.
Las metas incluyen que todos los países cuenten con sistemas de vigilancia alineados con el marco global y que aumente significativamente la cobertura de encuestas y registros.
Más allá de la salud: un desafío de desarrollo
Uno de los mensajes más potentes del documento es que las ENT no son solo un problema sanitario, sino un obstáculo para el desarrollo sostenible. Afectan la productividad, aumentan los costos del sistema de salud y profundizan las desigualdades, impactando especialmente a los grupos más vulnerables.
Por ello, el plan insiste en un enfoque de “salud en todas las políticas”, que integre la prevención y el control de las ENT en las agendas económicas, sociales y ambientales de los países.
¿Qué significa para Panamá este Plan de acción sobre ENT 2025-2030
Si este plan de acción parece ambicioso, basta mirar el caso de Panamá para entender por qué es urgente. En nuestro país, la epidemia de enfermedades no transmisibles avanza silenciosamente, mientras el sistema de salud enfrenta limitaciones estructurales para responder. Y una de las más evidentes —aunque poco discutidas— está en la formación del recurso humano.
Como he señalado recientemente en mi artículo “La epidemia que no ocupa titulares: formamos médicos… pero no para enfrentar la principal causa de muerte”, el problema no es solo cuántos médicos formamos, sino para qué los estamos formando.
Hoy, Panamá vive una paradoja: gradúa médicos todos los años, pero no logra incorporarlos de manera oportuna ni orientarlos hacia las necesidades reales del país. El internado médico, que debería ser un puente hacia la práctica, se ha convertido en un cuello de botella que retrasa, desarticula y desperdicia talento.
El resultado es un sistema que no logra traducir formación en capacidad resolutiva. Y eso tiene consecuencias directas: menos prevención, menos control de enfermedades crónicas y mayor presión sobre hospitales que ya operan al límite.
Lo que plantea la OPS en este plan es claro: sin un primer nivel de atención fuerte, sin equipos capacitados y sin un enfoque preventivo real, las ENT seguirán creciendo. Pero lo que el caso panameño demuestra es aún más contundente: no basta con tener la estrategia; hay que alinear el sistema —desde la formación hasta la prestación— para que esa estrategia sea posible.
Conclusión
El Plan de acción sobre ENT 2025-2030 ofrece una hoja de ruta clara, basada en evidencia y con metas concretas para enfrentar uno de los mayores desafíos de salud pública de nuestro tiempo. Sin embargo, su éxito dependerá de la capacidad de los países para traducir estas recomendaciones en políticas efectivas, sostenidas y equitativas.
La región tiene ante sí una oportunidad crucial: pasar de la evidencia a la acción. Porque, como deja claro el documento, las ENT no son inevitables. Son, en gran medida, prevenibles. Y actuar ahora no solo salvará vidas, sino que también contribuirá a construir sociedades más saludables, productivas y justas.
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