
Comienza un nuevo año y necesitamos una agenda mínima de país que supere la tentación de las listas de propósitos. No basta con deseos ni con promesas de ocasión. Panamá entra en 2026 con desafíos estructurales acumulados y con una ciudadanía que ya no se conforma con diagnósticos: exige rumbo, coherencia y resultados. Más que un programa de gobierno, el momento demanda una agenda mínima de país, compartida y comprensible, sobre aquello que no puede seguir postergándose.
Comparto mi columna de Opinión de La Estrella de Panamá en la que propongo cinco prioridades _y admito que me quedo corto_ que, a mi juicio, deberían estar en el centro de la conversación nacional durante 2026.




