Termino esta serie refiriéndome a los Vacíos y riesgos de la Política Nacional de Salud 2026–2035
Reitero, para evitar malentendidos, que, la Política Nacional de Salud 2026–2035 es ambiciosa, estructurada y técnicamente sólida. Pero al leerla con lupa, emergen varios vacíos críticos que podrían comprometer su impacto real.
Tengamos presente que, toda política pública dice mucho… pero también calla cosas importantes. Y en esas omisiones suelen esconderse los verdaderos riesgos. Veamos…
El vacío más evidente: el “cómo” del financiamiento
Antes que todo, recordemos que, “la financiación de la atención de la salud es la función de un sistema de la salud que se centra en la movilización, la acumulación y la asignación de recursos para cubrir las necesidades de la salud de la población, ya sea individual o colectivamente, en el sistema de la salud”. Por ello, el diseño del modelo de financiamiento del sistema público de salud que desarrollemos, debe garantizar que toda la población el acceso a servicios sanitarios necesarios (incluida la prevención, la promoción, el tratamiento y la rehabilitación) de calidad suficiente para que sean eficaces; y para garantizar que el uso de estos servicios no exponga al usuario a dificultades financieras.
En ese sentido, la política reconoce la importancia de un financiamiento eficiente y equitativo. Incluso dedica una política específica a este tema.
Pero evita responder preguntas fundamentales:
- ¿Se incrementará el gasto público en salud?
- ¿Se reducirá el gasto de bolsillo?
- ¿Habrá una reforma del modelo de financiamiento?
- ¿Se priorizará la APS en la asignación presupuestaria?
Riesgo: Sin decisiones fiscales concretas, la política puede quedarse en una aspiración sin músculo financiero.
Fragmentación del sistema: el problema no resuelto
Para comenzar, tengamos presente que, las redes integradas de servicios de salud son una de las principales expresiones operativas del enfoque de la Atención Primaria de Salud a nivel de los servicios de salud, contribuyendo a hacer una realidad varios de sus elementos más esenciales tales como la cobertura y el acceso universal; el primer contacto; la atención integral, integrada y continua; el cuidado apropiado; la organización y gestión óptimas; la Orientación familiar y comunitaria: y la acción intersectorial, entre otros.
En ese sentido, el documento apuesta por fortalecer la rectoría del Ministerio de Salud. Pero no aborda de forma explícita:
- La coexistencia de múltiples subsistemas
- La duplicidad de funciones
- Las brechas de coordinación
Vacío estructural: No hay una hoja de ruta clara para integrar el sistema de salud.
Riesgo: Seguir operando con un sistema fragmentado, aunque mejor coordinado en el papel.
Sobrecarga estratégica: demasiado para ejecutar
La sobrecarga estratégica (o saturación de tareas) ocurre cuando el volumen de proyectos, objetivos o exigencias laborales supera la capacidad de gestión de un individuo o equipo. Provoca estrés, parálisis de decisiones, errores y una disminución de la productividad y la calidad del trabajo.
La política incluye:
- 9 políticas
- 55 objetivos
- 191 líneas de acción
Esto refleja ambición… pero también dispersión.
Riesgo clave: Cuando todo es prioridad, nada es prioridad.
Sin una clara jerarquización:
- Los esfuerzos se diluyen
- La implementación se fragmenta
- El impacto se reduce
“Lo perfecto es enemigo de lo bueno”.
Débil especificidad en indicadores y metas
Aunque se plantea gestión por resultados y uso de SIMEPLANS, no se detallan con claridad:
- Indicadores clave de impacto
- Líneas base
- Metas cuantificables
Riesgo: Medir cumplimiento administrativo (actividades) en lugar de:
- reducción de inequidades
- mejora en resultados de salud
- aumento real de cobertura
Participación social: declarada, pero no operativizada
La necesidad de fortalecer la participación social para la cobertura universal de salud quedó claramente establecida en la recién terminada Asamblea Mundial de la Salud, nuestro país, junto con los demás países del globo terráqueo, aprobó la Resolución A77/A/CONF./3, por medio de la cual nos comprometimos a aplicar, fortalecer y mantener una participación social periódica y significativa en las decisiones relacionadas con la salud en todo el sistema, según proceda, teniendo en cuenta el contexto y las prioridades nacionales.
En ese sentido, la política resalta la participación social como elemento central. Pero no define:
- Mecanismos concretos de participación
- Espacios institucionalizados
- Capacidades necesarias para la ciudadanía
Riesgo: Que la participación se limite a lo simbólico, sin incidencia real en decisiones.
Capacidades institucionales: el gran supuesto implícito
De acuerdo con la CEPAL, la capacidad institucional es el conjunto de recursos, habilidades, estructuras y normas que posee una organización (pública o privada) para cumplir eficazmente sus funciones, objetivos y misión, adaptándose a su entorno. Abarca recursos humanos, financieros y técnicos, así como la capacidad de gestionar la incertidumbre y articular actores.
El documento asume que el sistema podrá:
- Planificar estratégicamente
- Coordinar intersectorialmente
- Gestionar por resultados
- Implementar transformación digital
Pero no evalúa con suficiente claridad:
- Brechas de talento humano
- Capacidades de gestión
- Cultura organizacional
Riesgo: Diseñar una política de “alto desempeño” sobre una institucionalidad que aún no lo es.
Intersectorialidad sin incentivos reales
De acuerdo con la OPS, el abordaje de los determinantes sociales de la salud (DSS) implica actuar sobre las condiciones en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen para reducir las inequidades. Requiere políticas intersectoriales (vivienda, educación, ingresos), participación comunitaria y fortalecer la atención primaria para lograr equidad y mejorar la salud poblacional.
Pero la política no define:
- Incentivos para otros sectores
- Mecanismos de gobernanza intersectorial
- Responsabilidades compartidas
Riesgo: La intersectorialidad queda en discurso… y la ejecución recae solo en salud.
Transformación digital: promesa sin hoja de ruta clara
De acuerdo con los especialistas en esta materia, “la transformación del sistema de salud es un proceso integral e integrado de información, de gestión y de investigación basado en herramientas tecnológicas y datos, que busca alcanzar un modelo fundado en la generación de conocimiento y en la medición de resultados para la obtención de valor…”
En se sentido, aunque la política reconoce la necesidad de fortalecer sistemas de información y digitalización, se queda sin detallar:
- Inversiones necesarias
- Cronogramas
- Interoperabilidad real entre instituciones
Riesgo: Fragmentación digital en lugar de integración digital.
Recomendación: para apoyarnos en el desarrollo de la transformación digital, recomiendo la lectura y utilización efectiva de la “Caja de Herramientas” que nos ofrece la OPS.
El documento es una compilación de todas las herramientas que forman parte de la estrategia de cooperación técnica de la OPS/OMS para el fortalecimiento de los sistemas de información para la salud (IS4H), así como para el desarrollo de acciones para la transformación digital del sector salud.
Continuidad política: el riesgo silencioso
La política tiene horizonte a 10 años. Pero no aborda explícitamente:
- Mecanismos de blindaje institucional
- Continuidad entre gobiernos
- Acuerdos políticos de largo plazo
Riesgo crítico: Que la política cambie de rumbo con cada administración.
Conclusión: una política fuerte… con puntos ciegos
Aunque la Política Nacional de Salud 2026–2035 es ambiciosa, estructurada y técnicamente sólida, no resuelve con suficiente claridad los riesgos políticos, institucionales y financieros.
En síntesis: El desafío no es diseñar bien. Es priorizar, decidir y sostener.
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