Hace poco más de un año me referí a la celebración de los 30 años de la aprobación de la Convención sobre los Derechos de los Niños, subrayando que, luego de más de 30 años, los panameños no hemos cumplido con el compromiso de garantizar, mediante una ley o código, la protección integral de los derechos de los niños y adolescentes. Esa deuda que tenemos como sociedad se hace más evidente hoy cuando los derechos de nuestra niñez han sido vulnerados hasta la saciedad en albergues donde se suponía que iban a encontrar bienestar y felicidad.
Frente a este maltrato inadmisible contra nuestra niñez, no han faltado las voces de dolor, indignación y repudio que claman a su vez por justicia, cierre de albergues, destituciones y hasta la merecida cárcel para los violadores de los derechos de los infantes. Aunque me sumo totalmente a esas voces de rechazo, reconozco que pudimos y debemos hacer más como sociedad, pues nuestra niñez, ya sea en estos albergues, en las calles e incluso en sus casas, es víctima frecuente de maltrato, abusos e impedimentos sistemáticos del ejercicio de sus derechos. En ese contexto actualizo este artículo, compartiendo a continuación mi artúclo de hoy en La estrella de Panamá, mientras mantengo la parte final con un breve resumen de los derechos de los niños.
Los invito a comenzar el año reflexionando sobre los derechos de los panameños que nazcan en el 2020. ¿Qué haremos como sociedad para proteger, promover y garantizar los derechos de todos nuestros niños a desarrollarse y alcanzar su pleno potencial?