Pobreza multidimensional en Panamá

Avances que debemos reconocer y brechas que no podemos ignorar

El nuevo Índice de Pobreza Multidimensional en Panamá (2025) trae una buena noticia: la pobreza multidimensional continúa disminuyendo en el país. Pero trae también una advertencia que no debemos pasar por alto: detrás del promedio nacional persisten enormes desigualdades territoriales y sociales.

El informe, elaborado por la Dirección de Análisis Económico y Social del Ministerio de Economía y Finanzas, utiliza una medición que va mucho más allá del ingreso. El IPM considera 17 indicadores agrupados en cinco dimensiones: educación; vivienda, servicios básicos y acceso a internet; trabajo; salud; y ambiente, entorno y saneamiento. Se considera multidimensionalmente pobre al hogar que presenta carencias en al menos el 30% de los indicadores ponderados.

Veamos un resumen reflexivo de los resultados y el desafío que tenemos por delante.

Una tendencia favorable

Los resultados de 2025 muestran una evolución positiva. La incidencia de la pobreza multidimensional en Panamá pasó de 19.1% en 2017 a 12.4% en 2025. Es decir, en ocho años se produjo una reducción de 6.7 puntos porcentuales.

El avance también fue significativo en el período más reciente. Entre 2022 y 2025, la pobreza multidimensional se redujo de 14.7% a 12.4%, una disminución de 2.3 puntos porcentuales que equivale a 83,949 personas que dejaron de encontrarse en esta condición.

Pero hay otro dato que merece especial atención. La intensidad de la pobreza —la proporción promedio de carencias que enfrentan simultáneamente las personas pobres— bajó de 41.5% a 40.2%. En otras palabras, quienes continúan en pobreza multidimensional experimentan, en promedio, privaciones simultáneas en aproximadamente siete de los 17 indicadores considerados.

Esto significa que el avance no consiste solamente en que haya menos personas pobres. También se han reducido algunas de las carencias que afectan a quienes permanecen en situación de pobreza.

Panamá sigue siendo un país profundamente desigual

Aquí aparece la otra cara de los resultados.

La reducción de la pobreza multidimensional se produjo en 11 de las 13 divisiones administrativas. Los mayores descensos correspondieron a territorios que históricamente han presentado los niveles más elevados: la Comarca Emberá, con una reducción de 16 puntos porcentuales; Bocas del Toro, con 9.9 puntos; y la Comarca Ngäbe Buglé, con 7.9 puntos.

Es un resultado alentador, especialmente porque estas mismas regiones registraron importantes reducciones en la intensidad de sus privaciones. Sin embargo, las brechas siguen siendo enormes.

En 2025, la pobreza multidimensional alcanzó 93.4% en Guna Yala, 73.2% en Ngäbe Buglé y 46.4% en Emberá. En contraste, fue de apenas 5.2% en las áreas urbanas, frente a 30.1% en el área rural.

Y hay una señal particularmente preocupante: mientras la mayoría de las regiones mejoraron, Guna Yala aumentó su incidencia de pobreza multidimensional, pasando de 85.2% en 2022 a 93.4% en 2025.

Estos números nos recuerdan que no existe una sola realidad panameña. El promedio nacional es importante, pero puede ocultar situaciones de exclusión que requieren políticas diferenciadas.

La naturaleza de la pobreza multidimensional también está cambiando

El IPM permite observar cuáles son las carencias que más pesan en la pobreza de los panameños.

En 2025, Ambiente, entorno y saneamiento fue la dimensión de mayor contribución al índice, con 22.1%, seguida por Educación (21.9%), Trabajo (21.5%), Salud (18.4%) y Vivienda, servicios básicos y acceso a internet (16.1%).

A nivel de indicadores, la precariedad del empleo pasó a ocupar el primer lugar, con 11.3% de contribución al IPM. Le siguieron el logro educativo insuficiente (11.0%), la desocupación y el trabajo familiar sin pago (9.3%), el manejo inadecuado de la basura (8.7%) y el acceso a servicios de salud (8.4%). Estos cinco indicadores representan conjuntamente 48.7% del IPM.

El mensaje es claro: la pobreza multidimensional en Panamá no puede enfrentarse con una sola política ni desde un solo sector.

No basta con transferencias monetarias. Tampoco basta con construir escuelas, centros de salud, carreteras o viviendas de manera aislada. Se necesita una acción coordinada que ataque simultáneamente las diferentes dimensiones que mantienen a una familia atrapada en la pobreza.

Cuando la política pública llega donde más se necesita

El informe ofrece ejemplos interesantes de cómo la acción pública puede contribuir a reducir determinadas carencias.

Entre 2022 y 2025 disminuyeron las tasas de privación en 15 de los 17 indicadores. Entre las reducciones más importantes aparecen la carencia de electricidad, el control del embarazo y el acceso o vías de comunicación terrestres.

Por ejemplo, el Plan de Electrificación Rural permitió gestionar la electrificación de 3,407 viviendas en comunidades rurales, comarcales y de difícil acceso. En salud, la implementación del Sistema Informático Perinatal Electrónico permitió disponer de información prenatal accesible desde diferentes instalaciones de salud, favoreciendo la continuidad de la atención. Y las inversiones en infraestructura vial contribuyeron a disminuir las barreras de aislamiento geográfico.

Estos resultados sugieren una lección que vale la pena destacar: la inversión pública focalizada puede producir resultados concretos cuando responde a las carencias específicas de las poblaciones y territorios más vulnerables.

Pobreza multidimensional en Panamá: el desafío es no conformarnos

El IPM 2025 debe ser motivo de satisfacción, pero no de complacencia.

Haber reducido la pobreza multidimensional en Panamá de 19.1% en 2017 a 12.4% en 2025 representa un avance importante. Sin embargo, 12.4% todavía significa que una proporción considerable de nuestra población enfrenta simultáneamente múltiples privaciones.

Y las cifras territoriales nos obligan a mirar más allá del promedio nacional.

El próximo paso debería ser fortalecer una política de reducción de la pobreza que sea territorial, intersectorial y basada en evidencia. El propio informe señala la importancia de monitorear los 17 indicadores a nivel territorial para identificar cuáles programas y acciones deben priorizarse en cada división administrativa.

Esto es especialmente relevante para las comarcas indígenas y las áreas rurales, donde las carencias se acumulan y donde las soluciones requieren participación comunitaria, continuidad institucional y coordinación entre los diferentes sectores del Estado.

Porque reducir la pobreza multidimensional en Panamá no consiste solamente en mejorar una estadística.

Consiste en conseguir que un niño tenga acceso a una educación de calidad, que una familia disponga de agua segura y saneamiento, que una mujer pueda recibir atención prenatal oportuna, que un trabajador tenga un empleo digno, que una comunidad esté conectada y que ninguna persona quede excluida del desarrollo por el lugar donde nació.

El IPM 2025 nos dice que Panamá está avanzando.

Pero también nos recuerda algo esencial: el verdadero éxito será convertir ese avance nacional en bienestar para todos, especialmente para quienes todavía viven en los territorios y comunidades donde la pobreza sigue siendo una realidad cotidiana.

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