La noticia de que el Ministerio de Salud evalúa la posibilidad de contratar médicos especialistas extranjeros en Panamá para cubrir vacantes críticas que no puedan ser ocupadas por profesionales panameños calificados vuelve a colocar sobre la mesa un debate que Panamá viene posponiendo desde hace demasiado tiempo.
El MINSA ha explicado que la eventual contratación tendría carácter excepcional y estaría dirigida a cubrir áreas donde exista una necesidad crítica y no haya disponibilidad de especialistas nacionales. Entre las especialidades señaladas se encuentran Cardiología, Anestesiología y Oncología.
La propuesta merece ser discutida con seriedad y sin prejuicios. Pero también merece que hagamos una pregunta mucho más incómoda:
¿Por qué un país que forma médicos todos los años tiene que recurrir a especialistas extranjeros para cubrir necesidades que debería ser capaz de anticipar y atender mediante su propia política de formación y gestión del talento humano en salud?
Panamá no tiene un problema de falta de médicos
Como he señalado en artículos anteriores, Panamá no tiene un problema de falta de médicos. Tiene un problema de formación, planificación, distribución y decisión sobre sus recursos humanos para la salud.
Contratación de médicos especialistas extranjeros en Panamá: el problema no comenzó con esta noticia
Panamá necesita médicos especialistas. Eso ya no admite discusión. Lo vemos en las consultas que se postergan, en las cirugías que no se realizan oportunamente, en las listas de espera y en los pacientes que deben trasladarse desde el interior hacia la capital para recibir una atención que debería estar disponible más cerca de sus hogares.
Pero el problema tiene una dimensión más profunda.
Nuestro sistema forma médicos, pero no necesariamente los convierte en los especialistas que el país necesita, en las cantidades que necesita y en los lugares donde los necesita. El “camino” que debería llevar al estudiante desde la universidad hasta la especialización está lleno de cuellos de botella: internado, acceso a residencias, disponibilidad de plazas, condiciones laborales y, finalmente, distribución territorial.
Por eso, el debate sobre los médicos extranjeros no debería comenzar preguntando cuántos profesionales podemos traer. Debería comenzar preguntando: ¿Cuántos especialistas necesita Panamá, en qué especialidades, en qué territorios y en qué momento?
Y esa información debería ser pública, actualizada y producto de una planificación nacional.
No es un problema de cantidad, sino de alineación
Durante demasiado tiempo hemos confundido la cantidad de médicos con la capacidad del sistema para responder a las necesidades de salud de la población.
Podemos tener suficientes médicos en términos nacionales y, al mismo tiempo, tener una grave escasez de especialistas en determinadas provincias, hospitales o áreas de atención.
Eso es precisamente lo que ocurre cuando la formación, la contratación y la distribución del talento humano funcionan de manera desarticulada.
La concentración de especialistas en la capital no es simplemente consecuencia de decisiones individuales. También es consecuencia de un sistema que ofrece mejores oportunidades profesionales, académicas, tecnológicas y laborales donde ya existe mayor concentración de recursos.
Mientras tanto, en muchas regiones del país las condiciones son menos atractivas: menor disponibilidad tecnológica, menos oportunidades de desarrollo profesional, infraestructura insuficiente y ausencia de una verdadera política de incentivos.
El resultado es una paradoja: formamos especialistas para un país que no es el país completo.
¿Y qué tiene que ver la formación médica?
La discusión sobre los recursos humanos en salud no puede limitarse a contratar o no contratar médicos. También debemos preguntarnos qué tipo de médico estamos formando.
El médico que Panamá necesita en el siglo XXI debe ser científicamente sólido y clínicamente competente, pero también socialmente sensible, capaz de trabajar en equipo, comprender los determinantes sociales de la salud y desenvolverse en un sistema donde la atención primaria, la salud pública, la transformación digital y la inteligencia artificial tendrán cada vez mayor importancia.
La formación médica debe responder a las necesidades epidemiológicas, demográficas y sociales del país. No podemos continuar formando profesionales sin vincular suficientemente las decisiones de las universidades con las necesidades presentes y futuras del sistema sanitario.
Y aquí aparece una responsabilidad compartida.
- El Estado debe planificar y financiar.
- Las universidades deben formar con calidad y pertinencia.
- Los hospitales deben convertirse en verdaderos escenarios docentes.
- Los gremios deben participar en la construcción de soluciones.
- Y la sociedad debe exigir transparencia, calidad y equidad.
La contratación de médicos especialistas extranjeros en Panamá es una solución necesaria para la coyuntura actual, pero no suficiente para la atención integral de salud que la población necesita.
Médicos panameños vs médicos extranjeros
También debemos evitar un falso dilema: médicos panameños versus médicos extranjeros.
Si existe una necesidad crítica que no puede ser cubierta oportunamente con profesionales nacionales calificados, resulta razonable que el Estado explore mecanismos extraordinarios de cooperación y contratación internacional. Lo que no sería razonable es convertir esa excepción en la política permanente de recursos humanos del país.
La contratación de médicos extranjeros puede ser una herramienta sanitaria excepcional, pero no puede sustituir la obligación del Estado de corregir las fallas estructurales que producen la escasez.
Y aquí es donde la propuesta del MINSA debe ser evaluada con especial atención. Si se contrata a un especialista extranjero, deberían existir reglas claras: que responda a una necesidad demostrada, que sea una medida temporal, que no desplace injustificadamente a profesionales nacionales y, cuando sea posible, que contribuya a la formación y transferencia de capacidades al recurso humano panameño.
De lo contrario, corremos el riesgo de resolver la vacante de hoy y reproducir exactamente la misma vacante mañana.
La defensa del recurso nacional no puede ser un veto
Aunque la preocupación de los gremios médicos merece respeto, tampoco podemos utilizar la defensa del recurso nacional como un veto.
Es legítimo defender el ejercicio profesional de los médicos panameños, exigir transparencia en los procesos de contratación y rechazar soluciones improvisadas que puedan deteriorar las condiciones laborales o debilitar la formación nacional.
Pero una cosa es exigir reglas claras y otra convertir la contratación de extranjeros en un veto absoluto.
Porque mientras Estado y gremios discuten, el paciente espera.
- Espera una consulta.
- Espera una cirugía.
- Espera un diagnóstico.
- Espera un tratamiento.
Y esa espera tiene consecuencias. Como ya hemos señalado, la perspectiva del paciente suele estar ausente de este debate, que termina convirtiéndose en un pulseo entre instituciones, autoridades y gremios.
Por eso conviene formular la pregunta desde otro lugar: ¿Qué decisión garantiza mejor el derecho de los pacientes a recibir atención oportuna, segura y de calidad?
Esa debería ser la vara con la que evaluemos cualquier propuesta.
Pasar de la reacción a la planificación
La verdadera discusión, entonces, no es si Panamá debe contratar médicos especialistas extranjeros. La verdadera discusión es por qué seguimos llegando a este punto.
Si sabemos que Cardiología, Anestesiología, Oncología y otras especialidades son críticas; si sabemos que existen brechas territoriales; si conocemos los problemas del internado y las limitaciones de las residencias; si sabemos que las condiciones laborales influyen en la permanencia de los especialistas en el sistema público, entonces no estamos frente a un problema desconocido.
Estamos frente a un problema conocido que todavía no hemos resuelto. Por eso necesitamos pasar de la escasez a la decisión.
Necesitamos una planificación estratégica del talento humano en salud para los próximos 10 o 15 años; ampliar y reorganizar las oportunidades de formación especializada; fortalecer la red docente-asistencial; crear incentivos reales para trabajar en zonas de difícil acceso; mejorar las condiciones laborales y, sobre todo, establecer una gobernanza que articule al Estado, las universidades, los gremios y la sociedad.
Y necesitamos hacerlo con datos.
- ¿Cuántos especialistas tenemos?
- ¿Dónde están?
- ¿Cuántos necesitamos?
- ¿En qué especialidades?
- ¿En qué provincias?
- ¿Cuántas plazas de residencia ofrecemos?
- ¿Cuántos médicos quedan fuera del sistema de formación?
- ¿Por qué algunas plazas no se ocupan?
- ¿Y cuánto le cuesta al país no tomar estas decisiones?
Estas preguntas no son accesorias. Son el punto de partida de una verdadera política nacional de recursos humanos para la salud.
Una solución para hoy, una política para mañana
La eventual contratación de especialistas extranjeros puede ayudar a resolver necesidades urgentes. No debemos tener miedo de reconocerlo. Pero tampoco debemos confundir resolver una vacante con resolver el problema.
Una contratación internacional puede ser necesaria hoy. Lo que no podemos permitir es que dentro de cinco o diez años Panamá vuelva a encontrarse exactamente en el mismo lugar, preguntándose nuevamente dónde conseguir los especialistas que necesita.
Porque entonces el problema no serán los médicos extranjeros. El problema será nuestra incapacidad para aprender de la urgencia y convertirla en planificación.
Panamá tiene universidades, hospitales, médicos, estudiantes, docentes y capacidad para formar el talento humano que necesita. Lo que sigue haciendo falta es alinear esos recursos con las necesidades reales de la población y tomar las decisiones que hemos venido postergando.
En última instancia, este no es un debate sobre nacionalidades. Es un debate sobre qué sistema de salud queremos construir, qué médicos necesitamos formar y qué responsabilidad tenemos con quienes esperan atención.
Y hay algo que no deberíamos olvidar: detrás de cada vacante sin cubrir hay un servicio que no funciona plenamente; detrás de cada lista de espera hay una persona; y detrás de cada decisión sobre recursos humanos en salud hay una decisión sobre el país que queremos ser.
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