Comparto en el Blog, con algunas ampliaciones y referencias adicionales, el contenido de mi columna de opinión publicada en Destino Panamá, dedicada a analizar la desigualdad de oportunidades educativas en Panamá.
El punto de partida es el estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Education, Inequality and Inclusive Social Development, que analiza la desigualdad de oportunidades educativas en América Latina y el Caribe y su relación con el desarrollo social inclusivo. Su conclusión es contundente: la región enfrenta un doble desafío, conformado por las brechas de acceso a la educación y una profunda crisis de aprendizaje.
Es absolutamente pertinente para abordar la reforma educativa en Panamá.
La reforma educativa que Panamá necesita
Durante los últimos meses he señalado en estas páginas sobre la reforma educativa que Panamá necesita. He subrayado que el país no carece de diagnósticos ni de propuestas; que el verdadero desafío es decidir, ejecutar y sostener los cambios. También he abordado la gobernanza, de la carrera docente, de la necesidad de que la reforma llegue al aula y de garantizar que nuestros niños tengan las condiciones necesarias para aprender.
Esta conclusión nos obliga a preguntarnos: ¿qué significa realmente reformar la educación si el sistema no logra reducir las desigualdades que condicionan las oportunidades de nuestros estudiantes?
Desigualdad de oportunidades educativas en Panamá: la educación no empieza en la escuela
Durante mucho tiempo hemos evaluado nuestros sistemas educativos observando principalmente matrícula, cobertura, infraestructura o recursos invertidos. Todos son indicadores importantes, pero ninguno responde por sí solo a la pregunta fundamental: ¿están aprendiendo nuestros estudiantes y tienen todos las mismas oportunidades de aprender?
El documento de la CEPAL citado al inicio propone avanzar en esa dirección mediante un índice bidimensional de desigualdad de oportunidades educativas, que permite observar simultáneamente el acceso y los resultados de aprendizaje. Esto es fundamental porque una mayor cobertura no significa necesariamente igualdad de oportunidades, de la misma manera que mejores promedios pueden ocultar enormes brechas entre estudiantes.
No podemos conformarnos con que el sistema funcione administrativamente. Tenemos que preguntarnos si funciona para cada niño, niña y joven, independientemente de dónde nació, cuánto gana su familia o qué condiciones tiene su escuela.
Porque la desigualdad educativa no comienza cuando el estudiante se sienta frente al maestro. En buena medida, llega con él al aula.
Las condiciones económicas del hogar, el capital cultural, la nutrición, el territorio, la salud, la conectividad y las oportunidades disponibles durante la primera infancia influyen sobre las posibilidades de aprender. Una reforma educativa que ignore estas circunstancias corre el riesgo de pedirle a la escuela que resuelva, sola, problemas que la sociedad no ha querido enfrentar.
Uno de los aportes más importantes del estudio de la CEPAL es mostrar cuánto de las diferencias en los resultados educativos está asociado con circunstancias de origen que no dependen de los estudiantes. Esto debería preocuparnos especialmente en Panamá.
Por eso, la reforma educativa no puede ser solamente una reforma del Ministerio de Educación. Necesitamos una política nacional que articule educación con salud, nutrición, protección social, primera infancia, desarrollo territorial y empleo. Solo así podremos avanzar hacia una educación capaz de ampliar realmente las oportunidades y reducir las desigualdades desde el comienzo de la vida.
Del diagnóstico a la transformación
La desigualdad de oportunidades educativas en Panamá es evidente. Conocemos nuestros principales problemas educativos: rezagos en los aprendizajes, desigualdades sociales y territoriales, deficiencias de infraestructura, brechas de conectividad, dificultades de gestión y un currículo que debe actualizarse. La transformación exige dignificar y profesionalizar la carrera docente, fortalecer su formación y evaluar justamente su desempeño. Pero las políticas solo producen resultados cuando existe capacidad de ejecución y gobernanza, con responsabilidades claras, medición, evaluación y continuidad. La educación no puede reiniciarse cada cinco años. El desafío es gestionar por resultados: construir escuelas, entregar computadoras o capacitar docentes son medios. El verdadero resultado es que todos los estudiantes aprendan, independientemente de su origen social y territorial.
Una reforma educativa que no deje a nadie atrás
La reforma educativa que Panamá necesita debe tener una prioridad inequívoca: reducir las desigualdades de oportunidades y mejorar los aprendizajes al mismo tiempo.
Esto exige invertir decididamente en la primera infancia; garantizar que todos los estudiantes ingresen, permanezcan y culminen su trayectoria educativa; colocar el aprendizaje en el centro de la gestión; utilizar la evaluación para saber qué funciona y dónde debemos corregir; transformar la carrera docente; actualizar el currículo; fortalecer el liderazgo y la autonomía de las escuelas, y construir una gobernanza capaz de sostener la transformación más allá de los cambios políticos.
Desigualdad de oportunidades educativas en Panamá: la oportunidad que no podemos desperdiciar
La CEPAL aporta un argumento decisivo: la reforma educativa no es solamente una política sectorial, sino una política de desarrollo nacional.
Una educación de calidad amplía oportunidades, favorece la movilidad social, fortalece las capacidades productivas y contribuye a una sociedad más cohesionada. Por el contrario, una educación que reproduce las desigualdades de origen perpetúa brechas que luego intentamos corregir mediante otras políticas.
Debemos enfrentar la desigualdad de oportunidades educativas en Panamá. Decidir entre continuar administrando el sistema con ajustes parciales o asumir una transformación educativa integral, con visión de Estado, objetivos claros, metas verificables, evaluación, participación y continuidad.
No necesitamos empezar nuevamente, sino construir sobre lo que ya sabemos y ejecutar. La pregunta es: ¿cuánto tiempo más esperaremos?
Descubre más desde El Blog de Jorge Prosperi
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.