La propuesta de reducir de dos años a uno el internado médico en Panamá vuelve a colocar sobre la mesa una discusión que no puede resolverse simplemente contando meses. La pregunta fundamental no es si el internado debe durar uno o dos años. La pregunta es qué debe aprender y qué competencias debe demostrar un médico antes de comenzar su ejercicio profesional.
El Colegio Médico de Panamá ha señalado que la reducción a un año puede ser viable, siempre que esos doce meses correspondan a una verdadera práctica clínica supervisada, con tutores capacitados, evaluación por competencias y un programa nacional de internado. También ha advertido sobre el riesgo de que la reforma se limite a reducir el tiempo por razones presupuestarias, sin transformar la calidad de la formación.
Esa advertencia merece toda nuestra atención. Veamos algunos argumentos necesarios de considerar.
El problema no son los dos años; es cómo utilizamos esos dos años
Como señalé anteriormente en este blog, el internado médico constituye uno de los principales cuellos de botella de la formación médica en Panamá. Nuestro país forma médicos que, al terminar la universidad, encuentran un sistema limitado por el número de plazas disponibles y por un modelo que ya no responde adecuadamente a la realidad actual.
Panamá es, además, uno de los pocos países que mantiene un internado de dos años. Pero sería un error concluir que, por esa sola razón, debemos reducirlo automáticamente a un año.
Más tiempo no significa necesariamente mejor formación.
Un año de internado con objetivos claros, rotaciones pertinentes, supervisión efectiva, evaluación permanente y exposición suficiente a las competencias fundamentales podría resultar más formativo que dos años en los que una parte importante del tiempo se consume en actividades asistenciales, guardias o tareas que no necesariamente contribuyen al desarrollo profesional.
La duración es importante. Pero la calidad de la experiencia formativa lo es mucho más.
El verdadero desafío: transformar el internado médico
La propuesta de un internado de un año debería aprovecharse para revisar integralmente el modelo. No se trata de quitar doce meses. Se trata de preguntarnos qué debe contener cada uno de esos doce meses.
El Colegio Médico plantea varios elementos indispensables: práctica clínica supervisada, tutores preparados, evaluación por competencias y un programa nacional común.
A ellos agregaría otros que considero igualmente importantes:
- objetivos de aprendizaje definidos para cada rotación;
- estándares nacionales para las instituciones formadoras;
- evaluación objetiva y continua de las competencias;
- supervisión efectiva, no solamente nominal;
- rotaciones suficientes por medicina interna, cirugía, pediatría, gineco-obstetricia, urgencias y otras áreas fundamentales;
- experiencia obligatoria en atención primaria y salud comunitaria;
- formación en prevención y manejo de enfermedades crónicas;
- incorporación de competencias en salud pública, trabajo en equipo, comunicación clínica y transformación digital;
- condiciones laborales y de bienestar adecuadas para el interno.
El propósito debe ser claro: que todos los médicos que terminan el internado hayan alcanzado un conjunto común de competencias, independientemente de dónde hayan realizado su formación.
No todos los internados pueden seguir siendo diferentes. Si dos estudiantes terminan sus doce meses de internado en instituciones diferentes, el país debe poder garantizar que ambos han tenido oportunidades equivalentes para desarrollar las competencias esenciales.
Eso requiere un programa nacional de internado, con criterios comunes de formación, supervisión y evaluación.
Y esto tampoco sería empezar desde cero. El propio Programa Nacional de Internado Médico ya había incorporado una lógica basada en competencias, definido perfiles del médico interno, docentes e instituciones formadoras, actualizado las rotaciones y establecido mecanismos de evaluación. También contemplaba formación tanto hospitalaria como de atención primaria.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente qué nuevo programa vamos a diseñar.
Deberíamos preguntarnos:
¿Qué funcionó, qué no funcionó y por qué no logramos consolidar plenamente lo que ya habíamos construido?
La universidad también debe formar para el internado médico
Reducir el internado obliga inevitablemente a revisar la formación médica universitaria. Si el estudiante llega al internado después de seis años de formación, el sistema debe tener la certeza de que posee una base clínica suficiente para aprovechar intensivamente esos doce meses.
Por eso resulta pertinente la preocupación expresada por el Colegio Médico sobre la necesidad de que las distintas escuelas de Medicina garanticen una preparación clínica comparable antes del internado. No puede existir una reforma del internado sin una conversación seria sobre la calidad y pertinencia de la educación médica.
El camino debe ser continuo:
universidad → certificación de competencias → internado → residencia → educación médica continua.
Cada etapa debe preparar para la siguiente y, al mismo tiempo, responder a las necesidades del sistema de salud.
Formar médicos para el país que tenemos, no para el hospital que heredamos
Hay otro asunto que no deberíamos perder de vista. Panamá necesita fortalecer la atención primaria, prevenir enfermedades, controlar las enfermedades crónicas, reducir desigualdades territoriales y acercar los servicios de salud a las comunidades.
Por eso no sería coherente reducir el internado médico y mantener una formación predominantemente hospitalaria. El nuevo modelo debería aprovechar esos doce meses para que el futuro médico conozca también el primer nivel de atención, la comunidad y el territorio.
Necesitamos médicos capaces de atender al paciente, pero también de comprender por qué se enferma, dónde vive, cuáles son sus condiciones sociales y cómo puede prevenirse la enfermedad.
Esto resulta todavía más importante cuando enfrentamos una epidemia creciente de enfermedades no transmisibles y necesitamos fortalecer nuestra capacidad de prevención y atención integral. La propia discusión que hemos venido desarrollando sobre la formación del talento humano en salud apunta precisamente en esa dirección.
El interno no puede ser mano de obra barata
Hay otra dimensión que no puede quedar fuera.
El interno aprende trabajando y trabaja aprendiendo. Esa combinación puede ser extraordinariamente valiosa, pero también puede convertirse en un problema cuando las necesidades asistenciales terminan imponiéndose sobre los objetivos docentes.
Un hospital no debe considerar al interno simplemente como una persona que cubre guardias o completa turnos. El interno es, ante todo, un profesional en formación que debe estar acompañado por docentes capaces de supervisar, enseñar y evaluar.
Por eso, si el internado se reduce a doce meses, la supervisión tendrá que ser mejor, no menor. No podemos reducir el tiempo y mantener intactas las debilidades del modelo.
Un internado médico de un año debe ser parte de una reforma mayor
Hay algo más que me parece fundamental. La discusión sobre el internado no puede separarse de la discusión sobre las residencias médicas.
Si logramos que el médico complete un internado de calidad en un año, pero después permanece durante meses o años esperando una oportunidad para ingresar a una residencia, simplemente habremos trasladado el cuello de botella.
Panamá necesita una trayectoria formativa continua. Debe existir una planificación nacional que permita responder, con datos, preguntas muy concretas:
- ¿Cuántos médicos necesita Panamá?
- ¿Cuántos especialistas necesita?
- ¿En qué especialidades?
- ¿En qué provincias y territorios?
- ¿Cuántas plazas de internado necesitamos?
- ¿Cuántas plazas de residencia?
- ¿Cuántos médicos quedan fuera del proceso cada año?
- ¿Por qué?
- ¿Cuánto le cuesta al país esa pérdida de talento?
Estas preguntas son inseparables.
Como hemos señalado recientemente, Panamá necesita médicos especialistas pero el sistema no los forma. puede incluso verse obligado a recurrir a especialistas extranjeros para cubrir necesidades críticas. Pero esa respuesta coyuntural no sustituye una política nacional de formación y distribución del talento humano en salud.
La reforma debe medirse por competencias, no por meses
Quizás aquí esté la clave de toda la discusión.
En lugar de preguntarnos solamente si el internado médico debe durar uno o dos años, deberíamos preguntarnos: ¿Qué debe saber hacer un médico al finalizar su internado?
Y luego establecer los mecanismos para demostrar que efectivamente puede hacerlo.
Eso significa pasar de una lógica basada en tiempo a una lógica basada en competencias demostradas. El médico debe completar su formación cuando haya alcanzado los estándares establecidos, no simplemente porque haya transcurrido determinado número de meses.
Esto exige buenos programas, buenos docentes, buenos campos clínicos y buenas evaluaciones. Y exige algo todavía más importante: voluntad institucional para reconocer que formar médicos también es una responsabilidad del sistema de salud.
Una oportunidad que no deberíamos desperdiciar
La propuesta de reducir el internado médico a un año puede convertirse en una oportunidad para modernizar la formación médica panameña. Pero solamente si entendemos que la reforma no consiste en quitar un año. Consiste en rediseñar el internado alrededor de las competencias que el país necesita.
Un año puede ser suficiente si está bien estructurado. Dos años pueden ser insuficientes si están mal utilizados. Por eso, la discusión no debería plantearse como una oposición entre quienes quieren mantener los dos años y quienes quieren reducirlos a uno.
La discusión importante es otra: ¿Qué internado necesita Panamá para garantizar médicos competentes, seguros, humanos y preparados para responder a las necesidades reales de nuestra población?
Esa es la pregunta que deberíamos responder antes de aprobar cualquier cambio.
Porque si la reforma logra reducir un año de espera, mejorar la formación, facilitar el tránsito hacia las residencias y, al mismo tiempo, garantizar la calidad de la atención, habremos ganado todos.
Pero si solamente reducimos doce meses del calendario del internado médico y dejamos intactos los problemas de fondo, habremos cambiado la duración del internado sin transformar realmente la formación médica.
Y Panamá no necesita simplemente un internado más corto.
Necesita un internado médico mejor.

