
Las competencias necesarias en el sector público de salud abarcan desde las más técnicas hasta las más gerenciales y éticas, y es fundamental que quienes ocupen cargos en todos los niveles —estratégico, gerencial, técnico y comunitario— posean las competencias necesarias para cumplir con eficacia y ética su rol.
En ese sentido, la selección de funcionarios por mérito —basada en competencias, experiencia y resultados— es la única garantía de que los hospitales, centros de salud y programas comunitarios funcionen con eficacia. Sin ella, la salud pública queda expuesta a la improvisación, la mediocridad y, peor aún, a la captura política de un derecho fundamental.
Dicho esto, le dedico este artículo a reflexionar sobre las competencias necesarias en todos los niveles del sector público de salud y la importancia de la meritocracia para asegurar que la selección, promoción y permanencia del personal se base en méritos, capacidades comprobadas, experiencia y resultados, y no en vínculos personales o políticos.
Competencias necesarias en el sector público de salud
Comienzo subrayando que, el sector salud no puede ser un botín de reparto ni una agencia de empleos. Cada puesto ocupado por favoritismo, clientelismo o nepotismo es una oportunidad perdida para mejorar la atención y, en última instancia, una amenaza a la vida de los ciudadanos.
Las competencias necesarias de los recursos humanos se pueden organizar en cuatro grandes niveles: político–estratégico, directivo–gerencial, técnico–profesional y operativo–comunitario. Veamos qué significa cada uno, y no olvidemos que, en todos los niveles son transversales: ética y servicio público, equidad e inclusión, capacidad de respuesta ante emergencias sanitarias, y compromiso con la innovación y la mejora continua.
Nivel político–estratégico
Corresponde a las máximas autoridades (ministros, viceministros, directores nacionales). Obligados a definir la dirección del sistema de salud, garantizar gobernanza y rectoría. Para ello deben poseer las siguiente cinco competencias:

Nivel directivo–gerencial
Comprende a directores regionales, gerentes hospitalarios, jefaturas y coordinadores de programas. Les corresponde traducir las políticas en planes y servicios eficientes. Para eso requieren de las siguientes competencias:

Nivel técnico–profesional
Incluye al personal clínico, técnico y de salud pública (médicos, enfermeras, nutricionistas, epidemiólogos, salubristas, técnicos de laboratorio, etc.). Deben brindar atención clínica y de salud pública con calidad, seguridad y enfoque integral. Para ello necesitan las siguientes competencias.

Nivel operativo–comunitario
Conformado por promotores de salud, auxiliares, agentes comunitarios y personal de apoyo logístico. Les corresponde conectar el sistema con la comunidad y ejecutar acciones preventivas y logísticas. Las competencias deseables para este grupo son:

Conclusión sobre las competencias necesarias en el sector público de salud
Cada nivel tiene un rol específico, pero todos están vinculados entre sí. El éxito del sistema depende de que estas competencias de los recursos humanos se desarrollen de manera complementaria y con visión de conjunto. Por lo tanto, estos niveles conforman un sistema interdependiente:
- El nivel político marca la dirección.
- El gerencial traduce la estrategia en gestión efectiva.
- El técnico brinda la atención directa con calidad.
- El comunitario asegura cercanía, prevención y confianza social.
Meritocracia en el sector público de salud
La meritocracia en el sector público de salud es fundamental para garantizar que quienes ocupen cargos en todos los niveles —estratégico, gerencial, técnico y comunitario— posean las competencias necesarias para cumplir con eficacia y ética su rol. Se trata de asegurar que la selección, promoción y permanencia del personal se base en méritos, capacidades comprobadas, experiencia y resultados, y no en vínculos personales o políticos. Veamos un poco más sobre esta importantísima condición.
Necesidad de la meritocracia

Consecuencias del favoritismo, clientelismo y nepotismo

Conclusión sobre la meritocracia
En síntesis, la meritocracia es condición indispensable para garantizar que el sistema de salud público funcione con eficiencia, equidad y legitimidad social. Sin ella, se abre paso a una espiral de mediocridad, corrupción y pérdida de confianza que termina pagando la ciudadanía con servicios deficientes y con el deterioro de su salud.
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Buena exposición y desarrollo de un tema tan relevante como polémico. Este articulo es una pieza maestra de advocacy, recordatorio poderoso y necesario de los principios que deben guiar la gestión del talento humano en salud. Pusiste sobre la mesa un tema crítico de forma clara y contundente. Gracias.
Gracias amigo, tus palabras redoblan mi compromiso con la difusión de información que _espero_ sea de utilidad para los tomadores de decisiones y para los demás, que hemos visto como históricamente le pasan por encima a la meritocracia y prevalece el clientelismo de todo tipo en todos los niveles del sistema.