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Ciudades inclusivas y saludables para todos

A partir de una breve mirada crítica a nuestra ciudad, los invito a la lectura de mis publicaciones previas  dedicadas a subrayar la necesidad de trabajar juntos para vivir en ciudades inclusivas y saludables para todos.

Como señalé en “Por una ciudad inclusiva, segura, resiliente y sostenible”, los citadinos queremos vivir en una ciudad inclusiva y saludable, segura, resiliente y sostenible y, no hay que ser un genio para concluir que nuestra principal ciudad, donde habitan más de 2 millones de personas en su área metropolitana en conjunto, dista, pero mucho de ser una ciudad inclusiva, segura y saludable para todos.

Pero, la recuperación de nuestra ciudad es un asunto de todos los ciudadanos, y no solamente de las autoridades y empresas. Si queremos que nuestra ciudad sea inclusiva y saludable, segura, resiliente y sostenible, debemos ejercer nuestro derecho y deber de participar activamente en la gobernanza y la gestión de nuestra ciudad, comenzando por identificar problemas, proponer soluciones, sumarnos para el desarrollo de estas y; eligiendo con inteligencia en la próxima contienda electoral. Ahí están las metas del ODS 11, hagamos el esfuerzo por cumplirlas.

Una breve mirada crítica a nuestra ciudad de Panamá

Para comenzar, aunque Panamá cuenta con varias normativas en la materia de ordenamiento territorial, en nuestra ciudad, el crecimiento urbano ha sido anárquico, y sin planificación alguna, salvo en las agendas de los empresarios que construyen y la institución que proporciona los permisos. Existe un auge desordenado de construcciones desproporcionadamente inmensas para los barrios donde están ubicándose, afectando nuestra movilidad, el aire que respiramos, provocando tranques vehiculares, inundaciones, y generando estrés y accidentes. Por otro lado, tampoco hay acceso para todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles, en particular a los barrios marginales.

Con respecto a la basura, es evidente que se ha tomado la ciudad y la vemos acumulada en cualquier esquina, pues los citadinos simplemente nos deshacemos de cualquier clase de basura en las aceras, veredas, zaguanes, calles: restos de comida, latas, botellas, plásticos, colchones, televisores y refrigeradoras viejas, etc., y después esperamos que vengan los de la Autoridad de Aseo _ que alega no tener recursos _ y recojan todas las porquerías que arrojamos. Y como eso no ocurre con la frecuencia debida, sobre todo en los barrios menos favorecidos, la basura se acumula convirtiéndose en criadero de alimañas y fuente de enfermedades. Y sumemos a esta inmundicia las inundaciones al llegar las lluvias por el acúmulo de desperdicios en los cauces de nuestros ríos.

Nuestros sistemas de transporte tampoco son seguros, asequibles y sostenibles para todos, lo que ocasiona una gran inseguridad vial responsable por cerca de 15 mil accidentes de transporte cada año, la mayoría de ellos por colisiones, como consecuencia del ausencia de planificación urbana, las calles en mal estado, el manejo desordenado, la falta de consideración y la no menos importante, ausencia de autoridades.

Igualmente difícil, si no imposible es el acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles, en particular para las mujeres y los niños, las personas de edad y las personas con discapacidad. Trate usted de llegar a un parque, tiene que salir de su oficina o de su casa, dispuesto a pasar una hora en el “tranque”, estresándose, enfermándose y sufriendo toda clase de abusos e improperios por parte de la mayoría de los conductores. ¿Cuándo fue la última vez que paseamos por cualquier parque?, ¿hay parques cerca de nuestras casas?, ¿cuánto tiempo tardamos en llegar a nuestro trabajo todos los días? ¿caminamos, lo hacemos en bicicleta, en nuestro carro, en el ineficiente sistema de transporte que padecemos? Es probable que la mayoría de los que vivimos en la ciudad de Panamá, excepción de unos pocos corregimientos privilegiados, demos respuestas desalentadoras a estas preguntas.

Como si lo anterior fuera poco, está el grave asunto de la inseguridad en nuestras calles. La mayoría de los ciudadanos nos sentimos inseguros. Mantenemos altas cifras de violencia general, doméstica y en especial contra las mujeres, el número de pandillas va en aumento, y no son raros los secuestros, asaltos a cualquier clase de negocios y empresas, y las muertes vinculadas a los ajustes de cuentas, como lo demuestran las noticias casi diarias de homicidios en cualquier sitio.

«Ciudades Inclusivas: Ciudades Saludables para Todos»

Comienzo por recomendar la lectura de la reciente publicación del Banco Interamericano de Desarrollo titulada “Ciudades Inclusivas: Ciudades Saludables para Todos”, y a complementar con los 20 artículos publicados en este blog sobre el tema. A continuación comparto el breve resumen que nos ofrece el libro en sus páginas iniciales y subrayo la importancia de la lectura completa para nuestras autoridades municipales y, en especial, para los aspirantes a Alcalde de nuestras principales ciudades.

  • Esta publicación aborda algunos de los principales desafíos que enfrentan las ciudades en materia de salud. Su objetivo es servir como guía para que los gestores públicos, y tomadores de decisiones, puedan optimizar el gran potencial que tienen las ciudades para mejorar el bienestar de quienes residen en ellas en América Latina y el Caribe”.
  • Está organizada en dos partes. La primera parte, Desigualdades en Salud en las Ciudades de América Latina, se centra en identificar las formas en las que la desigualdad social ha afectado negativamente a la salud, con el fin de poner de relevancia el desafío que supone la desigualdad, y la urgencia para encontrarle solución. La segunda parte, Políticas Urbanas para Ciudades Saludables, se centra en cómo las ciudades pueden contribuir a mejorar los estándares de salud de sus habitantes”.
  • La monografía aborda temas críticos para la salud urbana, como la interdependencia entre factores físico-sociales y salud, la relación entre las características urbanas y la incidencia de COVID-19, las conexiones entre la desigualdad social y la exposición a la contaminación ambiental, la relación entre la planificación urbana y la violencia de género, el poder de las intervenciones urbanas -como el transporte público y la vivienda social- para mejorar los indicadores de salud, y la relevancia de contar con buenos datos para mejorar la accesibilidad de los sistemas de salud. Todas las contribuciones en este libro se basan en datos e investigaciones rigurosas, y presentan casos reales de las ciudades de la región”.

 Conclusión

Solo me resta subrayar que esta publicación del BID cobra especial relevancia ahora que nuestra la fauna política criolla está calentando motores para la próxima contienda electoral. Por ello es obligatorio que incluyan en sus planes de trabajo, el cumplimiento con los compromisos que adquirimos al suscribir en el año 2015 la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 y, en el tema que ocupa esta publicación, el cumplimiento de las metas del ODS 11 que propone mejorar la seguridad y la sostenibilidad de las ciudades.

Pero, la recuperación de nuestra ciudad es un asunto de todos los ciudadanos, y no solamente de las autoridades y empresas. Si queremos que nuestra ciudad sea inclusiva y saludable, segura, resiliente y sostenible, debemos ejercer nuestro derecho y deber de participar activamente en la gobernanza y la gestión de nuestra ciudad, comenzando por identificar problemas, proponer soluciones, sumarnos para el desarrollo de estas y; eligiendo con inteligencia en la próxima contienda electoral. Ahí están las metas del ODS 11, hagamos el esfuerzo por cumplirlas.

 

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