El reloj demográfico en Panamá está corriendo y el país atraviesa una etapa decisiva de su transición demográfica, marcada por menor fecundidad, mayor esperanza de vida y un progresivo envejecimiento de la población. Sin embargo, la edad cronológica no determina por sí sola la capacidad de participar en la economía y la sociedad.
En ese sentido comparto mi publicación de La Estrella de Panamá en la que manifiesto que el desafío es aprovechar el talento de todas las generaciones, promoviendo equipos intergeneracionales donde jóvenes y mayores trabajen juntos, aprendan unos de otros y complementen sus capacidades, sin jóvenes desplazados ni mayores descartados.