Inteligencia artificial en salud pública

La inteligencia artificial puede contribuir a mejorar la atención y la gestión sanitaria cuando se incorpora de manera responsable y centrada en las personas

¿Está preparado Panamá para aprovechar la inteligencia artificial en salud pública para el beneficio de la población? ¿Contamos con los sistemas de información, la infraestructura, el talento humano y las reglas necesarias para utilizarla de manera segura y eficaz?

Estas preguntas merecen formar parte de la agenda nacional de transformación del sistema de salud. La inteligencia artificial (IA) está abriendo nuevas posibilidades para analizar información, apoyar decisiones clínicas y administrativas, mejorar la vigilancia epidemiológica y anticipar necesidades sanitarias. Sin embargo, sus beneficios no dependen solamente de la tecnología disponible, sino también de las capacidades institucionales, la calidad de los datos y la voluntad de poner la innovación al servicio de las personas.

Inteligencia artificial en salud pública

En este contexto, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ofrece herramientas, orientaciones y recursos para que los países incorporen la inteligencia artificial en salud pública de manera responsable. Panamá tiene la oportunidad de aprovecharlos para fortalecer sus instituciones, mejorar los servicios y avanzar hacia un sistema de salud más integrado, equitativo y eficiente.

La inteligencia artificial no sustituye la transformación del sistema de salud

Conviene comenzar por una distinción fundamental: incorporar inteligencia artificial no equivale a transformar un sistema de salud.

La transformación exige revisar cómo se organizan y financian los servicios, cómo se coordinan las instituciones, cómo circula la información y cómo se garantiza que cada persona reciba oportunamente la atención que necesita. La tecnología puede contribuir a resolver estos problemas, pero no sustituye las decisiones políticas, la gestión institucional ni la responsabilidad de las autoridades sanitarias.

En Panamá, donde la fragmentación entre el Ministerio de Salud (MINSA) y la Caja de Seguro Social (CSS) constituye uno de los grandes desafíos estructurales, la IA debe considerarse parte de una estrategia más amplia de integración de los servicios.

Por ejemplo, bien diseñada y validada, podría contribuir a mejorar la planificación de los recursos, identificar necesidades de atención en los territorios, fortalecer la vigilancia epidemiológica, optimizar la gestión de medicamentos y apoyar la evaluación de la calidad de los servicios. También podría facilitar el análisis de listas de espera y ayudar a anticipar la demanda de determinadas prestaciones.

Estas son oportunidades que merecen evaluarse, no resultados que debamos dar por garantizados. Cada aplicación requiere datos confiables, pruebas rigurosas, supervisión profesional y evaluación de sus efectos sobre la salud, los costos y la equidad.

Una oportunidad que ofrece la OPS

La OPS ha desarrollado una agenda de inteligencia artificial para la salud que merece especial atención. Su portal reúne documentación técnica, principios orientadores, recursos de alfabetización digital y herramientas para evaluar las condiciones necesarias para una incorporación responsable de estas tecnologías.

Invito a los lectores, particularmente a las autoridades del MINSA y la CSS, los equipos técnicos, los profesionales sanitarios, las universidades y los responsables de las políticas públicas, a visitar el portal de Inteligencia Artificial para la Salud de la OPS.

Entre sus recursos, destacaría tres que pueden ayudarnos a pasar de las declaraciones de interés a una agenda concreta de trabajo.

Kit de evaluación de preparación para la inteligencia artificial en salud pública

Esta herramienta, desarrollada por la OPS y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), permite examinar las condiciones de un país para incorporar IA a sus sistemas de salud. Considera aspectos como la gobernanza, la infraestructura digital, la calidad y gestión de los datos, el talento humano, la financiación, la regulación, la participación pública y la evaluación de resultados.

Su utilidad para Panamá es evidente: antes de decidir qué tecnologías adquirir o desarrollar, necesitamos conocer nuestras fortalezas, identificar las brechas y establecer prioridades.

El documento está disponible en español: Inteligencia Artificial en Salud Pública: Kit de herramientas de evaluación de la preparación.

AI-GUARD, una herramienta para evaluar la gobernanza y el uso responsable

Publicada por la OPS en junio de 2026, esta herramienta, desarrollada con el BID, ayuda a evaluar iniciativas específicas de IA antes de adoptarlas, adquirirlas, desarrollarlas o ampliarlas.

AI-GUARD permite examinar su valor estratégico, los riesgos potenciales, las responsabilidades institucionales, la supervisión humana y las medidas para prevenir sesgos y desigualdades. También considera la validación, el seguimiento y la sostenibilidad de las soluciones.

Es un recurso particularmente importante para evitar que las instituciones inviertan en aplicaciones que no respondan a necesidades prioritarias, carezcan de evidencia suficiente o puedan perjudicar a determinados grupos de la población.

Puede consultarse en AI-GUARD: evaluación de la gobernanza y el uso para un despliegue responsable.

Documentación técnica y los recursos de formación

La OPS también reúne publicaciones sobre ética, regulación, protección de datos, sesgos algorítmicos y transformación digital, así como materiales para fortalecer las capacidades de los equipos de salud.

Estos recursos son esenciales porque la incorporación responsable de IA no puede quedar exclusivamente en manos de especialistas en informática. Los directivos deben comprender sus implicaciones estratégicas; los profesionales sanitarios, sus posibilidades y limitaciones; y los responsables de las políticas públicas, las condiciones necesarias para proteger los derechos de las personas.

La documentación puede consultarse en la sección de recursos técnicos sobre inteligencia artificial de la OPS.

¿Qué debería hacer Panamá?

Aprovechar estos recursos requiere voluntad de convertir el conocimiento en decisiones.

Propongo comenzar con una evaluación nacional de preparación para la inteligencia artificial en salud pública, con participación del MINSA, la CSS, las instituciones académicas y los demás actores pertinentes. Este ejercicio permitiría identificar capacidades existentes, brechas tecnológicas y necesidades de formación, así como establecer prioridades compartidas.

A partir de sus resultados, Panamá podría definir una hoja de ruta que incluya reglas de gobernanza, protección de datos, interoperabilidad de los sistemas de información, formación del personal y selección de proyectos piloto vinculados con problemas concretos de salud pública y gestión sanitaria.

Las iniciativas seleccionadas deberían contar desde el comienzo con indicadores que permitan determinar si mejoran los resultados, amplían el acceso, reducen tiempos de espera, utilizan mejor los recursos y contribuyen a disminuir las desigualdades. Asimismo, tendrían que someterse a validación, supervisión humana y evaluación continua.

Todo ello debe acompañarse de garantías para que los algoritmos no reproduzcan sesgos existentes ni profundicen las brechas que afectan a las poblaciones más vulnerables.

Innovar para mejorar la salud de todos

La inteligencia artificial ofrece oportunidades importantes, pero no debemos confundir innovación con progreso automático. Una tecnología solo representa un avance cuando ayuda a resolver problemas reales, mejora la atención y produce beneficios verificables para la población.

Panamá no necesita comenzar desde cero. Cuenta con los marcos de referencia, las herramientas y la experiencia internacional que ofrecen la OPS y otros organismos. Aprovecharlos permitiría iniciar el proceso con mayor rigor, reducir riesgos y orientar las inversiones hacia objetivos de salud pública claramente definidos.

La invitación es concreta: conozcamos, estudiemos y utilicemos los recursos que la OPS pone a nuestra disposición para evaluar nuestra preparación y construir una estrategia nacional de inteligencia artificial en salud.

No se trata de incorporar tecnología por estar a la vanguardia, sino de utilizarla con responsabilidad para fortalecer las instituciones, integrar los servicios y garantizar que cada persona, independientemente de dónde viva o de su condición económica, pueda acceder oportunamente a una atención de calidad.

Ese debe ser el criterio para medir el éxito de la transformación digital: no cuánta inteligencia artificial incorporamos, sino cuánto mejora la salud y el bienestar de nuestra población.

 


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