Comparto el contenido de mi columna en Destino Panamá dedicado a reflexionar sobre la importancia de la Inteligencia artificial en la gestión pública y subrayo de entrada que, la verdadera transformación comienza cuando nos preguntamos qué problemas queremos resolver y cómo podemos ofrecer mejores respuestas a las personas.
El verdadero desafío no consiste en construir un Estado que utilice más tecnología, sino uno que escuche mejor, resuelva más y sirva a las personas con mayor oportunidad, transparencia y equidad.
Inteligencia artificial en la gestión pública: del trámite a la solución
La inteligencia artificial (IA) está transformando la manera en que los gobiernos pueden organizar su trabajo, analizar información y responder a las necesidades de la ciudadanía. Puede ayudar a detectar problemas antes de que se agraven, reducir tareas administrativas repetitivas y mejorar la planificación de los servicios. Pero conviene recordar que incorporar tecnología no equivale, por sí solo, a modernizar el Estado.
Panamá ya cuenta con una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial. El desafío ahora es convertir las oportunidades de esta tecnología en mejoras concretas para la población: trámites más sencillos, decisiones mejor informadas, recursos públicos utilizados con mayor eficiencia y servicios oportunos, transparentes y equitativos.
La inteligencia artificial puede mejorar la experiencia de quienes realizan trámites ante las instituciones públicas, mediante asistentes virtuales, identificación de retrasos y automatización de tareas repetitivas que liberen tiempo para la atención ciudadana. Sin embargo, digitalizar procedimientos complejos no garantiza mejores servicios.
Si persisten requisitos redundantes, bases de datos incompatibles y responsabilidades dispersas, la tecnología puede reproducir esas deficiencias a mayor velocidad.
Un primer desafío
En Panamá, la modernización pública exige fortalecer la coordinación institucional y el intercambio oportuno y seguro de información. La IA puede facilitar el análisis y aprovechamiento de los datos, pero no sustituye los acuerdos entre instituciones, los estándares comunes ni la voluntad de trabajar coordinadamente. Por ello, antes de automatizar, debemos revisar los procesos, eliminar pasos innecesarios y simplificar requisitos.
El objetivo no es trasladar la burocracia a una pantalla, sino construir una administración pública que resuelva problemas, facilite la vida de las personas y ofrezca servicios más oportunos y eficientes.
Oportunidades concretas para Panamá
La inteligencia artificial ofrece oportunidades en diversas áreas de la gestión pública. En salud, puede apoyar la planificación de medicamentos, la gestión de listas de espera y la vigilancia epidemiológica; en educación, ayudar a identificar riesgos de ausentismo y abandono escolar; y en protección social, reconocer necesidades desatendidas.
Los municipios también podrían utilizarla para organizar solicitudes ciudadanas y planificar el mantenimiento de la infraestructura. Sin embargo, estas posibilidades no garantizan resultados.
Cada aplicación debe evaluarse según su pertinencia, calidad, costos, riesgos y beneficios, con mecanismos que protejan los derechos de las personas. No se trata de incorporar inteligencia artificial en todas partes, sino de utilizarla donde pueda demostrar que genera valor público y mejora los servicios a la ciudadanía.
Innovar sin sacrificar derechos
La modernización del Estado no puede vulnerar los derechos de las personas. La IA puede cometer errores, reproducir sesgos y excluir a quienes carecen de conectividad o competencias digitales.
También plantea riesgos para la privacidad, la ciberseguridad y la transparencia, además de posibles dependencias tecnológicas. Por ello, las instituciones deben proteger los datos personales, evaluar los sistemas y supervisar sus resultados.
Las decisiones automatizadas que afecten derechos o prestaciones esenciales deben permitir revisión humana, explicación y reclamación. Asimismo, deben mantenerse canales presenciales y accesibles. La transformación digital debe ampliar el acceso a los servicios públicos, nunca crear nuevas barreras ni profundizar desigualdades.
De las promesas a los resultados
Para convertir estas oportunidades en una política efectiva, las instituciones deben identificar problemas prioritarios y desarrollar proyectos piloto con objetivos, indicadores, plazos y responsables definidos. Cada iniciativa debe precisar qué necesidad ciudadana resolverá, qué recursos requiere y cómo protegerá los derechos de las personas.
La evaluación debe medir resultados concretos: reducción de esperas, simplificación de trámites, menos errores, calidad de la atención, ahorro verificable y satisfacción de los usuarios. No basta con instalar un asistente virtual; hay que comprobar si facilita gestiones y mejora la experiencia ciudadana.
Los resultados deben publicarse para decidir qué iniciativas ampliar, corregir o abandonar. Esto exige fortalecer las capacidades de los funcionarios, mejorar la calidad e interoperabilidad de los datos y establecer reglas claras de gobernanza y rendición de cuentas. La IA debe apoyar el trabajo público, no diluir la responsabilidad institucional.
Inteligencia artificial en la gestión pública: un Estado que responda mejor
La Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial ofrece un marco para avanzar. El siguiente paso es traducir sus oportunidades en decisiones, proyectos y resultados que puedan comprobarse en la vida cotidiana.
Panamá no necesita medir su modernización por la cantidad de plataformas adquiridas ni por el número de trámites trasladados a internet. Debe medirla por su capacidad para resolver problemas, garantizar derechos, utilizar responsablemente los recursos públicos y responder a las necesidades de todos los ciudadanos.
La inteligencia artificial en la gestión pública puede contribuir a ese propósito, siempre que esté acompañada de instituciones capaces, funcionarios preparados, reglas transparentes y una ciudadanía protegida.
Porque el verdadero desafío no consiste en construir un Estado que utilice más tecnología, sino uno que escuche mejor, resuelva más y sirva a las personas con mayor oportunidad, transparencia y equidad.
Lecturas complementarias
- CEPAL: Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2026
- OPS/OMS: Episodio 34 de Hablemos de Salud: «IA en salud: ¿Estamos preparados?»
- Inteligencia artificial en salud pública
- Inteligencia artificial y salud: ¿estamos preparados?

