Los países reunidos en la 79 Asamblea Mundial de la Salud aprobaron recientemente la Estrategia sobre la economía de la salud para todos (2026-2030). Una estrategia histórica que podría redefinir la manera en que el mundo entiende la relación entre economía, bienestar y desarrollo.
La aprobación de representa mucho más que otro documento técnico de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo que allí se plantea es un cambio conceptual profundo: colocar la salud en el centro de la política económica.
Comparto las ideas centrales de la estrategia y los invito a la lectura del documento completo.
Una introducción obligatoria
La Estrategia sobre la economía de la salud para todos (2026-2030) parte de una idea sencilla pero transformadora: la salud no debe verse únicamente como un gasto público, sino como una inversión estratégica para la productividad, la cohesión social, la resiliencia económica y el desarrollo sostenible.
En otras palabras, el bienestar deja de ser una consecuencia eventual del crecimiento económico y pasa a convertirse en una condición necesaria para alcanzarlo.
El bienestar de las personas en el centro de las decisiones
La estrategia propone una visión de un mundo donde la economía esté al servicio de las personas y no al revés. Plantea que la salud y el bienestar deben ocupar un lugar central en las decisiones fiscales, económicas, industriales y sociales.
Los Estados Miembros resaltaron la urgencia de avanzar hacia economías orientadas al bienestar, especialmente en un contexto mundial marcado por:
- aumento de desigualdades,
- crisis climática,
- endeudamiento creciente,
- fragilidad de los sistemas de salud,
- envejecimiento poblacional,
- y estancamiento de avances en cobertura sanitaria universal.
La OMS recuerda además que millones de personas continúan cayendo en pobreza por gastos médicos directos y que más de la mitad de la población mundial aún carece de acceso adecuado a servicios esenciales de salud.
Una economía centrada en las personas
El enfoque de la estrategia se inspira en el concepto de “economías del bienestar”, que busca alinear políticas económicas y sociales con objetivos de salud pública, equidad y sostenibilidad.
La OMS propone ocho principios fundamentales:
- enfoque centrado en las personas,
- acción coordinada de todo el gobierno,
- participación social,
- equidad,
- igualdad de género,
- liderazgo nacional,
- políticas basadas en evidencia,
- y sostenibilidad ambiental.
El documento subraya además que la salud depende en gran medida de decisiones tomadas fuera del propio sector salud, particularmente en áreas como:
- política fiscal,
- empleo,
- comercio,
- innovación,
- protección social,
- y regulación económica.
Más allá del PIB
Uno de los elementos más relevantes de la estrategia es su cuestionamiento a la visión tradicional del PIB como principal indicador de progreso.
La OMS plantea que un país puede crecer económicamente y, al mismo tiempo, deteriorar la salud, aumentar desigualdades y debilitar su cohesión social.
Por ello, propone avanzar hacia:
- indicadores multidimensionales de bienestar,
- presupuestos orientados a resultados sociales,
- evaluaciones sanitarias de políticas económicas,
- y nuevas métricas de equidad y calidad de vida.
La pregunta dejaría de ser únicamente cuánto crece una economía, para comenzar a preguntarse cuánto mejora efectivamente la vida de las personas.
La salud no es gasto
Otro de los cambios más importantes del documento es su insistencia en redefinir la inversión en salud.
La estrategia sostiene que fortalecer sistemas sanitarios, protección social, nutrición, agua potable, saneamiento y atención primaria no debe entenderse como una carga fiscal, sino como inversión estratégica en productividad, capital humano y estabilidad social.
Por esa razón, el documento impulsa:
- mayor financiamiento sostenible para salud,
- fortalecimiento de seguros nacionales,
- inversión en innovación sanitaria,
- y mecanismos fiscales orientados al bienestar.
También promueve políticas tributarias saludables, incluyendo impuestos al tabaco, alcohol y bebidas azucaradas, como herramientas simultáneas de salud pública y financiamiento.
Los cinco grandes ejes de transformación
La estrategia se estructura alrededor de cinco grandes ejes:
- Política económica para la salud Integrar objetivos de salud y equidad dentro de las políticas económicas nacionales.
- Valorar e invertir en salud Reconocer la salud como motor de desarrollo y no únicamente como gasto social.
- Financiamiento sostenible Fortalecer recursos internos, eficiencia del gasto y cooperación internacional.
- Capacidades institucionales Desarrollar mejores capacidades estatales, coordinación interministerial y gobernanza.
- Evidencia y conocimiento Fortalecer investigación, sistemas de información y políticas basadas en evidencia científica.
Implicaciones estratégicas
La propuesta representa un giro importante en la gobernanza global de salud.
En la práctica, desplaza el debate desde cuánto cuesta la salud hacia cuánto valor económico y social genera la salud. Eso implica:
- mayor integración entre ministerios de salud y finanzas,
- presupuestos basados en bienestar,
- fortalecimiento de políticas preventivas,
- y una visión más activa del Estado en regulación e inversión social.
La estrategia también redefine el concepto mismo de resiliencia nacional, al reconocer que países con profundas desigualdades sociales y sistemas de salud débiles son también países más vulnerables económica, política y socialmente.
Los desafíos
Aunque la propuesta tiene un enorme potencial transformador, su implementación enfrentará desafíos considerables:
- restricciones fiscales,
- debilidad institucional,
- resistencia de intereses económicos,
- desigualdades globales de financiamiento,
- y tensiones entre salud pública y modelos económicos tradicionales.
Además, muchas de las reformas planteadas requerirán altos niveles de capacidad estatal, coordinación intersectorial y continuidad política.
Economía de la Salud para Todos: una discusión inevitable
En esencia, la OMS propone pasar de una economía donde la salud es subordinada al crecimiento económico, hacia una economía diseñada deliberadamente para producir bienestar, equidad y resiliencia social.
La idea central del documento puede resumirse en una frase poderosa que venimos subrayando desde hace décadas:
“La salud no es consecuencia del desarrollo; es una condición necesaria para alcanzarlo”. Y probablemente esa sea una de las discusiones más importantes que el mundo tendrá que dar durante la próxima década.
Descubre más desde El Blog de Jorge Prosperi
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.