Comparto el contenido ampliado de mi columna de opinión en Destino Panamá dedicada a subrayar a necesidad de avanzar en el desarrollo local sostenible de nuestro país.
El gran desafío es transformar el crecimiento en desarrollo y el desarrollo nacional en oportunidades concretas para cada territorio. Porque Panamá no avanzará verdaderamente como un solo país hasta que el progreso deje de tener geografía y las oportunidades lleguen, de verdad, a todos los panameños.
Las contradicciones del desarrollo en Panamá
Panamá ha demostrado durante décadas una extraordinaria capacidad para crecer. Sin embargo, ese crecimiento no ha llegado con la misma intensidad a todos los territorios ni se ha traducido, para todos los panameños, en iguales oportunidades para desarrollar sus capacidades y mejorar sus condiciones de vida.
Esta es, probablemente, una de las grandes contradicciones de nuestro desarrollo. Mientras algunos territorios concentran inversión, infraestructura, servicios, empleo y oportunidades, otros continúan enfrentando múltiples privaciones que se reflejan en la pobreza multidimensional, las brechas educativas, las dificultades de acceso a servicios básicos, la precariedad del empleo y las limitadas oportunidades para la población. El desarrollo local sigue siendo una quimera en esas comunidades.
Los promedios nacionales pueden ocultar esta realidad. Pero Panamá no es un territorio homogéneo y sus necesidades tampoco lo son. Cada provincia, distrito y corregimiento tiene características propias, diferentes recursos, capacidades y problemas. Pretender resolverlos todos desde una misma lógica, diseñada principalmente desde el nivel central, limita nuestra capacidad para alcanzar un desarrollo verdaderamente inclusivo.
Del crecimiento nacional al desarrollo local de los territorios
El desarrollo local no significa simplemente construir más obras en los municipios o transferir recursos para pequeñas inversiones. Significa reconocer que el desarrollo ocurre en los territorios, donde viven las personas, trabajan las empresas, se desarrollan las comunidades y se hacen evidentes —o deberían hacerse evidentes— las consecuencias de las políticas públicas.
Esta primera reflexión nos lleva inevitablemente al presupuesto nacional. Cada balboa que el Estado recauda y gasta representa una oportunidad para mejorar la vida de la población y transformar los territorios. Sin embargo, para que el presupuesto contribuya realmente al desarrollo local, debe responder mejor a las necesidades y prioridades de cada región del país.
No se trata de fragmentar la planificación nacional ni de distribuir los recursos de manera indiscriminada. Panamá necesita objetivos nacionales claros, pero también políticas, inversiones y capacidades capaces de responder a la diversidad de sus territorios.
La descentralización como instrumento para el desarrollo local sostenible
En este contexto, la descentralización debe entenderse como un instrumento para acercar las decisiones públicas a la ciudadanía, fortalecer la capacidad de los territorios para identificar y resolver sus problemas y promover una mayor participación de las comunidades en la definición de su propio futuro.
Para que esto ocurra, los gobiernos locales necesitan recursos suficientes, pero también capacidades técnicas, sistemas de información, mecanismos de planificación, transparencia y rendición de cuentas. Transferir competencias sin fortalecer esas capacidades puede simplemente trasladar los problemas del nivel central al nivel local.
Del mismo modo, el nivel nacional debe establecer las grandes prioridades del país, garantizar la equidad entre territorios, apoyar a aquellos con menores capacidades y asegurar que ningún panameño quede rezagado por vivir en una región con menos recursos o menores oportunidades.
La pobreza multidimensional nos muestra dónde actuar
La pobreza multidimensional ofrece una herramienta particularmente valiosa para orientar esta discusión. Nos recuerda que la pobreza no es solamente falta de ingresos, sino la acumulación de privaciones que limitan la capacidad de las personas para vivir con dignidad y aprovechar las oportunidades.
La información más reciente confirma, además, que es posible avanzar. Según el Ministerio de Economía y Finanzas, la incidencia de la pobreza multidimensional en Panamá se redujo de 14.7 % en 2022 a 12.4 % en 2025. Pero el dato nacional, aunque alentador, no debe ocultar las profundas diferencias entre los territorios. El Índice de Pobreza Multidimensional a nivel de corregimientos muestra con mayor precisión dónde se concentran las privaciones y nos recuerda que la pobreza tiene una clara geografía. Por ello, conocer el promedio nacional es indispensable, pero no suficiente: necesitamos utilizar la información territorial para orientar mejor la planificación, la inversión pública y la acción coordinada del Estado.
Estas privaciones no se distribuyen de manera uniforme en el país. Se concentran con mayor intensidad en determinados territorios y afectan de manera diferente a las comunidades. Por eso, combatir la pobreza exige algo más que programas nacionales diseñados de manera general.
Esta diversidad exige políticas públicas capaces de actuar de manera integral en el territorio. No basta con que cada institución ejecute sus propios programas. El desarrollo local requiere coordinación, prioridades compartidas y una visión común entre el gobierno nacional, los gobiernos locales, el sector privado, las organizaciones sociales y, sobre todo, las propias comunidades.
Una nueva forma de mirar el desarrollo local
Si aspiramos a construir un Panamá más próspero y equitativo, tendremos que mirar el desarrollo desde los territorios. Esto implica preguntarnos, antes de cada gran decisión pública, cómo contribuirá a reducir las brechas entre regiones y a ampliar las oportunidades de quienes viven en las comunidades más rezagadas.
Implica también vincular mucho mejor la planificación, el presupuesto y la descentralización. Planificar sin conocer las realidades territoriales conduce a políticas desconectadas de las necesidades de la población. Presupuestar sin una visión de equidad territorial puede profundizar las desigualdades. Y descentralizar sin recursos ni capacidades puede generar frustración en lugar de desarrollo.
Panamá no podrá considerarse plenamente desarrollado mientras el lugar donde una persona nace o vive continúe determinando de manera tan profunda sus oportunidades. El crecimiento nacional seguirá siendo insuficiente mientras grandes sectores de la población y amplios territorios permanezcan al margen de sus beneficios.
El gran desafío es transformar el crecimiento en desarrollo y el desarrollo nacional en oportunidades concretas para cada territorio. Porque Panamá no avanzará verdaderamente como un solo país hasta que el progreso deje de tener geografía y las oportunidades lleguen, de verdad, a todos los panameños.
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