En seguimiento a mi artículo anterior me refiero en este a la necesidad de pasar de la administración tradicional a la gerencia pública moderna en el sistema de salud, y subrayo de entrada que no estoy hablando simplemente de nuevas herramientas de gestión. Estamos hablando de un cambio de paradigma.
La gerencia pública moderna, es un modelo administrativo que moderniza la dirección de nuestras instituciones de salud. Su objetivo es orientar la gestión hacia resultados tangibles, medir la eficiencia en el uso de los recursos, simplificar procesos y centrar la atención en las necesidades reales de los ciudadanos.
La lógica de la administración tradicional
Por su parte la administración pública tradicional _que prevalece_ surgió para garantizar legalidad, orden y control. Su preocupación principal es responder preguntas como:
- ¿Se siguieron los procedimientos?
- ¿Se cumplió la normativa?
- ¿Se ejecutó el presupuesto?
- ¿Se respetó la jerarquía institucional?
Estos elementos siguen siendo importantes. Ninguna institución pública puede funcionar sin reglas, controles y rendición de cuentas.
El problema surge cuando el cumplimiento de los procedimientos se convierte en el objetivo final y no en un medio para generar valor público.
Por ejemplo:
- Un hospital puede ejecutar el 100% de su presupuesto y seguir teniendo desabastecimiento de medicamentos.
- Una región de salud puede producir decenas de informes y mantener coberturas deficientes.
- Una institución puede cumplir todos los trámites administrativos y continuar generando insatisfacción ciudadana.
Desde la óptica tradicional, la gestión puede considerarse exitosa. Desde la óptica ciudadana, claramente no lo es.
De la administración tradicional a la gerencia pública moderna
Antes de seguir adelante, vale subrayar lo que señala la CEPAL sobre el tema: “los desafíos del desarrollo sostenible exigen un Estado fuerte, capaz de formular e implementar políticas públicas orientadas a resultados. Para ello, propone una gestión pública moderna basada en el uso eficiente de los recursos, la gestión por resultados, la rendición de cuentas y la creación de valor público. Este enfoque busca que las instituciones no solo cumplan procedimientos, sino que generen impactos positivos en la vida de las personas. La planificación, el seguimiento, la evaluación, la transparencia y la participación ciudadana son elementos esenciales de una gestión pública de calidad orientada al desarrollo y la equidad“.
el cambio fundamental: gestionar para producir resultados
La gerencia pública moderna introduce una pregunta diferente: ¿Qué resultados estamos generando para la población?
Ya no basta con saber cuánto dinero se gastó. Hay que saber:
- qué cambió;
- quién se benefició;
- cuáles problemas se resolvieron;
- qué valor público se creó.
En salud esto implica pasar de medir actividades a medir resultados.
No solamente:
- número de consultas;
- cantidad de cirugías;
- presupuesto ejecutado.
Sino también:
- reducción de tiempos de espera;
- disponibilidad efectiva de medicamentos;
- satisfacción de los usuarios;
- disminución de la mortalidad evitable;
- reducción de desigualdades territoriales.
El ciudadano en el centro
Otro cambio profundo es la manera de ver al ciudadano. La administración tradicional tiende a verlo como usuario de trámites. La gerencia pública moderna lo ve como el destinatario de valor público. Parece una diferencia semántica, pero no lo es.
Cuando una organización coloca al ciudadano en el centro, las preguntas cambian:
- ¿Es fácil acceder al servicio?
- ¿El tiempo de espera es razonable?
- ¿La información es clara?
- ¿La atención resuelve el problema?
Esta perspectiva es particularmente relevante para el sistema de salud.
La importancia de la evidencia
La gerencia moderna en salud también exige tomar decisiones basadas en evidencia y no solamente en intuiciones, presiones políticas o costumbres organizacionales. Esto requiere:
- sistemas de información robustos;
- indicadores confiables;
- monitoreo permanente;
- capacidad de análisis.
No se puede gestionar lo que no se mide. Y no se puede mejorar lo que no se comprende.
El desafío del liderazgo
La gerencia pública moderna exige líderes diferentes. No hay espacio para el clientelismo. Pero tampoco basta con conocimiento técnico.
Se requieren capacidades para:
- dirigir equipos complejos;
- gestionar cambios;
- resolver conflictos;
- coordinar múltiples actores;
- rendir cuentas sobre resultados.
Por eso la profesionalización y la meritocracia son tan importantes.
El gran desafío para Panamá
A mi juicio, el principal desafío no es conceptual.
La mayoría de los documentos estratégicos del país ya hablan de resultados, transparencia, eficiencia y rendición de cuentas. El problema es que muchas instituciones siguen operando bajo incentivos propios de la administración tradicional.
Todavía premiamos más:
- el cumplimiento formal,
- la lealtad política,
- la estabilidad burocrática,
que la capacidad para generar resultados concretos para la población.
Por eso la transición hacia una gerencia pública moderna es, ante todo, una transformación cultural.
No consiste únicamente en cambiar organigramas. Consiste en cambiar la forma de pensar la gestión pública.
La pregunta más importante para evaluar una institución de salud pública, no es cuánto gastó ni cuántos trámites realizó. La pregunta es cuánto mejoró la salud, el bienestar y la vida de las personas.
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