
Comparto mi columna de La Estrella de Panamá en la que hago un breve análisis de las claves técnicas y los silencios estratégicos del Tercer Informe de la auditoría integral de Cobre Panamá.
El regreso del debate sobre la minería metálica al centro de la conversación nacional obliga a revisar con atención los informes de auditoría integral del proyecto Cobre Panamá, en particular el Tercer Informe Mensual validado y entregado al país el 9 de enero. Aunque muchos esperaban encontrar en ese documento respuestas definitivas sobre el futuro de la mina, una lectura detenida muestra algo distinto: más que conclusiones, el informe construye el andamiaje técnico que permitirá sostener decisiones futuras, ya sea una eventual reapertura o un cierre definitivo.
Con esa perspectiva en mente, conozcamos los que el informe dice y lo que todavía no se atreve a decir. Advierto que me puedo quedar corto, pues la lectura del informe de marras no es tarea sencilla.



Los defensores de la minería metálica a cielo abierto en Panamá afirman: “La minería bien administrada no causará mayor impacto ambiental, ni afectará la salud de trabajadores, indígenas, campesinos y población en general de nuestro país”. Sin embargo, las voces autorizadas de la Sociedad Panameña de Salud Pública, de la cual formo parte, manifestaron hoy por medio de un comunicado a la nación, que, “experiencia reciente con empresas mineras que han dejado atrás un lastre de destrucción ecológica, impacto sobre cuencas hidrográficas y hasta compromisos laborales y de seguridad social no saldados, también son un ataque a la salud pública”.