
El debate sobre la contratación de médicos extranjeros en Panamá, sigue en un punto muerto: faltan especialistas, los servicios colapsan, las listas de espera crecen y el Estado ensaya la misma salida de emergencia: contratar médicos extranjeros. Y cada vez ocurre lo mismo: resistencia gremial, ruido político y ninguna solución estructural.
El problema no es hablar de la contratación de médicos extranjeros. El problema es cómo, para qué y bajo qué reglas se plantea el tema. Porque este debate no es solo técnico. Es político, laboral y estratégico, y debe tener como objetivo, la búsqueda del bienestar de los pacientes.
Contratación de médicos extranjeros en Panamá
Un sistema atrapado entre la urgencia y el corporativismo
Panamá no es un país sin médicos. Tampoco es un país que no forme especialistas. El verdadero problema es que no logra alinear su formación, contratación y distribución de recursos humanos con las necesidades reales de la población.
Cuando el Estado —a través del Ministerio de Salud o la CSS— plantea traer especialistas extranjeros, lo hace casi siempre desde la urgencia, no desde la planificación. Y la urgencia es el peor terreno para construir consensos.
Del otro lado, los gremios médicos reaccionan desde una lógica comprensible pero rígida: defensa del mercado laboral nacional, protección del ejercicio profesional y rechazo a lo que perciben como una solución improvisada que evita enfrentar los problemas de fondo.
El resultado es un empate destructivo: ni se resuelve la falta de especialistas, ni se reforma el sistema.
La pregunta incómoda: ¿a quién sirve el bloqueo permanente?
Plantear cualquier apertura a la contratación de médicos extranjeros en Panamá, es leído, casi automáticamente, como una amenaza. Pero vale la pena hacer la pregunta incómoda: ¿A quién beneficia que el sistema siga funcionando al límite de su capacidad?
- No beneficia al paciente que espera meses por una cirugía.
- No beneficia al médico panameño que trabaja en condiciones precarias.
- No beneficia al Estado, que pierde legitimidad.
Beneficia, en todo caso, a la inercia.
El falso dilema: médicos extranjeros vs. médicos panameños
El debate suele presentarse como un juego de suma cero:
o se protege al médico nacional, o se contrata al extranjero. Ese enfoque es erróneo y empobrecedor. El verdadero dilema es otro:
¿seguirá Panamá gestionando su recurso humano en salud con parches, o se atreverá a una política seria, transparente y estratégica?
Traer médicos extranjeros no debería ser una política laboral, sino una herramienta sanitaria excepcional, subordinada a reglas claras y verificables.
Lo que el Estado debería hacer
Si el Estado quiere abrir esta discusión sin incendiar el sistema, debe empezar por donde nunca empieza:
Decir la verdad con datos
- No discursos.
- No conferencias de prensa.
- Datos abiertos sobre:
- cuántos especialistas hay,
- dónde están,
- cuántos se necesitan,
- y por qué no se cubren las plazas.
Reconocer la responsabilidad pública
Mientras no se admita que salarios, infraestructura y planificación fallida expulsan especialistas del sistema público, cualquier contratación externa parecerá una huida hacia adelante.
Definir reglas inviolables
Si se contrata a un médico extranjero, debe quedar claro que:
- es temporal,
- está vinculado a una necesidad específica,
- no sustituye plazas estructurales,
- y contribuye a formación o transferencia de capacidades.
Sin reglas, no hay legitimidad.
El temor real del gremio (y por qué no debe ignorarse)
La resistencia gremial no es solo ideológica. Es estratégica.
El temor de fondo es que lo “excepcional” se vuelva normal, que el Estado descubra que es más fácil importar médicos que reformar el sistema, y que eso termine presionando salarios, condiciones y poder de negociación.
Ese temor no es irracional. Pero usarlo como veto absoluto tampoco es responsable.
Aquí hay un espacio estrecho —pero real— para el acuerdo.
De la trinchera al pacto sanitario
Panamá necesita salir del esquema binario de Estado improvisador vs. gremios defensivos. Ninguno gana ahí.
Un pacto sanitario mínimo debería incluir:
- planificación real de especialistas a 10–15 años,
- fortalecimiento de la formación nacional,
- incentivos para zonas de difícil acceso,
- y mecanismos excepcionales, regulados y evaluables para cooperación médica internacional.
Negarse a discutir esto no protege al médico panameño. Lo deja atrapado en un sistema que se cae a pedazos.
En conclusión: el debate no es si se contratan médicos extranjeros o no
La pregunta clave no es si Panamá debe contratar médicos extranjeros.
La pregunta es si Panamá está dispuesta a gobernar su sistema de salud con visión estratégica o seguirá reaccionando al colapso.
Mientras el debate siga planteándose como una guerra de banderas, el perdedor seguirá siendo el mismo: el paciente.
Y esa es una derrota que ningún gremio, ni ningún gobierno, debería estar dispuesto a aceptar.
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