
Más allá del discurso internacional, el ODS 3 en Panamá revela brechas en mortalidad evitable, prevención, equidad territorial y gobernanza del sistema de salud. Priorizar bien no es opcional: es una decisión política con impacto directo en vidas humanas.
Comparto _sin ser exhaustivo_ un análisis de las que considero siete metas críticas de salud que revelan desafíos, muertes evitables y decisiones políticas impostergables; y los invito a complementar con sus aportes en el blog.
ODS 3 en Panamá: siete metas críticas para salvar vidas y reformar el sistema de salud
Panamá suele presentarse como un país de ingresos medios altos con indicadores sanitarios aceptables en el promedio regional. Sin embargo, cuando se examinan con lupa las metas del Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 (Salud y bienestar), la imagen cambia. El ODS 3 no mide promedios: mide vidas evitablemente perdidas, desigualdades territoriales y la capacidad real del Estado para garantizar derechos. En ese espejo, Panamá todavía tiene cuentas pendientes.
De las trece metas que componen el ODS 3, hay siete que considero críticas para el país. No solo porque concentran la mayor carga de enfermedad y muerte, sino porque revelan los nudos estructurales del sistema de salud panameño: fragmentación, inequidad territorial, débil prevención y decisiones políticas postergadas.
Mortalidad materna en Panamá (Meta 3.1): cuando el sistema falla
Panamá no enfrenta tasas extremas de mortalidad materna, pero sí un problema inaceptable: muertes evitables que ocurren donde el sistema llega tarde o llega mal. Las comarcas indígenas y las áreas rurales concentran el mayor riesgo, no por falta de embarazadas controladas, sino por la calidad del control prenatal, la ausencia de redes obstétricas resolutivas y las demoras en la referencia de emergencias.
Esta meta desnuda una verdad incómoda: la mortalidad materna en Panamá no es un problema médico, sino organizacional y de gobernanza. La fragmentación entre el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social, la debilidad del primer nivel de atención y la falta de transporte oportuno convierten complicaciones manejables en tragedias. Reducir la mortalidad materna es, en esencia, medir la capacidad del Estado para coordinarse cuando una mujer está en riesgo vital.
Enfermedades no transmisibles y salud mental en Panamá (Meta 3.4)
Diabetes, hipertensión, cáncer, obesidad y trastornos mentales concentran hoy la mayor carga de mortalidad prematura en Panamá. Sin embargo la respuesta del sistema de salud no es suficiente. La meta 3.4 exige reducir en un tercio las muertes prematuras por enfermedades no transmisibles, y eso implica un cambio de modelo.
No se trata solo de más consultas o más medicamentos, sino de políticas públicas que toquen intereses sensibles: regulación de alimentos ultraprocesados, impuestos saludables, entornos urbanos que promuevan actividad física y una integración real de la salud mental en la atención primaria. Panamá gasta millones tratando complicaciones que pudo prevenir. Esta meta interpela directamente la voluntad política de apostar por la prevención, incluso cuando no genera réditos electorales inmediatos.
Cobertura sanitaria universal en Panamá (Meta 3.8)
Panamá invierte una proporción considerable de su PIB en salud, pero los resultados no corresponden al esfuerzo financiero. Persisten listas de espera, desabastecimiento de medicamentos y un gasto de bolsillo que empuja a muchas familias al endeudamiento. La meta de cobertura sanitaria universal no se limita al acceso nominal, sino que exige protección financiera y calidad efectiva.
Aquí está el corazón del problema sanitario panameño: un sistema fragmentado, duplicado y poco integrado. Lograr la cobertura universal no es abrir más hospitales, sino ordenar lo que ya existe, integrar redes de servicios, unificar procesos de compra de medicamentos y fortalecer el primer nivel de atención. Sin una reforma funcional del sistema, la cobertura universal seguirá siendo un eslogan más que una realidad.
Personal de salud en Panamá (Meta 3.c)
Panamá no tiene solo un problema de número de profesionales de la salud, sino de distribución, condiciones laborales y retención. Mientras áreas urbanas concentran especialistas, regiones apartadas enfrentan rotación constante, contratos precarios y servicios intermitentes. Esta meta conecta directamente con debates sensibles: formación, contratación de profesionales extranjeros y el rol de los gremios.
Aumentar y fortalecer los recursos humanos para la salud implica políticas de Estado: incentivos reales para trabajar en zonas de difícil acceso, carreras sanitarias claras y condiciones dignas de trabajo. Sin resolver este punto, cualquier reforma estructural queda en el papel. La salud no se sostiene con edificios, sino con personas.
Preparación ante emergencias sanitarias en Panamá (Meta 3.d)
La pandemia de COVID-19 dejó aprendizajes, pero también expuso fragilidades profundas. La vigilancia epidemiológica sigue siendo desigual, la coordinación interinstitucional depende demasiado de liderazgos coyunturales y la capacidad de anticipación es limitada. La meta 3.d apunta a algo más ambicioso: resiliencia sanitaria nacional.
Para Panamá, país de tránsito, comercio y migración, prepararse ante emergencias sanitarias es una meta es estratégica. Reforzar la alerta temprana, la gestión de riesgos y la preparación ante emergencias no es un lujo técnico, sino una inversión en estabilidad social y económica. Cada crisis sanitaria mal gestionada tiene costos que trascienden el sector salud
Mortalidad neonatal y en la niñez (Meta 3.2): cuando el inicio de la vida marca la desigualdad
Panamá ha logrado avances sostenidos en la reducción de la mortalidad infantil, pero en los últimos años el progreso se ha desacelerado y las brechas se han vuelto más visibles. La mayor parte de las muertes en menores de siete años se concentran hoy en el período neonatal, lo que desplaza el foco desde la cobertura hacia la calidad de la atención durante el embarazo, el parto y los primeros días de vida.
Esta meta revela desigualdades persistentes entre áreas urbanas y comarcas indígenas, así como fallas en la continuidad del cuidado. Partos atendidos sin capacidad resolutiva, referencias tardías y servicios neonatales insuficientes convierten complicaciones previsibles en desenlaces fatales. Reducir la mortalidad neonatal no es solo un indicador técnico: es una prueba directa de qué tan bien funciona la red de servicios básicos de salud.
Seguridad vial y salud pública (Meta 3.6): una epidemia normalizada
Aunque la meta 3.6 fijaba el año 2020 como horizonte, Panamá continúa enfrentando altos niveles de muertes y lesiones por accidentes de tránsito. La seguridad vial sigue tratándose como un problema de tránsito o de orden público, cuando en realidad es una epidemia prevenible con fuerte impacto sanitario, social y económico.
Las principales víctimas son jóvenes en edad productiva, peatones y motociclistas, lo que profundiza desigualdades y genera costos crecientes para el sistema de salud. Cumplir esta meta exige algo más que campañas de concienciación: requiere fiscalización efectiva, diseño urbano seguro, regulación del transporte y una decisión política clara de priorizar la vida por encima de la tolerancia histórica al riesgo vial.
Conclusión: “una agenda posible, no retórica”
Estas siete metas del ODS 3 en Panamá muestran que Panamá no fracasa por falta de diagnósticos ni de recursos, sino por decisiones estructurales aplazadas. Mortalidad materna, salud infantil, enfermedades crónicas, seguridad vial, cobertura universal, personal de salud y preparación ante emergencias forman un mismo rompecabezas: un sistema que necesita integrarse, prevenir más y reaccionar mejor.
El ODS 3 no es una agenda externa impuesta por Naciones Unidas. Es una hoja de ruta mínima para medir si Panamá está dispuesto a convertir el crecimiento económico en vidas más largas, más sanas y más dignas. El verdadero incumplimiento no sería no alcanzar las metas del ODS 3 en 2030, sino seguir aceptando que las brechas territoriales, la fragmentación institucional y las muertes evitables son parte normal del paisaje sanitario panameño.
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