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Nueva Política nacional de salud

Marco que exprese lo que el país decide hacer _y cómo hacerlo_ para proteger y mejorar la salud de la población panameña en el contexto del mandato Constitucional.

Nueva Política nacional de salud

Panamá tiene una política nacional de salud que culmina su vigencia al final de este año 2025; por lo que el MINSA ha iniciado el proceso para la formulación de un nuevo marco que exprese lo que el país decide hacer _y cómo hacerlo_ para proteger y mejorar la salud de la población panameña en el marco del mandato Constitucional de velar por la salud de la población, integrando las funciones de prevención, curación y rehabilitación.

En ese ámbito, le dedico esta publicación a ofrecer algunos argumentos y lecturas complementarias sobre el significado de una nueva política nacional de salud. Subrayo _para que no lo perdamos de vista_ que la actual política nacional de salud, evaluado en detalle su cumplimiento, debe ser un referente obligado para el nuevo documento.

¿Qué significa una política nacional de salud?

En términos generales, una política nacional de salud no es un documento técnico más. Es una declaración estratégica de prioridades, valores y compromisos. Cuando está bien diseñada, se convierte en el mapa que ordena al sistema de salud, alinea a los actores y orienta la asignación de recursos. Cuando no existe (o existe solo en papel), el sistema navega por inercia, sujeto a intereses fragmentados y a cambios políticos fortuitos.

¿Qué debe definir la política nacional de salud?

En ese sentido, una política nacional de salud define al menos cinco cosas esenciales:

El rumbo: la visión y el propósito del sistema

Una política nacional de salud debe responder la pregunta más importante: ¿para qué existe el sistema de salud? No se trata de una frase bonita para un documento oficial; es la brújula que orienta todas las decisiones.

En Panamá, este rumbo debería dejar claro si el país avanzará hacia un sistema integrado, mixto, con predominancia pública, basado en atención primaria, con enfoque de abordaje de los determinantes de salud, o si se continuará con un modelo fragmentado hospitalocéntrico y reactivo.

Las prioridades: aquello que el Estado decide que es primero

Una política nacional obliga a tomar decisiones difíciles.

Para Panamá, esto implicaría, por ejemplo, decidir si la prioridad es fortalecer APS, resolver la segmentación MINSA–CSS, digitalizar el sistema, o modernizar la salud pública. No se puede hacer todo a la vez.

Los instrumentos: el “cómo” se vuelve real

Una política sin instrumentos es poesía. Los mecanismos concretos que harán posible lo que se promete incluyen:

En Panamá, los instrumentos son clave porque el país tiene capacidad técnica, pero carece de un “marco común” que obligue a las instituciones a coordinarse y rendir cuentas.

El marco ético: los valores que sostienen el contrato social

Una política también es un pacto moral. Define qué considera justo el país en materia de salud.

En Panamá, este componente es crítico para garantizar que la política no sea solo un diseño técnico, sino un proyecto de país con legitimidad social.

La rendición de cuentas: cómo se mide, quién responde y qué se corrige

Una política sin evaluación es una declaración de intenciones. Por lo tanto, debe establecer:

En Panamá, los problemas de fragmentación, duplicación de servicios y rezagos en medicamentos muestran que la falta de rendición de cuentas es un obstáculo estructural. Una política nacional de salud _de cumplimiento obligatorio_ permite cerrar esa brecha.

Qué implica una nueva Política nacional de salud para Panamá

Las cinco arriba descritas, convierten a una política nacional de salud en algo más que un documento. La transforman en el proyecto de salud del país, capaz de dar coherencia al sistema, producir resultados sostenibles y fortalecer la confianza ciudadana. En nuestro caso, necesitamos con urgencia definir _o redefinir_ una política nacional de salud. Veamos algunas razones.

Conclusión

Una política nacional de salud no es un documento técnico más. Como ya se señaló: marca el rumbo, ordena el sistema, asigna prioridades, establece valores, y exige resultados.

Para Panamá, representa la oportunidad de dejar atrás décadas de descoordinación y construir un sistema moderno, equitativo y sostenible, capaz de responder a los desafíos epidemiológicos, económicos y sociales del país. Una política bien diseñada no solo mejora la salud: fortalece la gobernabilidad democrática y la confianza pública.

Lecturas complementarias para ayudarnos a definir la nueva Política nacional de salud 

 

 

 

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