Cada año, a partir del Domingo de Resurrección los panameños hacemos un propósito de la enmienda. Nos comprometemos con celebrar la vida, la esperanza y la posibilidad de empezar de nuevo.
No es solo un acto litúrgico: es una interpelación profunda. La Resurrección no tendría sentido si no hiciéramos este propósito de la enmienda para cambiar, para corregir el rumbo, y reconstruir lo que hemos dejado deteriorar.
Hoy, más que nunca, ese llamado trasciende lo individual. Panamá atraviesa un momento en el que la palabra “enmienda” no puede quedarse en lo personal; debe convertirse en un compromiso colectivo.
En ese contexto, comparto con ustedes las ideas principales del contenido de mi artículo de opinión en a Estrella de Panamá en el que reflexiono sobre el país que queremos y debemos reconstruir.