Las capacidades nacionales son uno de los pilares del desarrollo sostenible. La nueva realidad demográfica de Panamá nos ofrece una oportunidad extraordinaria para fortalecerlas y aprovecharlas. Vivimos más años, gozamos de una mayor esperanza de vida y la proporción de personas mayores crece de forma sostenida, mientras disminuye la natalidad.
Esta transformación debería impulsarnos a valorar mucho más el enorme capital humano acumulado por quienes han dedicado décadas a aprender, trabajar y servir al país. Sin embargo seguimos desperdiciando uno de nuestros mayores activos para el desarrollo nacional: la experiencia, el conocimiento y la capacidad de aportar de cientos de miles de personas mayores.
Comparto, con algunas ampliaciones para este blog, las reflexiones publicadas originalmente en mi columna de opinión en La Estrella de Panamá, y subrayo de entrada que la experiencia no envejece; se acumula. Los países más inteligentes son los que saben convertir esa experiencia en una ventaja para su desarrollo sostenible.
Hace 25 años las naciones del mundo nos comprometimos con alcanzar el desarrollo sostenible para todos al suscribir la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas. No lo conseguimos para todos los países y Panamá no escapó a ese fracaso.