En seguimiento a mi artículo anterior, me refiero en este a la necesidad de reformar el multilateralismo para fortalecerlo.
Para Panamá, este debate tiene una relevancia estratégica. Nuestra historia, nuestra posición geográfica y nuestro modelo de desarrollo están profundamente vinculados al comercio internacional, al respeto del derecho internacional y a la cooperación entre las naciones.
Un sistema exitoso que enfrenta nuevos desafíos
Subrayo de entrada para que no haya confusiones, que, como señalé previamente, el multilateralismo sigue siendo una necesidad para enfrentar los grandes desafíos de nuestro tiempo. Sin embargo, reconocer su importancia no significa desconocer sus limitaciones. Al contrario, precisamente porque continúa siendo indispensable, debemos preguntarnos si las instituciones que sustentan la cooperación internacional están preparadas para responder a un mundo muy distinto al que les dio origen.
El mundo cambió más rápido que sus instituciones
El sistema multilateral que conocemos fue construido, en gran medida, después de la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo era evitar nuevos conflictos, promover el desarrollo económico y fortalecer el diálogo entre las naciones. Durante décadas cumplió un papel determinante en la consolidación del derecho internacional, la expansión del comercio, la cooperación sanitaria, la aviación civil, las telecomunicaciones y muchos otros ámbitos que hoy damos por sentados.
Sin embargo, el mundo del siglo XXI poco se parece al de 1945. La revolución digital, la inteligencia artificial, el cambio climático, las pandemias, la ciberseguridad, las migraciones masivas y las crecientes tensiones geopolíticas han transformado profundamente la realidad internacional. A ello se suma una economía mucho más interdependiente, donde decisiones adoptadas en un continente producen efectos inmediatos en otros.
Reformar el multilateralismo para fortalecer la cooperación
Frente a esta nueva realidad surge una pregunta inevitable: ¿pueden instituciones diseñadas hace ocho décadas responder con la rapidez y eficacia que exigen los desafíos actuales?
La respuesta no pasa por abandonarlo, sino reformar el multilateralismo. Su mayor fortaleza ha sido precisamente la capacidad de los países para construir reglas comunes frente a problemas compartidos. Esa lógica continúa siendo válida; lo que necesita actualizarse son los mecanismos mediante los cuales esas reglas se acuerdan, se implementan y se supervisan.
- Una primera tarea consiste en fortalecer la representatividad de las instituciones multilaterales. El equilibrio político y económico del mundo ha cambiado significativamente desde mediados del siglo pasado. Nuevas economías han adquirido un papel protagónico, mientras que muchas regiones reclaman una participación más acorde con su peso demográfico y sus contribuciones al desarrollo global. Una gobernanza internacional más inclusiva fortalecería la legitimidad de las decisiones colectivas.
- Un segundo desafío es mejorar la capacidad de respuesta. Las crisis contemporáneas evolucionan con enorme rapidez. La pandemia de COVID-19 evidenció la necesidad de contar con mecanismos de coordinación internacional más ágiles. Lo mismo ocurre frente a los desastres naturales, las amenazas cibernéticas o las emergencias humanitarias. La velocidad con que cambian los acontecimientos exige instituciones capaces de actuar con mayor oportunidad, sin sacrificar la búsqueda de consensos.
- Igualmente importante es fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas. La confianza de los Estados y de la ciudadanía depende de que las organizaciones internacionales demuestren eficiencia, independencia técnica y capacidad para generar resultados concretos. La legitimidad no se sostiene únicamente en los tratados constitutivos; también se construye mediante un desempeño verificable y una gestión responsable de los recursos.
- Quizás el mayor reto sea preparar al sistema multilateral para gobernar asuntos que hace apenas unas décadas no existían. La inteligencia artificial, la protección de datos, la computación cuántica, la biotecnología, la exploración espacial y la regulación del entorno digital plantean interrogantes que ningún país podrá responder aisladamente. La ausencia de normas comunes aumenta la incertidumbre y multiplica los riesgos de fragmentación.
Paradójicamente, uno de los mayores logros del multilateralismo suele pasar inadvertido. La mayoría de las personas asocia este concepto con las Naciones Unidas o con las grandes cumbres internacionales. Sin embargo, todos los días millones de personas se benefician de acuerdos multilaterales que permiten la seguridad de la aviación, las telecomunicaciones, la navegación marítima, los estándares sanitarios, la cooperación científica o el comercio internacional. Cuando estos mecanismos funcionan, rara vez ocupan titulares; solo advertimos su importancia cuando dejan de hacerlo.
Panamá y la oportunidad de impulsar un multilateralismo renovado
Para Panamá, este debate tiene una relevancia estratégica. Nuestra historia, nuestra posición geográfica y nuestro modelo de desarrollo están profundamente vinculados al comercio internacional, al respeto del derecho internacional y a la cooperación entre las naciones. Un sistema multilateral moderno, eficaz y basado en reglas favorece directamente los intereses nacionales, fortalece la seguridad jurídica y amplía las oportunidades de desarrollo.
Reformar el multilateralismo no significa sustituirlo, sino preservar aquello que le ha permitido contribuir durante décadas a la estabilidad y al progreso internacional. Las instituciones, como las sociedades que sirven, deben evolucionar para responder a nuevas realidades sin renunciar a los principios que les dieron origen. En un mundo cada vez más interdependiente, fortalecer la cooperación internacional sigue siendo una de las mejores inversiones para construir un futuro más seguro, sostenible y próspero para todos.
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