Panorama regional de la seguridad alimentaria y la nutrición 2025

Para avanzar hacia el objetivo de Hambre Cero, será fundamental transformar los sistemas agroalimentarios, fortalecer la resiliencia climática y garantizar el acceso universal a dietas saludables y asequibles

Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025

Comparto breve resumen ejecutivo del documento “Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025: Estadísticas y tendencias”, elaborado por FAO, FIDA, OPS/OMS, PMA y UNICEF, y los invito a su lectura completa.

En ese contexto, subrayo la necesidad de robustecer las estrategias para alcanzar la seguridad alimentaria y nutricional sostenible en nuestro país, así como fortalecer las estrategias para superar la injusta desigualdad, alcanzar el desarrollo para todos en todos los lugares, acabar con la inseguridad alimentaria y nutricional, mitigar en serio la pobreza multidimensional y erradicar el hambre en todos los hogares panameños.

Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025

Introducción y propósito del informe

El informe ofrece una evaluación actualizada de la situación de la seguridad alimentaria y la nutrición en América Latina y el Caribe, con el objetivo de orientar políticas públicas, fortalecer la cooperación regional y apoyar el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2: Hambre Cero para el año 2030. Analiza tendencias recientes en hambre, inseguridad alimentaria y diferentes formas de malnutrición, así como factores estructurales que influyen en estos problemas.

El documento muestra que, aunque la región ha logrado avances importantes en la reducción del hambre desde la pandemia, persisten desigualdades y desafíos estructurales, especialmente relacionados con el acceso a dietas saludables, la pobreza rural, el aumento del costo de los alimentos y la creciente prevalencia de obesidad.

Tendencias recientes del hambre en la región

Uno de los principales hallazgos del informe es que el hambre en América Latina y el Caribe ha disminuido por cuarto año consecutivo, lo que refleja avances graduales en la recuperación social y económica tras la pandemia de COVID-19.

En 2024, aproximadamente 5.1% de la población de la región padecía subalimentación, lo que representa una mejora significativa respecto al pico registrado en 2020. Esto implica que millones de personas han logrado mejorar su acceso a los alimentos en los últimos años.

Sin embargo, el progreso no es uniforme entre países ni subregiones. Existen diferencias claras:

  • América del Sur ha mostrado la mayor reducción del hambre.
  • Mesoamérica se ha mantenido relativamente estable, con avances limitados.
  • El Caribe presenta los niveles más altos de subalimentación, influido especialmente por la crisis alimentaria en Haití.

Estas diferencias evidencian que las políticas públicas, la estabilidad económica y las condiciones climáticas influyen significativamente en los resultados de seguridad alimentaria.

Inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe

Además del hambre crónica, el informe analiza la inseguridad alimentaria moderada o grave, es decir, la dificultad de acceder regularmente a alimentos suficientes y nutritivos.

En 2024, alrededor del 25% de la población regional experimentó algún nivel de inseguridad alimentaria, lo que equivale a más de 160 millones de personas. Aunque esta cifra ha disminuido desde el máximo alcanzado en 2020, sigue siendo un problema importante para millones de hogares.

El informe también destaca una brecha de género persistente: las mujeres enfrentan mayores niveles de inseguridad alimentaria que los hombres. Esto se debe a factores como menores ingresos, desigualdad en el acceso a recursos productivos y responsabilidades de cuidado no remuneradas.

Las poblaciones rurales, los pueblos indígenas y los hogares con menores ingresos continúan siendo los grupos más vulnerables.

El costo y la asequibilidad de una dieta saludable

Uno de los temas centrales del informe es el alto costo de una dieta saludable en la región.

América Latina y el Caribe tiene actualmente el costo promedio más alto del mundo para una dieta saludable, estimado en aproximadamente 5.16 dólares diarios por persona. Esto significa que una parte importante de la población no puede permitirse consumir alimentos suficientes y nutritivos de forma regular.

Aunque el número de personas que no pueden pagar una dieta saludable ha disminuido ligeramente en los últimos años, todavía más de 180 millones de personas en la región no pueden acceder económicamente a una alimentación adecuada.

El aumento del precio de los alimentos se ha visto influido por varios factores:

  • inflación alimentaria global
  • interrupciones en las cadenas de suministro
  • conflictos internacionales
  • efectos económicos posteriores a la pandemia
  • impactos del cambio climático en la producción agrícola

Estos factores han incrementado la presión sobre los sistemas alimentarios y el poder adquisitivo de los hogares.

La malnutrición en todas sus formas

El informe subraya que la región enfrenta un “doble desafío nutricional”: la coexistencia de desnutrición y obesidad.

  • Desnutrición infantil

Se han logrado avances importantes en la reducción del retraso del crecimiento infantil, que se mantiene por debajo del promedio mundial. Esto refleja mejoras en salud materno-infantil, programas de nutrición y acceso a servicios básicos. Sin embargo, persisten problemas en poblaciones vulnerables y algunos países aún presentan niveles elevados de desnutrición infantil.

  • Anemia en mujeres

La anemia afecta a cerca del 20% de las mujeres en edad reproductiva en la región, y su prevalencia ha aumentado en la última década. Este problema refleja deficiencias nutricionales, especialmente de hierro, y está relacionado con dietas poco diversificadas.

  • Sobrepeso y obesidad

El aumento del sobrepeso y la obesidad constituye uno de los desafíos más preocupantes. La obesidad en adultos se ha duplicado desde el año 2000, alcanzando casi el 30% de la población.

    • Este fenómeno está relacionado con cambios en los patrones alimentarios, incluyendo:
    • mayor consumo de alimentos ultraprocesados
    • dietas altas en azúcares y grasas
    • menor actividad física
    • entornos alimentarios que favorecen opciones poco saludables
    • Además, el sobrepeso infantil también ha aumentado en los últimos años, lo que representa un riesgo para la salud pública a largo plazo.

Factores estructurales que afectan la seguridad alimentaria

El informe identifica varios factores estructurales que influyen en la seguridad alimentaria de la región.

  • Cambio climático

América Latina y el Caribe es una de las regiones más vulnerables a fenómenos climáticos extremos como sequías, inundaciones y tormentas. Estos eventos afectan la producción agrícola, los ingresos rurales y la disponibilidad de alimentos.

  • Desigualdad socioeconómica

La desigualdad sigue siendo uno de los principales determinantes del acceso a alimentos. Los hogares con menores ingresos enfrentan mayores dificultades para comprar alimentos nutritivos, lo que aumenta el riesgo de inseguridad alimentaria y malnutrición.

  • Dependencia de importaciones

Muchos países del Caribe y Centroamérica dependen significativamente de las importaciones de alimentos, lo que los hace vulnerables a la volatilidad de los precios internacionales.

  • Sistemas alimentarios poco saludables

La creciente disponibilidad de productos ultraprocesados y la limitada oferta de alimentos frescos en algunos contextos urbanos han contribuido al aumento de enfermedades relacionadas con la alimentación.

Políticas y estrategias para enfrentar el problema

El informe destaca la importancia de implementar políticas integrales para transformar los sistemas agroalimentarios y mejorar la nutrición.

Entre las estrategias recomendadas se encuentran:

  1. Fortalecer la protección social, incluyendo programas de transferencias monetarias y alimentación escolar.
  2. Apoyar el desarrollo rural, mejorando el acceso de los agricultores a financiamiento, tecnología y mercados.
  3. Promover dietas saludables, mediante educación nutricional y regulación de alimentos ultraprocesados.
  4. Reducir el costo de alimentos nutritivos, a través de políticas agrícolas y comerciales.
  5. Fortalecer la resiliencia climática de los sistemas agroalimentarios.
  6. Promover la igualdad de género, especialmente en el acceso a recursos productivos y oportunidades económicas.

Estas medidas requieren coordinación entre sectores como agricultura, salud, educación y desarrollo social.

Perspectivas hacia 2030

Aunque los avances recientes son positivos, el informe advierte que la región aún no está en camino de alcanzar completamente los objetivos de Hambre Cero para 2030.

Para lograrlo, será necesario:

  • acelerar las inversiones en sistemas alimentarios sostenibles
  • fortalecer la cooperación regional
  • mejorar la disponibilidad y calidad de datos para diseñar políticas basadas en evidencia
  • garantizar que las poblaciones más vulnerables sean priorizadas en las intervenciones.

El documento concluye que erradicar el hambre y la malnutrición en América Latina y el Caribe requiere un enfoque sistémico que combine desarrollo económico, inclusión social, sostenibilidad ambiental y políticas alimentarias saludables.

Conclusión

El Panorama Regional 2025 muestra que América Latina y el Caribe ha logrado avances importantes en la reducción del hambre, pero aún enfrenta desafíos complejos relacionados con la desigualdad, el costo de los alimentos y el aumento de la obesidad. Para avanzar hacia el objetivo de Hambre Cero, será fundamental transformar los sistemas agroalimentarios, fortalecer la resiliencia climática y garantizar el acceso universal a dietas saludables y asequibles.

En nuestro caso, subrayo la necesidad de robustecer las estrategias para alcanzar la seguridad alimentaria y nutricional sostenible en nuestro país, así como  fortalecer las estrategias para superar la injusta desigualdad, alcanzar el desarrollo para todos en todos los lugares, acabar con la inseguridad alimentaria y nutricional, mitigar en serio la pobreza multidimensional y erradicar el hambre en todos los hogares panameños.

 


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