Hoja de ruta económica de Panamá

Pilares en torno a los que se desarrolla el la hoja de ruta económica y los vacíos que no podemos descuidar

La reciente presentación de la hoja de ruta económica de Panamá para el periodo 2025-2029 ante el Banco Interamericano de Desarrollo deja un mensaje claro: el país tiene una dirección estratégica. En una región donde la improvisación suele marcar el rumbo, contar con un plan estructurado ya representa un avance relevante y, sobre todo, una señal de previsibilidad en la política económica.

En este artículo me refiero a los pilares en torno a los que se desarrolla el la hoja de ruta económica y los vacíos que no podemos descuidar. Veamos.

Hoja de ruta económica de Panamá

Como señalé en mi columna de opinión en La Estrella de Panamá, el documento se articula en torno a cinco pilares: fortalecimiento logístico, resiliencia hídrica, transición energética, gestión de riesgos e inclusión financiera. En conjunto, estos ejes configuran una visión de crecimiento que busca ser sostenible, resiliente e inclusiva, en línea con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente los vinculados al crecimiento económico, la infraestructura y la acción climática.

Sin embargo, como ocurre con toda estrategia pública, lo verdaderamente revelador no es solo lo que se incluye, sino también lo que se omite.

El énfasis en el fortalecimiento logístico reafirma la vocación histórica de Panamá como hub global. Apostar por la conectividad y la eficiencia portuaria es coherente con el rol del Canal y promete dinamizar la economía, atraer inversión y generar empleo. Además, consolida la posición del país dentro de las cadenas globales de comercio, en un contexto internacional cada vez más competitivo.

Pero también plantea una interrogante de fondo: ¿qué tipo de desarrollo se está priorizando? Si no se articula con políticas territoriales y sociales, este crecimiento puede concentrar beneficios y profundizar desigualdades. El desafío no es solo crecer, sino distribuir mejor ese crecimiento y evitar que amplios sectores queden rezagados.

La apuesta por la resiliencia hídrica es uno de los aciertos del plan. En un contexto de cambio climático, proteger las cuencas que alimentan el Canal y abastecen a la población es una prioridad. Este enfoque reconoce que el agua es tanto un recurso ambiental como un activo económico y estratégico para el país.

No obstante, emerge una tensión estructural: la competencia por el agua. A medida que aumentan las presiones —por comercio, urbanización o clima—, el país deberá tomar decisiones complejas sobre su uso. La sostenibilidad hídrica no es solo técnica, sino profundamente política y social.

La transición energética apunta en la dirección correcta al promover fuentes renovables. Abre oportunidades para diversificar la matriz energética y avanzar en compromisos climáticos. Sin embargo, solo será sostenible si es inclusiva. El acceso equitativo, la estabilidad del sistema y la adaptación tecnológica serán determinantes para que sus beneficios se distribuyan ampliamente.

La gestión de riesgos fortalece la resiliencia macroeconómica ante desastres. Pero la prevención no puede limitarse a lo financiero. Sin planificación territorial, inversión en infraestructura resiliente y fortalecimiento institucional, los costos sociales seguirán siendo altos, especialmente para las poblaciones más vulnerables.

La inclusión financiera, por su parte, busca reducir brechas mediante el apoyo a las MIPYMES y el acceso a servicios. No obstante, por sí sola no garantiza inclusión social. Sin educación financiera, empleo de calidad y protección social, puede incluso generar nuevas vulnerabilidades y sobreendeudamiento.

Asuntos que requieren más atención en la estrategia

Hasta aquí, la estrategia es sólida y alineada con varios ODS clave. Pero el análisis sería incompleto sin considerar los vacíos que presenta la hoja de ruta económica de Panamá.

La educación, por ejemplo, brilla por su ausencia. En un país que aspira a consolidarse como centro logístico y energético, no incorporar una agenda clara de formación técnica y capital humano es una omisión significativa. Sin talento preparado, la competitividad tendrá límites claros en el mediano plazo.

Algo similar ocurre con la salud. Aunque se menciona de forma indirecta, no se aborda como un eje estructural. La pandemia evidenció la importancia de sistemas de salud resilientes, accesibles y equitativos, capaces de responder a crisis sin profundizar desigualdades existentes.

Las ciudades sostenibles constituyen otro vacío. Panamá es cada vez más urbano, pero la hoja de ruta no profundiza en movilidad, vivienda ni planificación. Sin una visión integral, el crecimiento puede traducirse en mayor congestión, expansión desordenada y deterioro de la calidad de vida.

A esto se suma la débil presencia de la institucionalidad. La gobernanza, la transparencia y la capacidad de ejecución del Estado son determinantes. Sin instituciones sólidas, incluso las mejores estrategias corren el riesgo de quedarse en el papel o de generar resultados limitados.

Conclusión

En conjunto, estos vacíos en la hoja de ruta económica de Panamá reflejan un patrón: los ODS vinculados a la producción reciben mayor atención, mientras los sociales, territoriales e institucionales quedan en segundo plano. Esto no invalida la estrategia, pero sí limita su alcance y su potencial transformador.

Panamá no está en la dirección equivocada. Está avanzando en áreas clave, pero de forma parcial. Y en el contexto de los ODS, avanzar parcialmente implica un riesgo: construir un modelo de crecimiento que no sea plenamente inclusivo ni sostenible en el largo plazo.

El desafío no será solo ejecutar esta hoja de ruta económica, sino ampliarla. Incorporar con más fuerza la educación, la salud, las ciudades y la institucionalidad. Integrar crecimiento con bienestar y sostenibilidad de manera coherente.

Porque al final, el desarrollo no se mide solo por cuánto crece una economía, sino por cómo mejora la vida de su gente.

 


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4 comentarios en «<h1>Hoja de ruta económica de Panamá</h1> <h3>Pilares en torno a los que se desarrolla el la hoja de ruta económica y los vacíos que no podemos descuidar</h3> »

  1. La hoja de ruta es un buen plan de crecimiento económico, pero es una estrategia de desarrollo parcial. Para que el impacto en salud sea positivo, el gobierno debe elevar la salud a un eje transversal, garantizando que la modernización del Estado incluya una reforma profunda a la gobernanza sanitaria y no solo la finalización de obras físicas.
    La ejecución óptima requiere que la salud pública deje de ser vista como un “gasto necesario” y se entienda como la infraestructura social básica para el hub logístico. Sin una reforma a la gobernanza que obligue a la CSS y al MINSA a actuar como un solo cuerpo, la hoja de ruta económica será un motor potente, pero con un chasis (la población) debilitado.

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  2. La estrategia actual se percibe como financieramente sólida pero socialmente incompleta. Si bien el plan económico establece pilares logísticos y energéticos claros, el impacto real en la salud corre el riesgo de ser marginal debido a las siguientes razones:
    1. Vacío estructural (la debilidad mayor)
    El Dr. Prosperi señala correctamente que la salud y la educación no aparecen como ejes estratégicos, sino como menciones indirectas.
    * Impacto esperado: Si la salud no se trata como un “pilar de producción”, el crecimiento económico no se traducirá en bienestar. La ejecución óptima del plan solo será posible si se entiende que sin una población sana, no hay competitividad logística.
    2. Retos de gestión y gobernanza
    * Fragmentación MINSA-CSS: El mayor reto no es el presupuesto, sino la falta de una agenda de integración real. La hoja de ruta omite la reforma institucional necesaria para que la digitalización y las compras unificadas no se queden en simples promesas tecnológicas.
    * Desigualdad territorial: Existe el riesgo de que el “Hub Logístico” concentre la inversión en el área metropolitana, profundizando las brechas de salud en las regiones que el propio Dr. Prosperi identifica como rezagadas.
    3. Riesgos de ejecución
    * Infraestructura vs. capital humano: El plan prioriza la resiliencia hídrica y energética, pero olvida que los sistemas de salud resilientes dependen de la formación técnica y el talento humano. La ausencia de una agenda educativa clara debilita la capacidad operativa de los nuevos hospitales.

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