
El uso de Inteligencia artificial en salud se ha convertido en uno de los catalizadores más importantes de transformación en los sistemas de salud modernos.
En un mundo marcado por el envejecimiento poblacional, la creciente carga de enfermedades crónicas, la presión financiera sobre los sistemas públicos y la demanda por servicios más oportunos y de calidad, la inteligencia artificial (IA) promete agilizar procesos, mejorar la precisión clínica, optimizar la gestión y, sobre todo, ampliar el acceso a servicios esenciales.
Sin embargo, su adopción plantea desafíos éticos, regulatorios y organizacionales que deben ser enfrentados con inteligencia institucional y sentido de responsabilidad pública.