
En seguimiento a mi artículo previo, avancemos sobre cómo fortalecer la confianza en el Estado y, por ende, en la democracia.
Como señalé antes, la desconfianza se ha convertido en uno de los principales pasivos de muchos países y el nuestro no es la excepción. Desconfianza en las instituciones, en la política, en la justicia y, en muchos casos, entre los propios ciudadanos. Lo peor es que este deterioro no es abstracto: se traduce en menor inversión, más informalidad, mayor conflictividad social y una peligrosa normalización del “sálvese quien pueda”.
En ese sentido, comparto un resumen de propuestas concretas y equilibradas desde el Estado y desde la sociedad para fortalecer la confianza en el Estado y la democracia.
¿Cómo fortalecer la confianza en el Estado y en la democracia?
Propuestas desde el Estado y desde la sociedad
La desconfianza no surge de la nada ni se corrige con campañas de imagen. Es el resultado acumulado de promesas _pasadas y actuales_ incumplidas, decisiones opacas y una distancia creciente entre las instituciones y la vida real de la gente. Fortalecer la confianza en el Estado y la democracia exige un cambio de prácticas, no solo de discursos, y compromisos claros tanto del Estado como de la sociedad.
Lo que debe hacer el Estado
Gobernar con reglas claras y previsibles
La arbitrariedad es uno de los mayores corrosivos de la confianza. El Estado debe comprometerse a:
- Respetar la ley y los procedimientos, incluso cuando resulten incómodos.
- Reducir la discrecionalidad en decisiones clave (contrataciones, concesiones, subsidios).
- Garantizar estabilidad normativa, especialmente en áreas estratégicas.
La previsibilidad no es un lujo técnico: es una condición básica para la convivencia democrática y la inversión responsable.
Transparencia activa, no reactiva
Publicar información solo cuando es exigida ya no es suficiente. El Estado debe pasar a una lógica de transparencia activa, que incluya:
- Datos abiertos y comprensibles sobre uso de recursos públicos.
- Explicación clara de las decisiones de alto impacto.
- Acceso oportuno a la información, sin trabas burocráticas.
La transparencia no debilita al Estado; lo fortalece.
Rendición de cuentas con consecuencias
Sin consecuencias, la rendición de cuentas se vuelve retórica. Recuperar la confianza requiere:
- Sistemas efectivos de control interno y externo.
- Procesos disciplinarios y judiciales oportunos.
- Sanción real a la corrupción, sin selectividad ni impunidad.
La ciudadanía necesita ver que las reglas se cumplen para todos.
Instituciones que funcionen y se coordinen
Buena parte del desencanto ciudadano proviene de la ineficiencia cotidiana: trámites interminables, servicios deficientes, instituciones que no se hablan entre sí. El Estado debe:
- Simplificar procesos y reducir la burocracia inútil.
- Mejorar la capacidad de gestión pública.
- Coordinar políticas entre ministerios y entidades.
Un Estado que no resuelve problemas básicos pierde legitimidad.
Escuchar y explicar
Gobernar también es comunicar. No se trata de propaganda, sino de explicar decisiones, reconocer errores y dialogar con la ciudadanía. La soberbia tecnocrática y el silencio institucional solo alimentan la desconfianza.
Lo que le corresponde a la sociedad
Recuperar la confianza no es solo tarea del Estado. Una democracia sólida necesita una ciudadanía activa, crítica y responsable.
Participación informada y sostenida
La democracia no se agota en el voto. La sociedad debe:
- Informarse más allá de titulares y redes sociales.
- Participar en espacios de consulta y deliberación.
- Dar seguimiento a las políticas públicas, no solo reaccionar en crisis.
La indignación sin propuesta se agota rápido.
Exigir, pero también respetar las reglas
Exigir derechos es legítimo; desconocer sistemáticamente las normas no lo es. La protesta social es parte de la democracia, pero debe convivir con el respeto al Estado de derecho. Sin reglas compartidas, no hay confianza posible.
Rechazar la corrupción cotidiana
La corrupción no vive solo en las altas esferas. La sociedad debe revisar prácticas normalizadas:
- El “juega vivo”.
- El favor indebido.
- La tolerancia al atajo ilegal.
La ética pública empieza en la conducta privada.
Fortalecer organizaciones sociales y comunitarias
La confianza se reconstruye desde lo colectivo. Sindicatos, gremios, asociaciones comunitarias, universidades y medios tienen un rol clave en:
- Canalizar demandas de forma organizada.
- Generar propuestas viables.
- Servir de puente entre ciudadanía y Estado.
Una sociedad fragmentada es más fácil de gobernar mal.
Defender la democracia incluso cuando incomoda
La democracia no solo sirve cuando el resultado nos favorece. Defenderla implica aceptar la pluralidad, el disenso y las decisiones legítimas, incluso cuando no coinciden con nuestras preferencias.
Un esfuerzo compartido para fortalecer la confianza y la democracia
La confianza no se decreta ni se recupera de la noche a la mañana. Es el resultado de acciones consistentes, repetidas y verificables. El Estado debe demostrar con hechos que está al servicio de la gente; la sociedad debe asumir su rol como contrapeso, no como espectadora.
Sin este esfuerzo compartido, no podremos fortalecer la confianza en el Estado y la democracia.
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