
Le dedico esta entrega a reflexionar sobre el sistema público de salud que exigimos los panameños, y los invito a ofrecer sus comentarios y aportes en el blog.
Para ello, compartiré _con información adicional_ la propuesta de mi columna de opinión en La Estrella de Panamá, en la cual, a partir de una mirada a la percepción que tiene la ciudadanía _la que solo puede acceder al sistema público_ del desempeño de éste, comparto las características que debe tener el sistema para garantizar el acceso universal, la calidad de los servicios y la sostenibilidad en el tiempo. Agrego en este artículo, un cuadro comparativo con las características de un buen sistema público de salud y su contraste con la realidad panameña.
El sistema público de salud que exigimos
Percepción justificada de la población
Para comenzar, subrayo que las quejas repetidas de los panameños sobre la atención en el sistema público de salud no son simples molestias pasajeras, sino un reflejo de problemas estructurales que impactan de manera directa la vida de miles de personas.
La experiencia de los pacientes que acuden a la red pública de servicios de salud, está marcada por largas esperas, incluso cuando se cuenta con una cita programada, y por la incertidumbre de tener que aguardar meses _en ocasiones años_ para acceder a procedimientos especializados o cirugías.
A esto se suma la escasez de médicos, especialistas y enfermeras, especialmente en las áreas rurales y comarcales, lo que genera desigualdades profundas en el acceso a la salud. La falta de medicamentos e insumos básicos agrava la situación, obligando a las familias a asumir gastos adicionales en clínicas y farmacias privadas.
Como si fuera poco este asunto de la carencia de recursos materiales y humanos, el sistema público adolece de un trato impersonal, burocrático y carente de la calidez necesaria, lo que erosiona aún más la confianza ciudadana. No son extraños los relatos de pacientes que sienten ser vistos como “números” en lugar de personas, lo que genera frustración y descontento.
Esta situación empuja al paciente a buscar atención en el sector privado, lo cual contribuye al empobrecimiento de la población que tiene que endeudarse o vender sus escasos bienes para financiar una atención médica que debería brindar el sistema público. Y no perdamos de vista que, el gasto de bolsillo en salud en Panamá ronda el 37% del gasto total en salud. Este porcentaje indica que una parte significativa del gasto en atención médica es asumida directamente por los hogares y las personas.
¿qué características debe tener el sistema público de salud que los panameños exigimos?
Frente a este panorama, surge la pregunta: ¿qué características debe tener el sistema de salud que los panameños exigimos? La respuesta no es novedosa, pues está contenida en múltiples documentos y publicaciones de política pública elaborados en las últimas décadas, pero sí es urgente de retomar y poner en práctica.
Un buen sistema público de salud debe reunir un conjunto de características que garanticen el acceso universal, la calidad de los servicios y la sostenibilidad en el tiempo. Comparto las más importantes y lo que implica cada una.
Universalidad y equidad
- Garantizar el acceso de toda la población, sin discriminación por nivel socioeconómico, ubicación geográfica, género o condición de salud.
- Reducir brechas entre zonas urbanas y rurales, y entre grupos vulnerables y privilegiados.
Integralidad
- Cubrir todo el ciclo de vida: promoción de la salud, prevención, atención curativa, rehabilitación y cuidados paliativos.
- Incluir salud mental, salud materno-infantil, enfermedades transmisibles y crónicas, así como emergencias y desastres.
Calidad y seguridad
- Estándares claros de atención basados en evidencia científica.
- Protocolos de seguridad del paciente, supervisión y mejora continua.
- Formación permanente del personal sanitario.
Eficiencia y sostenibilidad
- Uso adecuado de recursos humanos, financieros y tecnológicos.
- Sistemas de gestión que eviten duplicaciones, corrupción y desperdicio.
- Financiamiento estable y suficiente, con mecanismos de solidaridad.
Accesibilidad
- Servicios cercanos, con infraestructura adecuada y personal suficiente.
- Eliminar barreras económicas (altos costos), geográficas (distancia) y culturales (lengua, discriminación).
Participación social y rendición de cuentas
- Espacios donde la ciudadanía pueda opinar, vigilar y proponer mejoras.
- Transparencia en el uso de los recursos y en los resultados obtenidos.
Capacidad de respuesta y resiliencia
- Preparación para emergencias sanitarias, epidemias y desastres naturales.
- Flexibilidad para adaptarse a cambios demográficos, tecnológicos y epidemiológicos.
Intersectorialidad
- Abordar sistemáticamente los determinantes sociales de la salud, reconociendo que la salud no depende solo de hospitales, sino también de educación, agua potable, nutrición, vivienda, transporte y ambiente.
- Coordinación entre ministerios y niveles de gobierno.
En síntesis, un buen sistema público de salud debe ser justo, cercano, eficiente y humano, poniendo siempre al ciudadano en el centro de la atención.
Cuadro comparativo con las características de un buen sistema público de salud y su contraste con la realidad panameña

Este cuadro permite apreciar que Panamá sí tiene bases importantes, pero necesita mayor integración, equidad territorial y transparencia para que el sistema público se acerque al ideal.
Conclusión
Todo esto, aunque repetido hasta el cansancio, no se traduce en hechos. No es por falta de dinero que el sistema de salud panameño está en crisis. El problema radica en tres grandes vertientes: la ineptitud de no pocos funcionarios, que carecen de la aptitud necesaria para ocupar sus cargos; la ineficiencia, producto de la desorganización y del descontrol que facilita la corrupción; y la indiferencia, manifestada en la falta de compromiso en la gestión pública.
La conclusión es clara: Panamá necesita un sistema público de salud que aborde los determinantes sociales de la salud, ponga a la persona en el centro, y responda a las necesidades de todos. No uno que profundice las desigualdades ni empuje a los más pobres a la ruina económica. La ciudadanía tiene derecho a exigir un sistema universal, accesible, integral, de calidad, eficiente y transparente. Tenemos los recursos humanos y financieros para desarrollar un sistema digno para todos. Que no falte la voluntad para hacerlo realidad.
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