El derecho a la protesta pacífica

Reflexiones sobre el derecho a la protesta pacífica, basada en la libertad de expresión, reunión y asociación, y su antípoda, la protesta violenta que destruye nuestro país

Tres imágenes expresando el derecho a la protesta pacífica

Le dedico este artículo a compartir algunas reflexiones sobre el derecho a la protesta pacífica, basada en la libertad de expresión, reunión y asociación, y su antípoda, la protesta violenta que ha caracterizado _recientemente_ muchas manifestaciones de diferentes grupos de nuestra sociedad, las cuales tienen obvios intereses políticos que buscan desestabilizar el gobierno y hacerle daño al país como mecanismo para generar crisis que _según algunos manifestantes_ puede benefciarlos politicamente, lo cual es absurdo _por decir lo menos_ pues, en cada proceso electoral los panameños le decimos un rotundo y contundente NO a los partidos políticos que representan estos grupos.

Ahora bien, tampoco se puede negar que abundan las causales para protestar, creando un complicadísimo contexto político, social, económico y estratégico que enfrenta nuestro país en la actualidad, al cual no ayuda para nada la negativa del gobierno de sentarse a renegociar algunos asuntos de interes nacional y someterlos a la decisión ciudadana mediante un referendo democrático.

El derecho a la protesta pacífica: causas subyacentes

Como todos sabemos, aquí las causas subyacentes para la protesta ciudadana incluuyen, por lo menos, el interminable debate por el rescate del fondo de pensiones de la CSS;  la acalorada polémica sobre abrir _en óptimas condiciones de salud pública y ambiental, legales y económicas_ la mina de cobre, y ahora; la defensa de nuestra soberanía y neutralidad frente a las amenazas del coloso del norte, plamadas en un memorando de entendimiento con los EEUU que la mayoría de los buenos panameños rechazamo. Son elementos de un explosivo caldo de cultivo que requiere del urgente y democrático diálogo nacional para el abordaje de los problemas y la promoción conjunta de soluciones pacíficas y constructivas.

El derecho a la protesta pacífica

En ese contexto, la tensión entre el derecho a la protesta y la necesidad de mantener el orden público es un dilema que será frecuente en nuestra democracia mientras permanezcan sin solución satisfactoria para la mayoría de los panameños, los problemas arriba señalados.

Comencemos subrayando que el derecho a la protesta pacífica como herramienta esencial de participación ciudadana, está protegido por diversas normas nacionales e internacionales. Es una manifestación pública de desacuerdo o descontento que se desarrolla sin recurrir a la violencia física o verbal. Se caracteriza por ser un ejercicio de derechos fundamentales como la libertad de expresión y de reunión, donde las personas se organizan para expresar sus opiniones o demandas de manera pacífica. Puede adoptar diversas formas, como marchas, sentadas, huelgas, concentraciones y actos simbólicos. Busca generar conciencia, movilizar a la sociedad y presionar por cambios o soluciones a problemas específicos, siempre dentro del marco de la legalidad y el respeto por los derechos de los demás.

Para garantizar la protesta pacífica, es fundamental que las autoridades y los manifestantes respeten los derechos fundamentales de libertad de expresión y reunión. Las autoridades deben brindar seguridad a los manifestantes evitando el uso de la fuerza, mientras que los manifestantes deben ejercer su derecho de manera pacífica y responsable, sin recurrir a la violencia o dañar la propiedad. Es fundamental promover una cultura de respeto y tolerancia hacia las diferentes opiniones y formas de expresión.

Sin embargo, cuando una protesta se vuelve violenta y afecta los derechos de terceros _como está ocurriendo actualmente en nuestro territorio_, es necesario equilibrar el derecho a la manifestación con la protección del orden público y los derechos de quienes no participan.

La protesta violenta como antípoda de la pacífica

Por su parte, la protesta violenta se distingue por el uso de la fuerza física o la agresión verbal como medio de expresión y acción. Esta forma de protesta recurre a la intimidación para imponer sus demandas o expresar su descontento. Las acciones pueden incluir disturbios, enfrentamientos con las autoridades, daños a la propiedad pública o privada, saqueos y agresiones físicas contra personas. Aunque en algunos casos puede surgir como una respuesta a la represión o a la frustración acumulada, la protesta violenta a menudo genera un clima de tensión y polarización, obstaculizando el diálogo y la búsqueda de soluciones pacíficas. Además, tiene consecuencias legales para quienes participan en ella, ya que las autoridades suelen responder con medidas de seguridad y represión.

Para evitar la participación violenta, es fundamental abordar las causas subyacentes del descontento y la frustración que pueden llevar a la violencia. Esto implica que las autoridades establezcan canales de comunicación abiertos y transparentes con los manifestantes y la ciudadanía; permitiendo a las personas expresar sus opiniones y demandas de manera pacífica. Asimismo, es crucial que se investiguen y sancionen los abusos de poder y la represión, para evitar que la violencia se convierta en la única vía de expresión.

En caso de que se produzcan actos de violencia, es necesario que las autoridades actúen con proporcionalidad y respeto a los derechos humanos, evitando el uso excesivo de la fuerza. La represión indiscriminada puede generar más violencia y polarización, por lo que es fundamental que se utilicen métodos de disuasión pacífica y se busque el diálogo con los manifestantes. Asimismo, es importante que se identifique y aísle a los grupos violentos minoritarios, para evitar que contaminen el movimiento pacífico y legitimen la represión.

Reflexión final

Para terminar, subrayo que, las protestas prolongadas generan un impacto significativo en la sociedad, tanto en términos económicos como sociales y políticos. Su duración e intensidad afectan a distintos sectores y provocan un desgaste en la opinión pública. Por ello, es importante que busquemos _todos juntos_ soluciones pacíficas y constructivas a los problemas que originan la protesta. En ese sentido, es esencial establecer un diálogo social abierto y constructivo entre todas las partes involucradas, identificando los problemas, encontrando soluciones y construyendo un futuro mejor para todos.


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