
Le dedico este artículo a compartir algunas reflexiones sobre el derecho a la protesta pacífica, basada en la libertad de expresión, reunión y asociación, y su antípoda, la protesta violenta que ha caracterizado _recientemente_ muchas manifestaciones de diferentes grupos de nuestra sociedad, las cuales tienen obvios intereses políticos que buscan desestabilizar el gobierno y hacerle daño al país como mecanismo para generar crisis que _según algunos manifestantes_ puede benefciarlos politicamente, lo cual es absurdo _por decir lo menos_ pues, en cada proceso electoral los panameños le decimos un rotundo y contundente NO a los partidos políticos que representan estos grupos.
Ahora bien, tampoco se puede negar que abundan las causales para protestar, creando un complicadísimo contexto político, social, económico y estratégico que enfrenta nuestro país en la actualidad, al cual no ayuda para nada la negativa del gobierno de sentarse a renegociar algunos asuntos de interes nacional y someterlos a la decisión ciudadana mediante un referendo democrático.