Le dedico este artículo a reflexionar sobre las estadísticas en Panamá, respondiendo a tres preguntas que, aunque parecen sencillas, cuando uno intenta responderlas con rigor terminan revelando problemas mucho más profundos: ¿existen estadísticas en Panamá?, ¿están actualizadas?, ¿se utilizan?
Subrayo de entrada que, de acuerdo con la CEPAL, las estadísticas oficiales son un bien público indispensable para el funcionamiento de las sociedades y de la democracia. Son fundamentales para diseñar políticas, asignar recursos, evaluar resultados y permitir que la ciudadanía conozca la realidad del país.
¿Existen estadísticas en Panamá?
La respuesta es contundente: sí, existen, y son muchas.
Basta con visitar el portal del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) para comprobarlo. Allí encontramos información económica, sociodemográfica, social, vital, ambiental, agropecuaria, fiscal y financiera, además de estadísticas de comercio exterior, censos, encuestas y diferentes sistemas de consulta. El INEC también ofrece datos abiertos y mantiene el Sistema Estadístico Nacional.
Tenemos, entre muchas otras fuentes, el Producto Interno Bruto (PIB), el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), el Índice de Precios al Consumidor (IPC), estadísticas del mercado laboral, cuentas nacionales, estadísticas de salud y educación, nacimientos y defunciones, comercio exterior y estadísticas agropecuarias.
También contamos con información proveniente de los censos recientes de población y vivienda de 2023 y agropecuario de 2024.
Por eso, sería injusto afirmar que “en Panamá no hay estadísticas”. El problema es otro.
¿Están actualizadas las estadísticas en Panamá?
Aquí la respuesta comienza a ser más compleja.
Una estadística puede ser técnicamente correcta y, al mismo tiempo, no ser suficientemente oportuna para la decisión que debemos tomar.
El propio portal del INEC muestra que algunas estadísticas económicas tienen una actualización bastante reciente. Por ejemplo, actualmente registra un crecimiento del PIB trimestral de 4,8 % para el primer trimestre de 2026 y un IMAE de junio de 2026 de 8,23 % en su serie original. También presenta el IPC de julio de 2026.
Esto demuestra que Panamá dispone de información económica relativamente reciente para seguir la evolución de la actividad y de los precios.
Sin embargo, en el mismo portal encontramos indicadores sociales que presentan mayores rezagos. Esto no significa necesariamente que el INEC esté haciendo mal su trabajo. Cada estadística tiene una metodología, una frecuencia, un costo y un tiempo de procesamiento diferentes. Algunas pueden producirse mensualmente; otras requieren encuestas complejas, registros administrativos, censos o procesos de validación mucho más prolongados.
Pero precisamente por eso debemos hacer una pregunta adicional:
¿La periodicidad con la que producimos una estadística corresponde a la velocidad con la que cambia el problema que queremos enfrentar?
Porque si la realidad social cambia más rápido que nuestra capacidad para medirla, corremos el riesgo de tomar decisiones mirando por el espejo retrovisor.
La pregunta más importante: ¿se utilizan las estadísticas?
Y aquí llegamos al punto central de esta reflexión.
No sería correcto afirmar, sin evidencia suficiente, que las estadísticas del INEC no se utilizan para tomar decisiones. Sería necesario analizar política por política, institución por institución y programa por programa. Pero sí podemos plantearnos una pregunta mucho más exigente:
¿Podemos identificar de manera sistemática cómo las estadísticas oficiales están siendo utilizadas para formular, priorizar, financiar, monitorear y evaluar las políticas públicas en Panamá?
Porque producir estadísticas y utilizar estadísticas son dos cosas diferentes.
Podemos tener excelentes indicadores sobre pobreza, empleo, educación, salud, productividad, vivienda, desigualdad o actividad económica. Pero si esos datos no influyen en la definición de las prioridades nacionales, en la asignación de los recursos públicos, en el diseño de los programas y en la evaluación de sus resultados, estaremos desaprovechando buena parte de su valor.
Sobre este asunto, en la vigesimoquinta reunión del Comité Ejecutivo de la Conferencia Estadística de las Américas, celebrada recientemente en la sede principal de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en Santiago, Chile, las Autoridades de los países de América Latina y el Caribe subrayaron el valor de las estadísticas oficiales como bien público esencial para el adecuado funcionamiento de las sociedades y la democracia, y como un ingrediente fundamental de las capacidades institucionales y de gobernanza para la gestión de las transformaciones económicas, sociales y ambientales en los países de la región.
Su Secretario Ejecutivo, señaló de manera contundente que: “no puede haber una buena política de desarrollo productivo sin estadísticas económicas y empresariales sólidas, ni una política social bien focalizada sin datos desagregados”. Y resumió la idea con una afirmación contundente: “sin datos de calidad no hay diagnósticos sólidos, evaluación ni rendición de cuentas”. Es difícil expresarlo mejor.
De las estadísticas a las decisiones
La existencia de estadísticas oficiales es apenas el primer eslabón de una cadena. El proceso debería ser algo parecido a esto:
Datos → información → conocimiento → decisión → acción → evaluación → aprendizaje.
Si la cadena se rompe en cualquiera de sus puntos, perdemos buena parte del potencial de la estadística.
Por ejemplo, conocer la magnitud de un problema no significa que sepamos necesariamente por qué ocurre. Y conocer sus causas tampoco garantiza que diseñemos la intervención adecuada. Finalmente, ejecutar una política tampoco significa que haya funcionado.
Por eso necesitamos estadísticas que permitan no solamente describir la realidad, sino también comprenderla, anticiparla y evaluar qué hacemos frente a ella. Y esto exige algo más que publicar cifras.
Necesitamos estadísticas oportunas, confiables, comparables, desagregadas y accesibles. Necesitamos fortalecer los registros administrativos y la interoperabilidad entre las instituciones. Necesitamos integrar información estadística y geoespacial y aprovechar responsablemente las nuevas tecnologías.
El propio INEC ha venido avanzando en esa dirección. Su portal incorpora el Sistema Estadístico Nacional, comités técnicos, acuerdos interinstitucionales, documentación estadística y un Modelo de Producción Estadística. También dispone de múltiples sistemas de consulta y tableros de indicadores.
El desafío
El desafío, entonces, no consiste solamente en producir más datos, sino en construir una verdadera cultura de utilización de la evidencia, a fin de gobernar con estadísticas
Gobernar con estadísticas significa que las decisiones importantes puedan responder preguntas muy sencillas:
- ¿Cuál es el problema que estamos tratando de resolver?
- ¿Qué dicen los datos sobre su magnitud, distribución y evolución?
- ¿Qué alternativas existen y qué evidencia tenemos sobre su efectividad?
- ¿Qué recursos vamos a invertir y por qué?
- ¿Cómo sabremos si la política funcionó?
- ¿Qué haremos si los resultados no son los esperados?
Estas preguntas no sustituyen el juicio político, la experiencia de los funcionarios ni la participación ciudadana. Pero ayudan a que las decisiones sean más transparentes, más racionales y más evaluables.
Y esto es particularmente importante en momentos de grandes transformaciones económicas, sociales y ambientales.

