
Hablar de sistemas unificados de salud no es un debate técnico menor. Es, en esencia, una discusión sobre equidad, eficiencia y cohesión social. En países con sistemas fragmentados —como Panamá— la forma en que se organiza la provisión y el financiamiento de la salud determina quién vive más, quién se enferma menos y quién paga el costo de las fallas del Estado.
En ese contexto, el próximo año traerá nuevas discusiones; ojalá también decisiones, porque no habrá salud universal sin integración, ni integración sin voluntad política real.