
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo volvió a advertir esta semana: Si los impuestos a las bebidas azucaradas y el alcohol no se ajustan al crecimiento de los ingresos y a la inflación, su mayor asequibilidad se traducirá en más obesidad, más diabetes, más enfermedades cardiovasculares, más cánceres y más lesiones asociadas al consumo de alcohol.
No es una predicción ideológica. Es evidencia acumulada para una verdad incómoda. No podemos postergar el aumento a los impuestos a las bebidas azucaradas y el alcohol, a fin de contribuir a controlar las enfermedades asociadas al consumo de azúcar y alcohol, que constituyen la principal causa de muerte en nuestro país.