
Antes de entrar a los desafíos inmediatos para salvar el país, permítanme poner el tema en el contexto del compromiso que renovamos cada año los cristianos _que somos la mayoría de los panameños_ en este período de Cuaresma que comienza hoy, y nos obliga a luchar contra la tentación y el pecado —léase, juega vivo, qué hay pa mí, indiferencia, clientelismo y corrupción— durante el resto del año, buscando juntos convertirnos en una mejor sociedad.
Pero este escrito no pretende ser un sermón religioso, sino una reflexión sobre la necesidad de cultivar principios y valores que trasciendan los 40 días de Cuaresma y nos ayuden a construir el país que queremos, enfrentando de la mejor manera los desafíos a los que me referiré a continuación.