Aprender a convivir con el nuevo coronavirus, siguiendo las medidas de cuidado individual y colectivo, es el gran reto que enfrentamos los panameños ahora que estamos disfrutando del levantamiento progresivo y asimétrico del confinamiento que veniamos padeciendo desde hace más de cinco meses. Como siempre, no hay consenso entre los ciudadanos acerca de la situación de la epidemia en el país, las razones del levantamiento de la cuarentena y las perspectivas para el futuro. Muchos, que antes clamaban por la libertad, hoy manifiestan en las redes que, esta salida, es apresurada, que la información es falaz y que solo se busca complacer al sector empresarial. Otro grupo, que hasta hace poco se aferraba al encierro, celebra la oportunidad de salir a la calle, y asegura que cumplirá con las medidas de bioseguridad. Es un asunto que debemos también resolver, para remar todos en la misma dirección.
Lo cierto es que, aceptando las dificultades, admitidas por las propias autoridades, para la recolección y el procesamiento de los datos; la información disponible el lunes 24 de agosto, fue veraz, y fue suficiente para arriesgarnos a tomar la decisión de comenzar a levantar la cuarentena. Cierto es que el sector empresarial y muchos sectores de la población, claman por una inmediata y total apertura, pero el sector salud se ha parado firme y ha tomado un riesgo calculado y necesario. Y digo riesgo, porque al virus ni lo tenemos controlado, ni estamos cerca de controlarlo. Pero vamos encaminados a lograrlo, pues estamos haciendo lo que se tiene que hacer, tanto el terreno de la vigilancia epidemiológica, como en la atención de los pacientes en hospitales, ya sea en salas o en cuidados intensivos. Le toca ahora a las empresas y a la población, cumplir con su parte. Reflexiono sobre el asunto en mi columna de opinión del día de hoy en La Estrella de Panamá
