
Garantizar la sostenibilidad del agua exige dejar atrás la improvisación y asumir una visión de largo plazo que articule gestión, logística y decisiones estratégicas.
No podemos continuar hablando del agua como un tema ambiental. Hoy es evidente que se trata de algo mucho más profundo: un asunto de soberanía, desarrollo económico y gobernabilidad democrática. Sin agua no hay vida, pero tampoco hay Canal, ni seguridad alimentaria, ni estabilidad social. La crisis hídrica dejó al descubierto una verdad incómoda: el país no estaba preparado para gestionar su recurso más estratégico.