
Panamá necesita con urgencia una asamblea legislativa ejemplar. Un órgano parlamentario que funcione _en su totalidad_ con honestidad, rinda cuentas claras, incluya a diversos sectores de la sociedad en su proceso de toma de decisiones, y se enfoque en la creación de leyes y políticas que mejoren la vida de las personas.
Y digo que Panamá necesita, pues lamentablemente _para la estabilidad política, el desarrollo económico y la justicia social, amén de nuestra tranquilidad_, salvo algunas excepciones, no tenemos esa Asamblea considerada como ejemplar. Al contrario, nuestro órgano legislativo, ha enfrentado _con no poca frecuencia_ críticas por diversos problemas, incluyendo la falta de transparencia, corrupción, ineficiencia en su trabajo legislativo y, lo más importante, la carencia de la suficiente y necesaria combinación de principios éticos y valores que guíen las actuación nuestros diputados y diputadas en el ejercicio de sus funciones.