
La ONU declara la bancarrota hídrica. No solo hemos gastado el ingreso anual de agua proveniente de ríos y lluvias, sino que también hemos vaciado los ahorros milenarios almacenados en glaciares, humedales y acuíferos. El resultado es un planeta con sistemas acuáticos quebrados: acuíferos compactados, lagos convertidos en fantasmas y deltas que se hunden, sin capacidad real de recuperarse.
Aunque Panamá no está desprovisto de agua en términos absolutos —de hecho, recibe abundantes precipitaciones anuales en promedio— enfrenta una fragilidad hídrica creciente producto de factores estructurales y climáticos. Esta fragilidad se traduce en escasez de agua potable en numerosas comunidades, cortes frecuentes del servicio y dificultades para el consumo humano, la producción de alimentos y el funcionamiento del Canal de Panamá. Todo ello afecta directamente a miles de panameños, incluso en un país tradicionalmente considerado “rico en agua”.
A continuación, comparto un resumen de la reciente nota de prensa de la ONU y ocho recomendaciones concretas para evitar que Panamá caiga en una bancarrota hídrica real.
La ONU declara la “bancarrota hídrica” global
De acuerdo con Nota de Prensa de la ONU, cuya lectura completa recomiendo, “la cuenta corriente de la naturaleza está en números rojos. Un informe histórico de la Universidad de las Naciones Unidas declara que el mundo ha entrado en una era de “quiebra hídrica global”, un punto de no retorno para ciertos sistemas donde la demanda humana ha agotado irreversiblemente los ahorros acuíferos y secado los pozos del futuro, poniendo en riesgo el conjunto del sistema hídrico del planeta”.
La ONU señala que este colapso es consecuencia de décadas de consumo de agua muy por encima de la capacidad natural de recarga. La agricultura intensiva, la expansión urbana e industrial, la contaminación y el cambio climático han provocado sequías más prolongadas, mayor evaporación y lluvias cada vez más irregulares. Hoy, el 75% de la población mundial vive en países con escasez o inseguridad hídrica, mientras millones de personas habitan territorios que se hunden por la sobreexplotación de aguas subterráneas.
La crisis hídrica ya no es un problema local: se propaga a través del comercio, los precios de los alimentos y la estabilidad económica, convirtiéndose en un riesgo sistémico global. Frente a este escenario, la ONU hace un llamado claro: no basta con gestionar crisis puntuales; es necesario aprender a gestionar la quiebra, protegiendo los ecosistemas que aún producen agua y ajustando nuestras expectativas a un recurso cada vez más limitado.
Recomendaciones para evitar la bancarrota hídrica en Panamá
La advertencia de la ONU sobre la entrada del planeta en una era de “bancarrota hídrica global” no es un diagnóstico lejano ni abstracto para Panamá. Aunque el país suele percibirse como rico en agua por su régimen de lluvias y su posición geográfica, los síntomas descritos en el informe —agotamiento de reservas, sistemas incapaces de recuperarse y uso del agua “a crédito”— ya se manifiestan en nuestra realidad cotidiana. La caída de los niveles de los lagos que abastecen al Canal y a las ciudades, la presión creciente sobre acuíferos poco regulados y la pérdida de humedales y zonas de recarga confirman que el problema no es la falta absoluta de agua, sino una gestión insostenible.
Ocho recomendaciones específicas
Evitar una bancarrota hídrica en Panamá no es solo un desafío técnico, sino un problema de gobernanza, equidad y visión de país. A continuación les presento un marco ampliado y accionable, pensado para el debate público y la toma de decisiones, alineado con los riesgos reales que enfrenta el país.
Reconocer el agua como asunto de seguridad nacional
Panamá debe elevar formalmente el agua al nivel de prioridad estratégica, al mismo nivel que el Canal, la energía o la estabilidad fiscal.
Sin esta definición política, cualquier solución será fragmentaria.
Pasar de “más obras” a mejor gestión del agua existente
Reducir fugas, sectorizar redes y priorizar mantenimiento es más rápido y barato que construir nuevas infraestructuras.
Gobernanza real de cuencas
La unidad de gestión debe ser la cuenca hidrográfica, especialmente en la cuenca del Canal, el Pacífico central y el Arco Seco.
Regular en serio el uso de aguas subterráneas
La bancarrota hídrica suele comenzar bajo tierra, en silencio.
Diversificar fuentes sin hipotecar el futuro
No todo se resuelve con una mega obra; muchas soluciones son locales y sostenibles.
Alinear el modelo económico con la realidad hídrica
No hay desarrollo posible si el modelo productivo consume más agua de la que el país puede ofrecer.
Un pacto social por el agua
La confianza social es un insumo hídrico invisible, pero decisivo.
Planificar para el peor escenario climático
La resiliencia no se construye para años normales, sino para los años malos.
Conclusión
Panamá aún está a tiempo de evitar la bancarrota hídrica, pero el margen se estrecha. El agua no se agota de golpe: se pierde gota a gota, decisión a decisión.
