
Durante años se ha repetido que la educación de calidad es la base del desarrollo. Que sin una ciudadanía formada no hay democracia sólida, competitividad económica ni cohesión social. Y, sin embargo, como nos informa el informe de los ODS 2025, el mundo y Panamá parecen avanzar en dirección contraria a esa convicción.
A una década de haberse adoptado los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el ODS 4 _garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad_ sigue siendo más una aspiración que una realidad.
En este sentido, comparto _con comentarios sobre nuestra situación_ un brevísimo resumen del informe de avance del ODS 4, los invito a su lectura completa y agrego al final un listado de publicaciones complementarios para analizar con propiedad el tema.
Educación de calidad: la gran deuda pendiente para alcanzar el desarrollo pleno
A nivel global, 272 millones de niños y jóvenes continúan fuera de la escuela. Aunque desde 2015 aumentaron las tasas de matrícula y finalización, el progreso se ha ralentizado y las brechas se han profundizado. La desigualdad en la educación sigue estando determinada por la riqueza, la ubicación geográfica y el género. En los países de bajos ingresos, más de un tercio de los niños en edad escolar no asiste a clases. La mitad de la población excluida se concentra en África subsahariana, pero ningún país puede darse por satisfecho, y Panamá no es la excepción.
Si bien Panamá presenta indicadores relativamente superiores a los de muchas naciones de la región, el país enfrenta síntomas claros de una crisis silenciosa en su sistema educativo. Persisten brechas entre zonas urbanas y rurales, entre la capital y las comarcas indígenas, entre las escuelas privadas y el sistema público. La desigualdad educativa reproduce, casi sin variaciones, el mapa de la pobreza y la exclusión en el territorio nacional. Nacer en determinadas provincias o comarcas continúa siendo un factor decisivo para el acceso, la permanencia y la calidad de la educación.
Pero el problema ya no es solamente cuántos niños están dentro o fuera del sistema, sino qué están realmente aprendiendo. A nivel mundial, solo el 58 % de los estudiantes de primaria alcanza niveles mínimos de competencia en lectura y apenas el 44 % en matemáticas. Aunque Panamá no escapa a esta tendencia, el debate público sigue concentrado en infraestructura, cupos o huelgas, más que en los resultados de aprendizaje reales. Asistir a la escuela no siempre significa aprender, comprender o desarrollar pensamiento crítico.
La pandemia de COVID-19 dejó al descubierto las fragilidades del sistema educativo panameño. Mientras algunos estudiantes continuaron sus estudios en línea, miles quedaron rezagados por falta de internet, computadoras o acompañamiento adecuado. Esa brecha digital no ha sido cerrada en su totalidad y amenaza con convertirse en una nueva forma de exclusión permanente.
Otro aspecto crítico es la educación de calidad para la primera infancia. El informe global señala que solo el 40 % de los niños de entre 3 y 5 años está matriculado en educación preescolar, a pesar de que estos años son determinantes para el desarrollo cognitivo y emocional. En Panamá, aunque existen esfuerzos importantes desde el Estado y organizaciones comunitarias, el acceso a servicios de estimulación temprana y educación inicial de calidad sigue siendo limitado, especialmente en áreas rurales e indígenas. Cada niño que inicia tarde su proceso educativo es un niño que comienza la carrera de la vida varios metros atrás.
El aprendizaje a lo largo de la vida es otra asignatura pendiente. En un mundo en constante transformación tecnológica, solo una minoría de los adultos participa en procesos de formación continua. En Panamá, la reconversión laboral y la educación de calidad para adultos no han recibido la atención estratégica que merecen. Miles de trabajadores quedan atrapados en la informalidad o en empleos precarios porque no existen suficientes oportunidades accesibles para adquirir nuevas competencias. Esto limita la productividad del país y perpetúa la desigualdad.
Las disparidades de género también muestran un panorama complejo. Aunque en términos generales hay avances hacia la paridad, persisten desventajas para las niñas en ciertas regiones y para los niños en otras, especialmente en cuanto a deserción escolar en la adolescencia. A esto se suman problemáticas como el embarazo adolescente, la violencia, la pobreza y la falta de transporte seguro, que afectan de manera diferenciada la trayectoria educativa de miles de jóvenes panameños.
En materia de infraestructura, si bien ha habido mejoras, aún existen escuelas sin agua potable permanente, sin mantenimiento adecuado, sin laboratorios, bibliotecas ni conectividad eficiente. ¿Cómo hablar de educación del siglo XXI cuando hay estudiantes que aún reciben clases en instalaciones deterioradas o con recursos mínimos? La calidad de la educación no solo depende del docente, sino de todo el entorno que rodea el proceso de enseñanza-aprendizaje.
La educación de calidad no puede seguir siendo tratada como un asunto sectorial o una promesa de campaña. Es un pilar estratégico del desarrollo nacional. Si Panamá aspira a ser un país competitivo, justo y sostenible, debe colocar la educación en el centro de sus decisiones políticas, presupuestarias y sociales. Esto implica invertir más y mejor, pero también reformar con visión de futuro, fortalecer a los docentes, modernizar los contenidos, cerrar brechas digitales y, sobre todo, escuchar a las comunidades educativas.
Conclusión
Cumplir con el ODS 4 y garantizar una educación de calidad para todos los panameños en todos los lugares, no es una tarea que se logrará con discursos ni diagnósticos repetidos. Requiere voluntad política, planificación a largo plazo y un compromiso real de toda la sociedad. La educación de calidad no es un favor que el Estado concede: es un derecho fundamental y la base sobre la cual se construye cualquier proyecto de nación.
Seguir postergando las transformaciones necesarias en el sistema educativo no solo es una irresponsabilidad histórica, es también una renuncia colectiva al futuro de Panamá.
Lecturas complementarias
- La Educación en Panamá
- El derecho de los niños panameños a la educación
- Una educación inclusiva, equitativa y de calidad
- Recomendaciones para garantizar una educación de calidad
- Sustainable Development Report 2025
- Quality education report
- Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2024
Descubre más desde El Blog de Jorge Prosperi
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Creo que para mejorar la educación, es fundamental priorizar la educación sobre los intereses personales. El gobierno debería proponer estrategias que permitan adaptar la educación a los cambios en los entornos culturales, sociales, económicos y tecnológicos, para que se ajuste a las necesidades actuales y futuras de la sociedad.
*Sugencias de Mejora*
– Priorizar la educación sobre los intereses personales
– Adaptar la educación a los cambios en los entornos culturales, sociales, económicos y tecnológicos
– Implementar estrategias innovadoras para mejorar la calidad de la educación
– Fomentar la participación de la comunidad educativa en la toma de decisiones
Gracias por su excelente comentario con el cual estoy de acuerdo.